«En Suiza se ha realizado un óptimo trabajo»
El profesor Adriano Aguzzi, conocido como 'Mister priones', traza un balance positivo del trabajo en la unidad 'vacas locas', que se dispone a concluir.
Según el científico italiano, que dirige el Instituto de Neuropatología de la Universidad de Zúrich, no hay que bajar la guardia.
A fines de este año cesarán en su forma actual las actividades de la unidad ‘vacas locas’, creada en 2001 por la Confederación para responder a la urgencia sanitaria provocada por la encefalopatía espongiforme bovina (EEB). Las investigaciones y la vigilancia, sin embargo, continuarán.
Entrevista a uno de los más destacados expertos en el mundo: Adriano Aguzzi.
swissinfo: ¿Cómo juzga la decisión, por parte de la Confederación, de disolver la unidad ‘vacas locas’?
Adriano Aguzzi: La decisión de redimensionar la unidad me parece correcta. Pero cabe precisar que la unidad de investigación no desaparecerá, sino que sólo será reestructurada para responder a otras exigencias.
Casi podemos decir que la unidad de ‘vacas locas’ se ha convertido en víctima de su éxito. En Suiza, se ha alcanzado el objetivo de controlar la enfermedad, sobre todo gracias a los esfuerzos de la Oficina Veterinaria Federal.
La dolencia de las vacas locas, prácticamente, ha desaparecido y por esta razón los controles minuciosos, como los realizados hasta ahora, ya no son tan prioritarios. Sin embargo, esto no significa que se pueda bajar totalmente la guardia.
swissinfo: ¿Podemos considerar que la enfermedad está definitivamente erradicada o todavía existe cierto peligro?
A.A.: Hay indicios que nos permiten afirmar que la enfermedad de las vacas locas jamás podrá ser derrotada al cien por cien. Podrían seguir produciéndose casos esporádicos. Lo que cuenta es estar seguros de que los órganos de riesgo no entren en la cadena alimentaria humana. Y en Suiza esta seguridad existe desde hace más de diez años.
swissinfo: ¿Cuál es el balance de las actividades desarrolladas en esta unidad?
A.A.: El balance es muy positivo, también desde el punto de vista de mi experiencia personal como científico e investigador. Quisiera destacar el magnífico clima de colaboración a todos los niveles.
Y no me cabe la menor duda de que si se ha llegado a estos resultados es también gracias al contacto directo entre el mundo de la ciencia, la política y la administración. Es tambén gracias a los contactos constantes con quienes estaban llamados a tomar decisiones prácticas y concretas.
En todos estos años ha sido un auténtico placer ver cómo se puede dialogar y colaborar a varios niveles y de forma constructiva. He encontrado en el consejero federal (ministro) Pascal Couchepin y en su predecesora, la señora Ruth Dreifuss, a unos interlocutores políticos atentos, sensibles y activos.
Gracias a estas sinergias se adoptaron, en tiempo real, decisiones e iniciativas importantes. Los políticos han sabido traducir los avances científicos en medidas concretas para derrotar la enfermedad.
swissinfo: ¿En qué aspectos habrá que centrarse en el futuro?
A.A.: La tarea prioritaria de la investigación y de la actividad profiláctica ya no será el contagio de la enfermedad de las vacas locas al ser humano, sino en el contagio de ser humano a ser humano.
De hecho, debemos tener en cuenta que, desgraciadamente, hubo un momento en que algunas personas se infectaron. 160 fallecieron a causa de esta dolencia. Aunque no es un número elevado, cada caso constituye una tragedia.
Quiero recordar que en Suiza no se registró ninguna muerte. Sin embargo, sería ilusorio pensar que nadie se ha infectado. Probablemente hay también personas infectadas en Suiza. Ahora, nuestros esfuerzos consistirán en evitar que estas personas contagien a otras.
swissinfo: ¿Cree que la alarma que se desató por el mal de las vacas locas fue exagerada?
A.A.: No, para nada. Al contrario, creo que el nivel de alarma ha contribuido a generar una respuesta oportuna. El hecho de que los científicos y los organismos políticos tomaran muy en serio la situación permitió adoptar medidas de protección. E, insisto, con gran éxito.
swissinfo: En su opinión, ¿la investigación en Suiza está suficientemente avanzada para afrontar y responder a emergencias como el mal de las vacas locas?
A.A.: En el ámbito de la investigación de las Ciencias de la Vida (biología, medicina), Suiza es seguramente uno de los países más adelantados en el mundo. El número de descubrimientos importantes en este país – con relación al número de habitantes – es, de hecho, más alto que en Estados Unidos.
Pero sería un gran error dormirse en los laureles, porque nuestro futuro bienestar depende, precisamente, de la calidad de la investigación, y de los avances científicos y tecnológicos. En este sentido, tengo miedo de que las cosas se desarrollen en una dirección errónea.
En términos de investigación, actualmente Suiza ya no es competitiva en el ámbito de las nuevas tecnologías. El país corre el riesgo de cerrarse demasiado y de pagar, en un futuro, las consecuencias.
Obviamente, en lo inmediato los recortes se traducen en menos gastos y algunos estarán incluso satisfechos de la medida. Pero, créame, nuestros hijos y nietos no nos agradecerán las decisiones que se adoptan hoy.
Entrevista swissinfo: Françoise Gehring
(Traducción del italiano: Belén Couceiro)
En Suiza, el primer caso de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) diagnosticado se remonta a 1990.
Desde 1990, se han registrado cerca de 200.000 casos de EEB en el mundo, de los cuales más de 190.000 en Gran Bretaña.
Con más de 450 casos, Suiza figura entre los países más afectados, pero también es el que adoptó las medidas más minuciosas para frenar la epidemia.
Unas 160 personas han fallecido a causa de la variante de Creutzfeldt-Jakob. En Suiza no se ha registrado ninguna muerte.
Nacido en 1960, Adriano Aguzzi cursó estudios de Medicina y Biología en Alemania, Suiza, Estados Unidos y Austria.
El investigador, de nacionalidad italiana, trabaja desde 1993 en la Universidad de Zúrich, donde asumió en 2004 la dirección del Instituto de Neuropatología.
Para sus trabajos sobre los priones, Aguzzi recibió en los últimos años numerosos e importantes reconocimientos internacionales, entre ellos el premio Robert Koch (2003) y el premio Marcel Benoist (2004).
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