Vacuna COVID-19: Por qué el acuerdo con Moderna es arriesgado


Suiza se ha sumado a una creciente lista de países que están firmando acuerdos para comprar vacunas. Keystone / Carolyn Kaster

El pedido de una vacuna que Suiza ha hecho a la empresa biotecnológica estadounidense Moderna -el primero de este tipo- es, según los expertos, una señal de que el país tiene pocas esperanzas de que vaya a distribuirse de manera justa una vacuna para la COVID-19.        

Este contenido fue publicado el 24 agosto 2020 - 09:17

Con el compromiso que el Gobierno anunció el pasado 7 de agosto, Suiza se ha convertido en uno de los primeros países en cerrar una alianza con Moderna, aunque no es el único que ha firmado un acuerdo bilateral con los fabricantes. Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y Japón están entre quienes ya han desembolsado sumas económicas para pedidos anticipados de prometedores candidatos a vacunas.     

A medida que la carrera por las vacunas se intensifica, el pacto con Moderna ha supuesto en Suiza un enorme alivio para muchos, que lo ven como una medida necesaria para proteger a su población.        

Para los críticos, sin embargo, es una apuesta cara, que, en última instancia, socava los esfuerzos mundiales para garantizar una distribución justa de las vacunas para la COVID-19, algo que Suiza ha dicho que apoya.

“Este acuerdo demuestra que los suizos no creen que vaya a lograrse un compromiso mundial para distribuir las vacunas de modo justo”, declara Patrick Durisch, que dirige la política de salud de la ONG suiza Public Eye.

Seguridad

Uno de estos grandes esfuerzos mundiales es el Servicio de Acceso Mundial COVID-19 (COVAX). Suiza, que ahora copreside la colaboración mundial iniciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para acelerar el desarrollo y el acceso equitativo a una vacuna, es uno de sus primeros patrocinadores. Su objetivo es adquirir dos mil millones de dosis para que a finales de 2021 pueda vacunarse al 20% de la población de los países participantes.

En el anuncio del acuerdo con Moderna, el Gobierno helvético indicó que sigue apoyando proyectos multilaterales como COVAX para la distribución justa de una vacuna futura.

Según Durisch, las matemáticas no cuadran. El semanario británico The Economist estima que, en el mundo, los gobiernos han realizado compras futuras por valor de cuatro mil millones de dosis de vacunas COVID-19 para que puedan entregarse a finales del próximo año. Esto incluye los compromisos de los gobiernos de EE.UU. y Reino Unido con AstraZeneca por 400 millones y 100 millones de dosis, respectivamente. La Administración Trump también ha firmado recientemente un acuerdo con Moderna de 100 millones de dosis.       

No obstante, la Coalición de Innovaciones para la Preparación ante Epidemias (CEPI) considera que en el mundo solo hay capacidad para producir de dos a cuatro mil millones de dosis hasta finales de 2021. Si los países continúan firmando acuerdos individuales, simplemente no habrá suficiente para los países más pobres.    

Hasta ahora, solo AstraZeneca y Novovax han reservado dosis para COVAX, además de sus acuerdos bilaterales.

¿Pero cuál es la alternativa? Los expertos predicen que durante algún tiempo la demanda superará con creces la oferta.   

“¿No deberíamos hacer nada y esperar a recibir una vacuna?”, se ha preguntado el ministro de Salud, Alain Berset, en el dominical NZZ am Sonntag. “Nos encargamos de ambas cuestiones: nuestro propio suministro y una distribución internacional justa”.

Pero para los defensores de la salud pública, como Durisch, esto ofrece pocas garantías.

“Vacunar en Suiza a todo el mundo, pero dejar sin vacunar a los trabajadores sanitarios en África, por ejemplo, no tiene sentido desde el punto de vista de salud pública. Deberíamos asegurarnos de que los grupos de riesgo prioritarios, como los trabajadores sanitarios, reciban las primeras vacunas, independientemente de dónde se encuentren”, explica Durisch a swissinfo.ch.

Apuesta arriesgada   

El trato también es una apuesta cara. Se espera que, si tiene éxito, los 4,5 millones de dosis vacunen a 2,25 millones de personas, en torno a una cuarta parte de la población suiza. A principios de este año el Gobierno suizo había reservado 300 millones de francos para vacunas y pretende conseguir la cantidad suficiente como para proteger al 60% de la población.

Aunque los detalles son escasos, el periódico Tages-Anzeiger, basándose en el precio de la propia compañía de 32-37 dólares por dosis, estima que el Gobierno suizo ha pagado a Moderna en torno a 100-150 millones de francos (110-160 millones de dólares).

La Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) de Suiza ha respondido a swissinfo.ch que no puede dar detalles sobre los términos del contrato. Por norma general, en un acuerdo de compra anticipada como este, un gobierno paga por adelantado cierta suma para financiar el posterior desarrollo de una vacuna y, a cambio, se garantiza la reserva de determinada cantidad de la producción. Si la investigación falla, el dinero no se devuelve.   

De los más de 160 candidatos a nivel mundial, la vacuna de Moderna es uno de los pocos proyectos en fase tres de ensayos clínicos, según la OMS. Las vacunas tienen un 20% de probabilidades de fracasar en los ensayos finales. Aunque la compañía (con diez años de antigüedad) está desarrollando unos 20 medicamentos y vacunas, nunca antes ha tenido un producto en fase comercial.  

“La decisión es arriesgada y prematura. Suiza está inmersa en la búsqueda de vacunas y la publicidad. Temen que si no lo hacemos ahora, no quedará nada”, dice Durisch.

Hace diez años, los gobiernos firmaron convenios similares para una vacuna contra la gripe porcina y luego, cuando el brote disminuyó, tuvieron que buscar la manera de donarlas o deshacerse de ellas.

Las autoridades sanitarias suizas han indicado que están en conversaciones con otros fabricantes. Como una posible señal de más acuerdos que están por llegar, el pasado 11 de agosto el Gobierno anunció su compromiso con Swiss biotech Molecular Partners para acceder a 200 000 dosis de su tratamiento de Mono-DARPin en desarrollo contra la COVID-19.

Algunos compromisos

Moderna también ha atraído críticas en varios frentes. El precio establecido para la vacuna es el más caro de los candidatos y ha estado muy subvencionada. El Gobierno de Estados Unidos ha gastado 955 millones de dólares para la vacuna de Moderna.

Asimismo, su director general ha manifestado públicamente que su objetivo es obtener beneficios; a diferencia de Johnson & Johnson y AstraZeneca, que han dicho que producirían vacunas sin ningún beneficio para las respectivas empresas. STAT (el sitio web de la industria sanitaria) también ha dado cuenta de omisiones en la información de los costes del desarrollo de la vacuna COVID-19, información exigida en virtud de la ley federal de EE.UU.

“Los gobiernos están firmando cheques en blanco sin ningún tipo de compromiso relacionado con el precio, el acceso o la transparencia”, indica Durisch.

Michael Altorfer, que dirige la Asociación Suiza de Biotecnología, sostiene que para una empresa es importante que su inversión genere beneficios. “De lo contrario, los inversores aprenderán la lección y abortarán las inversiones en este campo”, cuenta.

Las grandes empresas farmacéuticas han ido abandonando áreas como la investigación y el desarrollo de vacunas y nuevos antibióticos porque cuando los precios son bajos no pueden obtener un rendimiento de su inversión.

Señala que, como en el caso de muchas start-ups biotecnológicas, en las primeras etapas del desarrollo de la tecnología de ARNm de Moderna, los inversores privados han asumido riesgos que han dado a la compañía cierta ventaja en la carrera por una vacuna para la COVID-19.

Suiza también tiene su propio interés en el éxito de Moderna. Ha firmado un acuerdo con Lonza (con sede en Basilea) para que fabrique en sus propias instalaciones en el cantón del Valais los ingredientes farmacéuticos activos para la vacuna Moderna.

Los medios de comunicación suizos también han informado de que Moderna parece estar estableciéndose en Suiza. Según la información facilitada, a finales de junio la empresa inscribió en el registro mercantil suizo una filial local. Y el 11 de agosto Moderna nombró a Nicolas Chornet jefe de operaciones europeas con base en Basilea.     

Esto hace que Suiza sea uno de los pocos países que está en la privilegiada posición de producir las vacunas en su territorio y de contar con medios económicos para adquirirlas. Suerie Moon, codirectora del Centro de Salud Mundial del Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo en Ginebra, explica que el Gobierno suizo debería utilizar su posición para presionar a Lonza para que se ciña a las directrices de la OMS sobre la asignación de recursos en la producción de vacunas.

“El propio Gobierno también podría adoptar un enfoque más integrado adquiriendo de una sola vez un gran volumen, algunas [dosis] para uso suizo y el resto para que las utilicen otros países, a través de la infraestructura COVAX, que Suiza ha apoyado con fuerza”, propone Moon.

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