No pudo ser: Suiza perdió ante Yugoslavia 1-2
Jugó bien y no mereció perder como perdió en el estadio St. Jacob de Basilea. Pero la inexperiencia y el exagerado entusiasmo suelen ser letales. Un error de Berner dio el empate momentáneo a los yugoslavos y la expulsión de Hakan Yakin selló la suerte de un plantel helvético que demostró espíritu combativo. Suiza queda al margen del Mundial 2002.
«Es duro perder así, pero a pesar del resultado, estoy satisfecho con el rendimiento del plantel» señaló el entrenador Köbi Kuhn a la televisión suiza al término del cotejo que echa por tierra las ilusiones de volver, después del de Estados Unidos, en 1994, a un torneo mundial.
A un equipo como el yugoslavo no se puede dar ventaja. Jugadores de la talla de Zesman, Milosevic o Mijatovic aprovechan la más mínima ventaja y pueden resolver un partido en cualquier momento.
Eso ocurrió este sábado en el St. Jacob Park, de Basilea. Dos minutos fatídicos, 39 y 63 costaron a Suiza el partido y la posibilidad de clasificarse en el Grupo Uno de Europa. Suiza comenzó dominando el trámite y aumentaba la sensación de gol.
Pase de larga distancia, desde unos 50 metros, baja Turkylmaz en área rival, levanta la mira, coloca el centro para la llegada de Hackan Yackiin… gol. Era el minuto 24. Reacciona Yugoslavia y el medio terreno dominado por Fournier, Vogel y Sesa retrasan sus líneas ante la insistencia adversaria.
Corre el minuto 38, el juvenil marcador Berner encara a Zesman, pierde el duelo y el atacante balcánico no tiene inconvenientes para entregar el balón a Milosevic que bate sin atenuantes a Pascolo. El reloj marcaba el minuto 39. La primera etapa concluía con un tanteador igualado.
«Un descuido se paga caro. Luego intentamos hacer todo lo posible, inútilmente», declaró Berner con notable tristeza en el rostro.
Expulsión ingenua
El equipo nacional suizo regresó al césped con la inequívoca intención de concretar el segundo tanto. Turkylmaz, Comisetti y H.Yackin aumentaban la presión frente al arco de Kiralj, cuando ocurrió lo inesperado.
Centro de la derecha, no logra cabecear Turkylmaz, arremete Hackan Yackin y al no poder empalmar con un frentazo empuja el balón con la mano. Error ingenuo, si consideramos que el atacante ya había sido amonestado con la amarilla. El juez francés Claude Colombo le mostró, como correspondía, la roja.
Este «lapsus» involuntario del autor del gol helvético dejó, en el momento más crucial, disminuido al plantel. Sin embargo es perdonable en la medida en que lo hizo impulsado, sin duda, por el deseo de ganar. Ese afán tuvo, desgraciadamente, el efecto contrario. Krizajic aprovechó la superioridad numérica y anotó el lapidario segundo tanto yugoslavo en el minuto 74.
Sacar enseñanzas
Más allá del resultado y de la tristeza que invade al seleccionado nacional, sobre todo a los dos jugadores desafortunados en este sábado 1 de septiembre, queda la conclusión de que Köbi Kuhn ha logrado formar un grupo humano solidario y un andamiaje futbolístico con buenos cimientos.
Trató, lamentablemente sin fortuna, de recomponer las piezas rotas recogidas de sus predecesores. Lo sensato es ahora, pasar hoja y respaldar el trabajo del Kuhn, cuya filosofía de continuidad se asienta en el buen humor y la disciplina.
Por lo demás, Rusia consolida su primera posición en la tabla del Grupo Uno de Europa, mientras Yugoslavia y Eslovenia, con 15 y 14 puntos respectivamente, pugnan por uno de los pasaportes al Mundial 2002 de Japón y Corea del Sur.
A Suiza le quedan los compromisos ante Luxemburgo y Rusia en esta eliminatoria que pasa a la historia con más pena que gloria.
Juan Espinoza
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