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Suiza, solidaria “mientras la situación económica lo permita”

Una mujer palestina fotografiada en julio de 2018 en un centro de distribución de víveres de la ONU en el campo de refugiados de Al-Shati en Gaza. DEbido a la diminución del número de refugiados, el gasto en ayuda al desarrollo disminuyó en muchos países en 2018. Reuters / Mohammed Salem

Suiza no alcanzará su objetivo de gasto público en ayuda al desarrollo para el período 2016-2020. Una comparación internacional muestra que Suiza no es un caso aislado, pero también que es posible hacerlo mejor.

Este contenido fue publicado el 22 diciembre 2020 - 10:48

Suiza define su estrategia para la cooperación internacional en intervalos de cuatro años. El período actual termina a finales de 2020. Y la partida de gastos destinada a la ayuda al desarrollo para los años 2016-2020 se sitúa por debajo del objetivo.

Debido a la situación económica tensa como consecuencia de la pandemia de COVID-19, la Confederación ha revisado a la baja sus previsiones para el período 2021-2024, por precaución.

¿Dónde se sitúa Suiza en la comparativa internacional?

La norma de referencia para medir y comparar los gastos en ayuda al desarrollo en diferentes países es la denominada ayuda pública al desarrollo (APD), claramente definida por la Organización para el Desarrollo Económico (OCDE).

Estos datos permiten comparar los países: ¿Cuáles destinan más o menos dinero a la ayuda al desarrollo? ¿Dónde se sitúa Suiza? ¿Y qué tendencias se observan? Parece que Suiza no es el único país al que le cuesta cumplir sus compromisos.

¿Qué es la Ayuda Pública al Desarrollo (APD)?

Según la definición del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, la ayuda pública al desarrollo es aquella que prestan los Estados con el objetivo de promover el desarrollo económico y mejorar las condiciones de vida en los países en desarrollo.

La APD se calcula según las normas internacionales definidas y controladas por el CAD. Las aportaciones pueden ser en forma de subvenciones o de préstamos a condiciones preferenciales, pero las subvenciones tienen un peso mayor en el cálculo del importe de los gastos.  

“Estas cifras permiten establecer una buena comparación en lo que se refiere a los países donantes. Por el contrario, resulta muy difícil comparar a los que no son miembros del CAD”, explica Katharina Michaelowa, profesora de política de desarrollo en la Universidad de Zúrich, respecto a estos datos.

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Países grandes, gastos elevados

Si examinamos los gastos totales destinados a la ayuda al desarrollo, las economías grandes y ricas se encuentran a la cabeza de la lista. Y Estados Unidos destaca claramente sobre todos los demás. En este grupo figuran también Alemania, Reino Unido, Japón y Francia.

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En cifras relativas, los pequeños países ricos están a la cabeza

No es sorprendente que los países grandes y ricos puedan destinar más presupuesto a la cooperación internacional. Para poder comparar países con situaciones económicas diferentes, la OCDE calcula la ayuda pública al desarrollo en proporción a la Renta Nacional Bruta (RNB). Este método de cálculo revela un cuadro muy diferente.

Este método de cálculo revela un cuadro muy diferente.

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En esta clasificación de los gastos proporcionales en función de la renta nacional bruta, Estados Unidos y Japón caen varios puestos. Además de Gran Bretaña, los países pequeños y ricos son los que más dinero destinan. Entre ellos Suiza, que a duras penas consigue situarse en el tercio superior, pero la diferencia con los países que encabezan la clasificación es notable.

Muchas declaraciones de intención, pero pocas acciones

Lo que llama especialmente la atención es que solamente cinco países alcanzan el objetivo fijado por Naciones Unidas del 0,7% de la RNB destinado a la ayuda al desarrollo. Y esto pese que este objetivo existe desde la década de 1970 y los países donantes suelen validarlo regularmente.

Esta situación desconcierta a la experta Katharina Michaelowa: “Me resulta muy curioso. Los países confirman constantemente a nivel internacional que quieren alcanzar este objetivo, pero en los hechos no pasa nada”. ¿Por qué se aprueba un objetivo, que todos saben que no se va a cumplir? La profesora de política de desarrollo reconoce que es sorprendente, pero da la siguiente explicación: “Parece que en los organismos internacionales nadie se atreve a tomar distancia frente a los países en desarrollo y a decir claramente: No lo vamos a conseguir”..

Consultado por swissinfo.ch, el Ministerio suizo de Asuntos Exteriores defiende el objetivo del 0,7%, pero lo relativiza inmediatamente: “Este compromiso no es una obligación legal, sino un objetivo a largo plazo”. El ministerio no detalla qué entiende por “largo plazo”. “Dada la actual situación financiera de la Confederación no parece realista que en los próximos años podamos alcanzar el objetivo del 0,7%”.

Los objetivos intermediarios también fracasan

Además del umbral de Naciones Unidas, varios países se han fijado sus propios objetivos. Suecia y Noruega, por ejemplo, van mucho más lejos que lo que pide la ONU y aspiran a destinar un 1% de la RNB a la ayuda al desarrollo. Gran Bretaña se atiene al objetivo del 0,7%, pero prevé extenderlo en un futuro próximo.

En Suiza, el Parlamento determina regularmente la partida de gasto para la ayuda al desarrollo. Con un 0,5% de la RNB, el objetivo fijado para el período 2016-2020 se sitúa en claramente por debajo del objetivo de la ONU. Cabe la posibilidad de presentarlo a la ONU como una etapa intermedia para alcanzar el 0,7%, explica Katharina Michaelowa. Es lo que hacen otros países, dice.

Pero Suiza ni siquiera alcanza el 0,5% y no es un caso aislado. “Incluso en el caso de los objetivos intermedios, a los Estados les cuesta a menudo mejorar estos valores a medio plazo”, explica la profesora. En el caso de Suiza, probablemente esto también tiene que ver con la manera en la que las autoridades interpretan el objetivo. “La cuota de APD es un instrumento de medición internacional. Se calcula retrospectivamente y se basa en los gastos reales. Por lo tanto, no es un instrumento de control de la política presupuestaria”, según el Ministerio suizo de Asuntos Exteriores.

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Costes de asilo como ayuda al desarrollo

El hecho de que Suiza no cumpla sus objetivos para el período 2016-2020 tiene que ver principalmente con los costes en materia de asilo. Estos pueden ser contabilizados, al menos parcialmente, como ayuda al desarrollo, aunque esta práctica genera controversia. “Creo que el ciudadano de a pie no lo sabe. No espera que estos gastos figuren en la partida de presupuesto para la ayuda al desarrollo”, deplora Katharina Michaelowa.

En general, los costes del asilo han disminuido en la mayoría de los países donantes y Suiza no es una excepción. Sin embargo, estas fluctuaciones son más significativas en los países con presupuestos absolutos inferiores, explica Katharina Michaelowa.

Los gastos en ayuda al desarrollo no disminuyen necesariamente si disminuyen los gastos en asilo, como demuestra el caso de Noruega. El país nórdico, que se concentra en programas bilaterales en África, consiguió aumentar la partida de presupuesto destinada a la ayuda al desarrollo pese a la disminución de las cifras de asilo en los últimos años.

Rohinyás aguardan la llegada de ayuda humanitaria en un campo de refugiados en Bangladesh, en noviembre de 2017. Reuters / Adnan Abidi

“¿Hasta dónde llega nuestra solidaridad?”

Las consecuencias económicas de la crisis del coronavirus repercutirán en la ayuda al desarrollo. El Ministerio suizo de Asuntos Exteriores deja claro que la prioridad actual son los problemas financieros nacionales. El Gobierno se propone alcanzar el objetivo del 0,5%, “en la medida en que la situación económica lo permita”. Y esto no será seguramente el caso en el próximo período que va de 2021 a 2024, ya que el ministerio prevé una tasa del 0,45%.

Este desarrollo preocupa a las organizaciones humanitarias. En un comunicado de prensa, el grupo de trabajo de Alliance Sud sobre política de desarrollo subraya que, incluso si la cuota se mantiene estable, es probable que disminuyan las contribuciones totales si se reduce la RNB. La oenegé Cáritas pide una cuota objetivo del 1% para responder a la crisis humanitaria.

Katharina Michaelowa puntualiza que los países pobres ya se ven muy golpeados por la crisis. “Si se reduce aún más la financiación de todas las partes – no solo de Suiza – porque se necesitan ayudas para los propios países, significará dejar colgados a las naciones en desarrollo”. La profesora entiende que algunas empresas necesitan urgentemente ayuda del Gobierno, pero agrega: “La cuestión es siempre hasta dónde miramos. En otras partes del mundo la necesidad es aún más extrema. A fin de cuentas, la cuestión es saber hasta dónde llega nuestra solidaridad”.

Traducción del alemán: Belén Couceiro

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