Balance helvético positivo de la cumbre de Evian
A pesar de que la reunión del G8 no tuvo lugar en su territorio, Suiza hizo escuchar su voz entre los países ricos.
Las ciudades de Ginebra y Lausana, víctimas del vandalismo. Crisis cantonal.
Como era de preverse, Francia se llevó la gloria y el prestigio por haber albergado la Cumbre del G8 en la ciudad termal de Evian, mientras que Suiza, los dolores de cabeza.
Ginebra, la ciudad donde se concentraron las manifestaciones de los opositores al G8 se ha visto sacudida por una inesperada crisis política.
Del 1 al 3 de junio los países más poderosos del mundo se reunieron en la ciudad francesa que bordea el lago Léman, y a la hora del balance político, a Suiza le quedó la satisfacción de haber conseguido hacerse escuchar en el contexto internacional.
Patrick Leduc, jefe adjunto de la delegación helvética ante la Organización de Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE), estima que los contactos multilaterales al margen del G8 permitieron a Suiza estar presente de alguna manera.
«En su calidad de miembro de las instancias multilaterales Suiza puede influir en el tratamiento de las decisiones que toman esos países» señaló a swissinfo el diplomático helvético.
Para Patrick Leduc es «innegable que Suiza ha podido obtener beneficios de las reuniones de los 8 países más industrializados del planeta.»
Cabe recordar que el presidente de la Confederación, Pascal Couchepin aprovechó el evento para reunirse en territorio helvético con los mandatarios de los países emergentes invitados a la Cumbre. En particular, sostuvo entrevistas con los presidentes de Brasil, Luiz Inacio ‘Lula’ da Silva y Vicente Fox, de México.
Desborde de los manifestantes
En otro plano, las ciudades de Lausana y Ginebra sirvieron de plataforma a diferentes organizaciones alter mundialistas que pudieron expresarse en toda libertad, formular propuestas e intercambiar puntos de vista entre ellas.
El punto negro para los suizos lo constituyó, sin embargo, el problema de la seguridad y de los desbordes de violencia callejera. La Confederación y los cantones debieron asumir el costo de las medidas de seguridad que se elevan a varios millones de francos.
Pero las ciudades de Ginebra y Lausana debieron soportar además el costo de la violencia desatada por grupos extremistas, que durante las manifestaciones se dedicaron a romper vitrinas de los comercios, dañar vehículos y estropear el patrimonio público.
En Ginebra los comerciantes evaluaron en 3 millones de francos los daños sufridos, sin contar el deterioro de parques, monumentos, edificios oficiales y señalizaciones de la vía pública.
La policía ginebrina pagó su inexperiencia en la contención de la violencia urbana y los mil agentes de Alemania que acudieron en refuerzo, poco o nada pudieron hacer para evitar los desmanes. En este aspecto, el balance es negativo, pero comparado a lo sucedido en las cumbres precedentes, la violencia no cobró vidas humanas, sólo un costo material.
swissinfo y agencias
La diplomacia helvética estuvo activa durante la Cumbre del G8.
Lausana y Ginebra permitieron a los alter mundialistas encontrarse e intercambiar puntos de vista.
Jefes de Estado de los países emergentes fueron recibidos por el presidente suizo Pascal Couchepin.
La policía ginebrina se vio desbordada por los grupos violentos que causaron desmanes al patrimonio privado y público.
Un elevado costo debió asumir Suiza en materia de seguridad.
El G8 fue una ocasión para Suiza para desarrollar encuentros multilaterales.
En millones de francos se eleva la factura por el costo de la seguridad y los daños causados por manifestantes violentos.
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