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Crisis económica: Suiza tendrá que replantearse algunas cuestiones

Las colas de espera interminables que se formaron el sábado en Ginebra durante la distribución de productos alimentarios son todo un símbolo: mientras la crisis sanitaria parece estar solucionándose, la económica no ha hecho más que empezar. “Suiza se va a enfrentar a una pobreza que hasta hace solo unos meses nadie creía posible”, advierte Grégoire Barbey.

Grégoire Barbey

Suiza se encamina progresivamente hacia el final de las medidas de confinamiento. Ya se han reanudado muchas actividades económicas y la mayoría podrá volver a abrir el 11 de mayo. Aunque la reactivación se espera con impaciencia, habrá que seguir respetando las medidas de protección para preservar la salud pública ante el peligro del coronavirus.

Grégoire Barbey

Grégoire Barbey es un periodista freelance autodidacta. Ha trabajado durante cuatro años para el diario económico ‘L’Agefi’ y ha sido también columnista de ‘La Télé’. Apasionado por la política, ha desplegado una intensa actividad en las redes sociales y actualmente es redactor jefe de affranchi.ch.

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Es difícil valorar con precisión las consecuencias financieras de la crisis sanitaria. Cada cual hace sus propias estimaciones. Pero aun siendo diferentes sobre la duración y el alcance, todas coinciden en un punto: la paralización económica tendrá graves repercusiones para la sociedad y la economía tardará tiempo en recuperar el nivel anterior a la crisis. Aunque la crisis sanitaria puede todavía durar un poco, la crisis financiera que ha provocado será más larga y, sin duda, perdurará aún algunos años.

En el diario Tribune de Genève, el responsable de la Sociedad Ginebrina de Cafeterías estimaba que el porcentaje de establecimientos que no podrá volver a abrir después de la crisis será cercano al 30%. La cifra pone los pelos de punta. Y la restauración no es el único sector afectado. Numerosas empresas no tendrán más remedio que cerrar sus puertas. Habrá que aplazar muchos proyectos nuevos, o incluso abandonarlos, por falta de una perspectiva clara en los próximos años.

La única perspectiva es el endeudamiento

Las difíciles decisiones tomadas por el Consejo Federal [gobierno] para limitar la propagación del coronavirus han salvado vidas, sin duda, pero de un modo paradójico van también a dejar a muchos seres humanos sumidos en la pobreza, o como mínimo, en la incertidumbre económica.

Los seguros sociales tendrán que hacer frente -y en parte ya lo están haciendo- a una oleada de nuevos beneficiarios, ya sea en el ámbito del desempleo o de la ayuda social. Aunque la Confederación está tratando de limitar los daños, muchas personas no pasarán los filtros y no obtendrán las ayudas que les garantice un sustento. Para muchos, el endeudamiento será la única posibilidad de supervivencia.

Suiza, que durante estos últimos años ha conocido una prosperidad económica enorme y un éxito sin precedentes, tendrá que enfrentarse muy pronto a hordas de personas en dificultades. ¿Está preparada para afrontar esta prueba? No hay nada menos seguro.

En este pequeño país, que se tiene a sí mismo en muy alta estima, los fracasos no son bien vistos, ya sea en términos culturales o institucionales. En esta tierra donde la responsabilidad individual se ha erigido en dogma absoluto y donde el trabajo es una señal indiscutible de distinción social, los imprevistos que surgen en la vida suscitan muchas sospechas. ¿Endeudamiento? Eso es, con toda certeza, un signo de mala gestión financiera. ¿Desempleo de larga duración? Una demostración evidente de pereza y una flagrante falta de voluntad. ¿Una enfermedad? Una excusa para descansar a costa del Estado.

Ser pobre en Suiza, un viacrucis

Todo esto está dicho de modo algo caricaturizado, pero al final no está tan lejos de la realidad. Ser pobre en Suiza es un viacrucis y hay que demostrar continuamente la propia honradez para ser considerado un ser humano como cualquier otro. En Suiza la pobreza invierte la carga de la prueba: cualquier persona que se beneficie del apoyo de la colectividad es considerada a priori como alguien que se aprovecha de ella.

Ahora bien, aunque la crisis económica no esté todavía más que en sus primeros balbuceos, su magnitud será poco más o menos semejante a la que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Incluso peor, ya que la economía mundial está hoy mucho más globalizada que hace más de 70 años. Muchas personas honradas perderán todo, en primer lugar, su trabajo y, por lo tanto, su estabilidad financiera y social. Incluso puede resentirse su salud, ya que todos estos elementos están estrechamente vinculados. Si Suiza quiere apoyar a las víctimas de la crisis tendrá que mostrar coraje. Porque eso significará replantearse su funcionamiento y su valoración de los itinerarios personales de cada uno.

El acompañamiento de la crisis económica tendrá también un impacto en el nivel político. ¿Podrán el Parlamento y el Consejo Federal hacer concesiones para mejorar las ayudas públicas? ¿Sabiendo sobre todo que los ingresos fiscales disminuirán de manera significativa, ya que se verán afectadas tanto las personas físicas como las jurídicas? Afrontar esta situación va a requerir una gran capacidad de adaptación, pero, sobre todo y lo más importante, una capacidad de replantearse las certezas adquiridas.

El consejero federal [ministro] Alain Berset no ha dejado de recordar que a nivel sanitario no todo ha sido fácil y que hay que demostrar humildad, incluso a costa de replantearse posturas que acaban de ser adoptadas como consecuencia de nuevas informaciones que modifican la visión de esos problemas. ¿Estará la clase política a la altura de esta exigencia de humildad, incluyendo lo relativo a la dimensión económica de la crisis?

Estas reflexiones y los debates que de ellas se derivan deben tener lugar ahora. Habrá que llegar a compromisos desde todos los puntos del abanico político. La cohesión social de nuestro país no debe verse quebrada por la crisis. Por eso es importante discutir sin tabúes las medidas que habrá que tomar para limitar los daños. Y para reducir la presión sobre las personas que llevarán la peor parte en este cataclismo económico.

¿Es el momento de introducir un mecanismo de renta mínima universal? ¿Hay que volver a definir la forma en que se registran las quiebras en los archivos cantonales durante cinco años para reducir las consecuencias negativas de una situación financiera complicada? ¿Es necesario reformar la asistencia social para hacerla más adaptada al retorno al mercado laboral del beneficiario en lugar de convertirla en una vía muerta donde se humilla a las personas manteniéndolas artificialmente en situación de dificultad?

¿Estarán nuestros representantes a la altura de la situación?

Suiza va a hacer frente a una pobreza que hasta hace solo unos meses nadie creía posible en este país. Las largas filas de espera para la distribución de alimentos básicos en ciudades como Ginebra, donde miles de personas hacen cola durante horas, son el síntoma más visible. 

Corresponde a nuestros representantes electos, ahora que el Parlamento retoma su función con la sesión extraordinaria de la Asamblea Federal, mostrarse a la altura de la situación. 

Durante mucho tiempo Suiza ha tenido dos caras: una agradable de mostrar, la del éxito, y otra, más oscura, que prefería mantener en la sombra a los que se han quedado atrás. Pero dado que su número va a aumentar drásticamente durante estos próximos meses, no hay duda de que ha llegado la hora de abandonar esta separación entre una Suiza que triunfa y otra que paga los platos rotos. Ambas partes deben unirse para formar una sola nación, cuya principal fortaleza es la capacidad de mostrar solidaridad en los momentos más difíciles. Es una difícil tarea que incumbe a nuestras autoridades. Esperemos que estén a la altura.

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