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Swisscom, entre la espada y la pared

El futuro de Swisscom ocupa a muchos interesados, entre ellos al Parlamento.

(Keystone)

El número uno suizo de las telecomunicaciones ha iniciado negociaciones con el Gobierno federal sobre el proyecto de privatización que éste ha revelado recientemente.

Ante la complejidad del panorama, el PDC, el PS y la UDC reclaman que el Parlamento debata el tema con urgencia este invierno.

Desde su anuncio (23.11), la virtual privatización de Swisscom rebasó el debate económico para instalarse en el político.

A partir de entonces, cual municiones, argumentos a favor y en contra de la propuesta de transferir a la iniciativa privada el 66% de las acciones que actualmente posee el Consejo Federal, han sido disparados desde todas las trincheras.

Y para complicar aún más el escenario, la posible venta enfrenta un escollo adicional: el gobierno está convencido de privatizar, pero desautoriza toda intención del gigante azul de adquirir telefónicas extranjeras antes de que su capital sea 100% privado.

El Partido Demócrata Cristiano (PDC) considera que la posición ambigua del Consejo Federal genera inseguridad entre los suizos y también entre los accionistas de la empresa, razón por la que reclama -posición que respaldan el Partido Socialista (PS) y la Unión Democrática de Centro (UDC)-, un debate urgente en el Parlamento en este invierno.

Independientemente de los intereses que cada uno de los protagonistas defiende, restan algunas preguntas en el aire. Por ejemplo, si es oportuna o no la venta en este momento; qué ganan y qué pierden los suizos con la operación; y si es el único camino para Swisscom.

La gallina de los huevos de oro

Para entender la talla del debate, hay que dimensionar a Swisscom en el espectro de los negocios helvéticos.

Se trata de una de las 10 empresas más rentables del país. A septiembre pasado sus ganancias sumaron 1.650 millones de francos suizos, 44,6% más que durante los primeros nueve meses del 2004.

Sin embargo, dicho nivel de rentabilidad es resultado de una serie de decisiones radicales.

La más reciente: en 2006, Swisscom tiene prevista la supresión de 260 empleos (en telefonía fija), para compensar una caída de 3% registrada en las ventas del 2005, según expresó Jens Adler, Director General de la empresa el pasado 10.11.

"Si no reducimos personal, con objeto de reducir nuestros costos fijos y aumentar la rentabilidad, será imposible enfrentar la intensa competencia que existe en el mercado mundial de las telecomunicaciones".

Adler no miente.

El gobierno fija las reglas

Como accionista mayoritario de la telefónica suiza, el Consejo Federal dicta las reglas del juego.

El miércoles pasado (23.11) el rumor de la privatización de Swisscom recorrió los mercados, siempre ávidos de primicias.

Un día después (24.11), el Jefe del Departamento Federal de Finanzas (DFF) en persona, Hans-Rudolf Merz, confirmó la noticia y afirmó que el objetivo era "dar mayor flexibilidad y margen de maniobra a Swisscom".

Para el gobierno, vender la empresa representaría 17.000 millones de francos suizos frescos en un periodo en el que las cuentas públicas son más frágiles que nunca.

En un primer tiempo, dijo Merz, podría venderse 16% de los títulos (y conservar 50%), para allegarse 4.500 millones de francos a través del mercado de valores.

Pero dos semanas antes (08.11) se había registrado un evento relevante. Swisscom formalizó su interés por comprar la telefónica irlandesa Eircom, razón por la que esta última aceptó abrir sus libros contables.

La helvética se comprometía a comprarle por 4 millones de francos suizos, una noticia que fue muy bien aceptada en los mercados bursátiles, luego de los dos fracasos que experimentó Swisscom en 2004, cuando intentó adquirir Telekom Austria y a la checa Cesky Telecom.

Tras confirmar su interés por privatizar, el martes (29.11), el Consejero Federal Pascal Couchepin frenó en seco la citada iniciativa de Swisscom, al prohibirle tajantemente adquirir cualquier telefónica extranjera mientras su capital siga siendo mayoritariamente público.

La decisión provocó una ola de inconformidad al interior de Swisscom, ante la cual se habla de la posible renuncia de Director General, Jens Adler, y su equipo más cercano.

Para qué privatizar...

Hay dos bandos definidos en esta batalla. La derecha y los empresarios apoyan la privatización de Swisscom y consideran que los suizos podrían ser sus principales accionistas (al comprar los títulos a través de la bolsa).

Los sindicatos y la izquierda rechazan definitivamente el desprendimiento por parte del gobierno de una empresa que es rentable, de la "gallina de los huevos de oro" que nadie quiere perder, porque con ella se va una parte del nacionalismo helvético.

Más allá de la política, el gigante azul está simultáneamente atrapado en su propia problemática: una globalización que no eligió, pero a la que no puede escapar.

La ley de "el pez grande se come al chico...", que sólo le deja libres dos caminos, crecer y fortalecerse, morir y salir del mercado (al ser adquirida por alguna otra telefónica).

Actualmente, los grandes jugadores del sector (y sobrevivientes a infinidad de fusiones) son Vodafone, Deutsche Telekom, France Telecom y la Telefonica de España.

Y quedan al mismo tiempo algunos operadores de talla pequeña y eficiencia probada, que intentan ofrecer a sus clientes calidad y servicio, aunque sus tarifas sean mayores. Swisscom se ubica en este último grupo, pero necesita aumentar su talla, es por ello que intenta hacerse de alguna otra compañía europea.

Sin embargo, Pascal Couchepin argumenta en nombre del gobierno que Eircom es una mala opción porque sus cuentas no son sanas, y le recuerda a Adler que las experiencias de adquisición que registró Swisscom durante la última década no han sido especialmente rentables para la empresa (la alemana Debitel es el caso más reciente).

Couchepin tiene razón, pero Swisscom también. Actualmente, tiene pocas opciones para elegir en el mercado.

Una década de retraso

Suiza lleva una década de retraso en materia de fusiones y adquisiciones con respecto a sus vecinos de la Unión Europea (UE).

Johannes Bauer, experto en asuntos europeos e investigador de la Universidad de Michigan, da cuenta de este fenómeno a través de su estudio "Regulación y estado propietario: Conflictos en las telecomunicaciones de la Unión Europea (UE)", editado en 2005.

Explica que el puntero en privatizaciones en el Viejo Continente fue el Reino Unido a finales de los 80´s (British Telecom.), al que le siguieron otras 33 ventas parciales de compañías de telecomunicaciones entre 1990 y el año 2000.

Refiere también que cuando una empresa es mixta –con capital público y privado al mismo tiempo, como Swisscom- jamás funciona con eficiencia, por lo que es mejor optar por empresas totalmente públicas o totalmente privadas.

Y Swisscom está a medio camino, con 33,9% de capital privado (colocado en el mercado de valores en 1998) y 66,1% de capital público.

Un proceso ágil, lo mejor

Las riñas internas siempre minan las finanzas de las empresas.
Los rumores de renuncia de Jens Adler y su equipo provocaron una caída de 3% en el valor de la acción de Swisscom en el mercado de valores suizo, y esta tendencia se mantendrá en tanto lo haga la incertidumbre.

La población, por su parte, no termina de entender por qué es necesario vender Swisscom, como lo dejó ver el sondeo publicado por el "SonntagsBlick" el pasado domingo (27.11). El 48% de los suizos se opone a la venta, otro 39% propone una venta parcial; y el 13% restante declina opinar sobre el asunto, según el trabajo realizado por el Instituto Isopublic entre 600 personas.

Consultado al respecto, Stephan Garelli, profesor de economía de la Escuela de Negocios (IMD) de Lausana y presidente del Instituto de Competitividad de la misma institución, explica con simplicidad el caso Swisscom.

"No tiene ningún sentido que el gobierno se mantenga en la empresa por la siguiente razón: se trata de un sector que ya fue liberalizado. Ya existen otros operadores dentro del país, para qué mantener pues al gobierno como propietario, si alguien más lo puede hacer de forma más eficiente".

Y pone el dedo en la llaga: lo que hay que preguntarse, en cambio, es cómo debe materializarse dicha privatización.

La competencia entraña mejor servicio y mejores tarifas para los usuarios, y eso siempre será positivo. El conflicto actual es definir si debe dejarse o no a Swisscom crecer antes de ser privatizada.

La posición del gobierno es contradictoria: quiere privatizar, pero no la deja crecer. Y si se queda pequeña, será más difícil su supervivencia.

La experiencia de privatización de Swiss fue fallida, pero eso no significa que lo mismo suceda con Swisscom.

Y en medio del ojo del huracán, un debate de este tema en el Parlamento durante la sesión de invierno parece ineludible.

swissinfo/Andrea Ornelas

Datos clave

· Swisscom es la principal operadora de telefonía de Suiza y posee una estructura con 15.288 empleados

· Sus utilidades sumaron 1.650 millones de francos entre enero y septiembre pasado, 44,6% más que en 2004.

· Su facturación totalizó 7.298 millones de francos, 3% menos que entre enero y septiembre del 2004.

· La privatización del 33,9% de su capital tuvo lugar en 1998 en el mercado accionario.

· 48% de los suizos prefieren que Swisscom no se privatice; 39% piensan que debe venderse sólo parcialmente; y 13% no están interesados en el tema.

Fin del recuadro

Contexto

· El Consejo Federal quiere vender el 66,1% de las acciones de Swisscom que posee. Derecha y empresarios, apoyan la decisión. Izquierda y sindicatos la rechazan.

· La globalización que enfrentan las empresas deja poca elección a Swisscom. Para sobrevivir, lo mejor es pasar a manos privadas y fortalecerse (fusionando alguna otra compañía europea).

· Sin embargo, ante el interés de Swisscom por comprar a la irlandesa Eircom, el Consejo Federal se opuso y le prohibió adquisiciones hasta que no sea privada, contradiciendo su interés de "darle más margen de maniobra".

· La Escuela de Negocios de Lausana considera que lo mejor que puede pasarle a Swisscom es concretar una privatización ágil, libre de especulaciones, y en la que se le permita fortalecer su posición incluso antes de ser vendida.

Fin del recuadro


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