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Sudán: «El acceso a las poblaciones necesitadas está muy restringido»

Personas desplazadas internas sudanesas transportan agua en el campamento de Al Heshan, en las afueras de Puerto Sudán, el 15 de abril de 2026.
Personas desplazadas internas sudanesas transportan agua en el campamento de Al Heshan, en las afueras de Puerto Sudán, el 15 de abril de 2026. Copyright 2026 The Associated Press. All Rights Reserved

Mohamed Ahmed, jefe de misión en Sudán para Médicos Sin Fronteras Suiza, habla de las dificultades a las que se enfrentan sus equipos en un conflicto en el que los trabajadores humanitarios son blanco de ataques y están sometidos a una presión cada vez mayor. Encuentro en Ginebra.

Mohamed Ahmed, jefe de misión en Sudán para Médicos Sin Fronteras (MSF) Suiza.
Mohamed Ahmed, jefe de misión en Sudán para Médicos Sin Fronteras (MSF) Suiza. SWI swissinfo.ch / Dorian Burkhalter

Mohamed Ahmed, jefe de misión en Sudán para Médicos Sin Fronteras Suiza, habla de las dificultades a las que se enfrentan sus equipos en un conflicto en el que los trabajadores humanitarios son blanco de ataques y están sometidos a una presión cada vez mayor. Encuentro en Ginebra.

«No hay palabras para describir lo que estamos presenciando, el sufrimiento que vemos», suspira Mohamed Ahmed, jefe de misión en Sudán para Médicos Sin Fronteras (MSF) Suiza. En una entrevista durante su reciente visita a la sede de la organización en Ginebra, añade: «Por desgracia, son siempre los más vulnerables —las mujeres, los niños y las personas mayores— quienes pagan el precio de este conflicto».

Sudán lleva más de tres años sumido en una terrible guerra civil que enfrenta a las Fuerzas Armadas sudanesas con los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido. Aunque ha tenido mucha menos repercusión mediática que otras guerras, el conflicto sudanés ha provocado, sin embargo, la mayor crisis humanitaria actual en el mundo. Unos 15 millones de personas han huido de sus hogares, de las cuales más de 11 millones son desplazados internos.

Hambruna, epidemias, acceso a la atención sanitaria obstaculizado: las necesidades humanitarias son enormes en Sudán y en los campos de refugiados de los países vecinos, entre ellos Chad, donde las condiciones de vida son «deplorables», subraya el responsable. Pero la intensidad de los combates, las restricciones administrativas y la falta de financiación complican cada vez más el envío de la ayuda. «Es el tipo de misión en la que tengo una lista de prioridades para mi lista de prioridades», resume.

Blanco de ataques

Los combates en Sudán no perdonan a las trabajadoras y a los trabajadores en el sector humanitario. «Se observa un recrudecimiento de los ataques contra el sistema sanitario y los trabajadores humanitarios», lamenta Mohamed Ahmed, acostumbrado sin embargo a contextos difíciles tras haber trabajado, entre otros lugares, en Yemen.

El 20 de marzo, drones del ejército sudanés atacaron el hospital de El-Daein, capital de Darfur Oriental, causando 70 muertos, entre ellos 15 niños, según MSF. Dos semanas más tarde, el 2 de abril, las Fuerzas de Apoyo Rápido atacaron a su vez el hospital de Al-Jabalain, en el Nilo Blanco, matando a siete miembros del personal.

Médicos Sin Fronteras está presente en 9 de los 18 estados de Sudán, donde la organización brinda atención médica de emergencia, combate epidemias, proporciona cuidados maternos y pediátricos, así como alimentos, agua potable y servicios de saneamiento. Con 1.750 empleados sudaneses y 250 colaboradores internacionales, MSF gestiona dos hospitales y dos clínicas, y apoya a 13 hospitales, 17 centros de atención primaria, así como varias clínicas y unidades móviles.

Otras organizaciones humanitarias, incluidas agencias de la ONU, el CICR y otras ONG, también están activas en Sudán y en los países vecinos.

Fuente: MSF, abril de 2026Enlace externo

«Estos son solo algunos ejemplos en los que se ha atacado deliberadamente a profesionales sanitarios y trabajadores humanitarios», precisa Mohamed Ahmed, quien denuncia «violaciones flagrantes» del derecho internacional humanitario en un contexto de impunidad.

El año pasado, durante el asedio de El-Fasher por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido, MSF no tuvo más remedio que abandonar el campamento de Zamzam, cerca de la capital de Darfur del Norte.

«Es una decisión difícil de tomar para cualquier trabajador humanitario, y aún más para un jefe de misión», confiesa Mohamed Ahmed, quien evoca las «graves consecuencias y los dilemas éticos y morales» que acompañan a tales decisiones.

Conocida por intervenir en algunas de las zonas más peligrosas del mundo, la organización suele ser una de las últimas en permanecer sobre el terreno. «Sí, trabajamos en contextos extremadamente difíciles», reconoce el responsable. «Pero también tenemos nuestros límites. Cuando un hospital es atacado y se pierden pacientes y personal, es una señal de que ya no podemos protegerlos. Entonces hay que saber cuándo parar para no agravar la situación».

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Las ONG se enfrentan a obstáculos burocráticos

En Sudán, las organizaciones humanitarias también deben lidiar con restricciones administrativas. Así, MSF depende de la Comisión Sudanesa de Ayuda Humanitaria, un organismo gubernamental, para obtener visados y autorizaciones para sus desplazamientos y la importación de material médico.

«A diferencia de otros contextos, no podemos simplemente subirnos a un coche y salir a salvar vidas. Primero hay que superar una serie de obstáculos administrativos», detalla Mohamed Ahmed. «El acceso a las poblaciones necesitadas está muy restringido».

A pesar del diálogo mantenido con las partes en conflicto, MSF no puede hoy en día hacer llegar su ayuda a través de las líneas del frente. Según el Gobierno, se trata de proteger al personal humanitario, pero el jefe de misión ve otra razón: «También estamos allí para dar testimonio de las atrocidades cometidas, difundir información y hablar en nombre de los civiles que no pueden hacerlo por sí mismos».

En marzo, MSF publicó un informe que documenta la violencia sexual que sufren las mujeres en Sudán.

Al igual que otras ONG humanitarias, MSF camina por la cuerda floja entre la voluntad de denunciar las violaciones del derecho internacional y el riesgo de perder el acceso a las poblaciones. «No transigimos en nuestros principios y alzamos la voz cuando lo consideramos necesario», subraya Mohamed Ahmed.quand nous l’estimons nécessaire», souligne Mohamed Ahmed.

>> Lea también nuestro análisis de la crisis que atraviesa el sector humanitario:

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La crisis de la financiación humanitaria complica las operaciones

El sector humanitario atraviesa una profunda crisis de financiación provocada por los recortes presupuestarios de varios países, entre ellos Estados Unidos, el principal donante histórico, que redujo considerablemente sus contribuciones el año pasado. MSF, que depende principalmente de donaciones privadas, sufre indirectamente las consecuencias de la desaparición de programas sobre el terreno.

«No somos los únicos, pero la situación se vuelve cada vez más difícil», señala Mohamed Ahmed. «Nuestros equipos se enfrentan a una enorme presión para hacer cada vez más, lo que también implica riesgos».

En las regiones donde quedan pocos actores humanitarios, MSF ha ampliado su actuación más allá de la atención médica. Este es especialmente el caso de Tawila, en Darfur del Norte, zona de tránsito para personas desplazadas, donde la organización también proporciona apoyo nutricional, distribuye agua y establece instalaciones sanitarias. Se estima que la población desplazada asciende a varios cientos de miles de personas, según las ONG.

El año pasado, los planes de respuesta humanitaria coordinados por la ONU para Sudán y sus países vecinos se financiaron en un 40 % y un 18 % de las necesidades, respectivamente.

«Los recortes presupuestarios tienen consecuencias muy concretas. Por ejemplo, una niña que no puede recibir tratamiento contra la desnutrición, a la que hay que llevar a nuestro hospital y que no sobrevive porque ha llegado demasiado tarde», ilustra. Y añade: «Más del 60% de la población sudanesa depende de la ayuda humanitaria. Si esta red de seguridad desaparece, estas personas corren el riesgo de enfrentarse a la muerte».

Edición de Virginie Mangin y adaptación al español de Patricia Islas

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