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Un lapiz de colores Caran d'Ache ante el desafío digital

Los grafistas no establecen un divorcio entre lo análogo y lo digital.

(Keystone)

Cada día, Caran d’Ache produce suficientes crayones como para cubrir la distancia de Ginebra a Roma. ¿Pero cómo puede esta empresa centenaria seguir marcando brecha en la era numérica?

Unas 280 personas trabajan en la fábrica de Thônex, en los alrededores de Ginebra, no lejos de la frontera francesa. Un gigantesco crayón rojo marca la entrada del lugar. Se trata del primero de una vasta gama de productos que fabrica Caran d'AcheEnlace externo.

En verano, los empleados de la fábrica inician temprano la jornada para evitar el calor del mediodía. A las 9:30 las temperaturas son altas en la sala donde se encuentran los cilindros metálicos.

Prueba de crayones

Esas máquinas aceitadas con sus pequeños tubos hexagonales dan la forma a las célebres minas Caran d’Ache. Más tarde, serán gravadas con perforadoras o rayos láser, a mano o por ordenador, según el efecto deseado.

La presidenta del consejo de administración, Carole Hubscher, explica el proceso de elaboración y resistencia de los productos.

“En lugar de comprar una nueva caja de lápices de colores cada año escolar, uno puede suplir simplemente las piezas que necesita”.

Más que un juego de niños

¿Pero la venta de bolígrafos y crayones no se ha reducido en esta época de tabletas y teléfonos inteligentes?

“Tal vez la gente escribe menos a mano que antes, pero aún resulta imprescindible el uso del lápiz. Es un placer para la mano y el corazón”, estima el periodista Jeroen van Rooijen. En su opinión, la gente elige con más cuidado las palabras cuando las escribe a mano.

Sin olvidar que la escritura y el dibujo son esenciales para los niños, indica, por su parte, Denise Bassan, especialista psicomotricidad, en Berna.

Oskar Jenni, director del Centro de Desarrollo Infantil del pediátrico de la Universidad de Zúrich, recuerda la importancia de que los menores de 2 a 8 años practiquen el dibujo:

"Cuando tenía 12, dibujaba como Rafael, pero requerí de toda una vida para aprender a dibujar como un niño": Pablo Picasso. Fotografía coloreada por el artista con crayones de la famosa empresa con sede en Suiza. 

(Succesion Picasso)

“Es un aprendizaje durante el que uno intenta plasmar en papel sus ideas, sus reflexiones. Se trata de un proceso complejo del pensamiento, que no es fácil realizar con aparatos electrónicos”, explica Jenni.

Según un estudio reciente del experto, la tecnología informática no ha afectado la forma de dibujar en los niños. Su equipo comparó dibujos infantiles de 1980 con otros de 2010. “La habilidad de dibujar sigue siendo la misma”, asegura.

Mezclar las técnicas

“Los crayones son aún muy usados”, sonríe Robert Lzicar, al frente del programa de Maestría en Diseño Comunicacional, al mostrar los trabajos de los alumnos de la Escuela Superior de Artes de Berna (HEABEnlace externo). 

“Los alumnos no separan tajantemente lo análogo de lo digital”, anota. Por el contrario, “combinan todos los métodos que consideran les funcionan mejor”.

“Conozco un buen diseñador de carteles que utiliza un crayón y después tinta para sus proyectos. Escanea el boceto y utiliza Photoshop para colorearlo, pues le resulta más rápido y obtiene una mezcla singular en términos de estética”.

Robert Lzicar agrega que el crayón electrónico es una gran invención para los grafistas: “Antes se hacía todo con el ratón, pero la conexión entre la mano y el alma se produce de otro modo. Además, en el grafismo digital aparecieron las tabletas y las plumas especiales; y su calidad no cesa de mejorar”.

El placer de un lápiz y un papel

Carole Hubscher, de Caran d’Ache, es optimista. “Estoy convencida de que la gente va a seguir usando lápices y plumas. Seguirá creando sin herramientas electrónicas”.

Opinión que comparte el zuriqués Jeroen van Rooijen: “Pienso que un día, la gente dejará las pantallas para reencontrarse con el placer de escribir y dibujar sobre papel. La escritura a mano será rara, pero no perderá su aura”. 

Centenario

Caran d'Ache (karandache significa crayón en ruso) es el seudónimo del caricaturista francés Emmanuel Poiré (1858-1909).

La empresa fundada en 1924 por Arnold Schweitzer adoptó el nombre de ‘Fabrique Suisse de Crayons Caran d'Ache’, al retomar la ‘Fabrique genevoise de crayons’, (fundada en 1915 y cerrada en 1922).

Arnold Schweitzer recibió los consejos de Joseph Reiser, experto contable, y del especialista financiero Henri Hübscher para lograr levantar de nuevo el negocio.

En 2002, la fábrica de Thônex (1974) empleaba a 308 personas, la filial francesa en Gaillard, veinte.

La empresa exporta a más de 80 países.

Fuente : DHSEnlace externo y Archivos de Francia


Traducción del inglés: Patricia Islas, swissinfo.ch

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