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Democracia digital Lo que Suiza puede aprender de Taiwán (y viceversa)

Audrey Tang

Aporta las ideas más interesantes al debate internacional sobre la democracia y las pone también en funcionamiento: Audrey Tang, ministra de lo Digital de Taiwán. 

(swissinfo.ch)

Para mucha gente Suiza es la “campeona mundial” de la democracia directa analógica. Pero este país tiene algunas dificultades con la digitalización. Véase si no el fracaso provisional en el tema  del voto electrónico. En cambio, Taiwán es el líder mundial en lo que se refiere a democracia digital y participativa. La conversación que sostuvimos con la ministra de lo Digital de Taiwán, Audrey Tang, se convirtió en un intercambio de ideas entre dos democracias líderes, en un ambiente de aprendizaje global.

Audrey Tang encarna una forma completamente nueva de hacer política: la ministra de lo Digital de Taiwán, de 38 años, es lógicamente miembro del gobierno, pero al mismo tiempo es también una activista cívica, filósofa y estrella internacional de la democracia 2.0. Ella representa una nueva generación que ya no persigue ingenuamente ni rechaza ideológicamente el progreso digital, sino que quiere definirlo y guiarlo.

“En lugar de construir una realidad virtual deberíamos construir una realidad colectiva”, afirma. “En lugar de centrarnos en un aprendizaje mecánico deberíamos concentrarnos en un aprendizaje colaborativo”.

Debate sobre la democracia en un punto caliente del planeta

“No deberíamos buscar la experiencia del usuario, sino la experiencia humana“, ese es su lema y principio. Lo que para muchos puede sonar ingenuo o idealista es la dura realidad en un lugar crítico del planeta. Tang forma parte del gobierno de un país reconocido cada vez por menos Estados. Allí se debate ahora intensamente sobre el grado de afiliación con China –que la considera una provincia renegada– y de la protección de la democracia.

Por eso, la presión por la innovación social y democrática en Taiwán es mucho mayor que en la vieja democracia suiza. SWI swissinfo.ch se reunió hace poco con Tang en su oficina de la sede del gobierno en Taipéi, capital de Taiwán, y comparamos con ella ambos sistemas políticos. El debate sobre el futuro de la democracia reveló cuestiones de importancia mundial, como por ejemplo, cómo proteger las plataformas digitales, quién tiene derecho a participar en el debate, o cómo dar seguridad digital a las ciudadanas y ciudadanos.

Gobernanza colaborativa

El objetivo no es replicar las jerarquías y las estructuras de poder en el mundo digital que se está formando, sino dirigirlas de manera activa. Por eso, Tang ya no habla de democracia electrónica sino de “CoGov”, es decir, de gobernanza colaborativa. Tras este término (CoGov) subyace la idea de una gobernanza compartida como un “servicio público de colaboración”. Todos son iguales y todos tienen derecho a intervenir, desde la ministra hasta el adolescente aún sin derecho a voto.

En lugar de “ciudades inteligentes” necesitamos “ciudadanos inteligentes”, este es el mensaje central.

Audrey Tang: una figura extraordinaria

A los 15 años dejó la escuela para fundar varias empresas emergentes (start-ups) como programadora. Aquellas experiencias como parte de la comunidad internauta y la idea de un gobierno por internet, compuesto por numerosos agentes interesados, la han caracterizado hasta hoy día.

La masacre de Tiananmén, Pekín, en 1989, también jugó un papel importante.

A principios de 2013, Tang se convirtió en miembro de Gov Zero (gOv), hasta hoy un influyente movimiento de hackers cívicos en Taiwán. Según la definición de Tang, estos son “programadores de orientación política con alma de activistas”.

Hace tres años, la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, le invitó a formar parte de su gobierno como ministra de lo Digital, primer cargo de este tipo en todo el mundo. Anteriormente, había trabajado tres años con ella como mentora de jóvenes.

La mezcla de una personalidad visionaria y pragmática hace de Tang una embajadora a la que se consulta desde otros países para el desarrollo de la democracia digital, participativa e inclusiva. En 2019 ha publicado en distintas revistas y diarios algunos artículos y colaboraciones, entre otros, en el New York TimesEnlace externo y en The EconomistEnlace externo.

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Las plataformas digitales TaiwánEnlace externo y JoinEnlace externo, esta última para propuestas a nivel gubernamental, son, por lo general, los “impulsores de temas” en Taiwán.

Una breve comparación con Suiza: el cantón de Basilea-Ciudad ha sido el primero en ensayar la introducción de una plataforma digital para la recogida de firmas en los referendos e iniciativas populares.

Los datos demuestran que el sistema funciona

Desde su puesta en marcha hace tres años, se han inscrito solo en Join más de diez millones de usuarios. “Cuando casi la mitad de la población de Taiwán se encuentra registrada en una plataforma de intervención, no se puede hablar ya de participación electrónica sino simplemente de CoGov”, afirma Tang.

En octubre se presentaron y tramitaron en Join más de cien peticiones y más de un centenar de denuncias reglamentarias. Eso fue materia de debate para cerca de 2 000 proyectos gubernamentales. La mayoría de los temas se referían al ámbito de la atención sanitaria, los equipamientos médicos y las  viviendas sociales.

Las autoridades van hacia los ciudadanos y no al revés

Cada ministerio dispone de un equipo de “funcionarios de participaciónEnlace externo”. Su tarea consiste en tomar el pulso a los encuentros mensuales que se realizan con los ciudadanos y de este modo poder identificar problemas en una etapa temprana. Los ciudadanos son desde el primer momento parte activa de la agenda política.

Por ejemplo, en septiembre de 2019 la prohibición de la cría de cerdos para un concurso tradicional en el que se elegía al cerdo con mayor peso. Se cebaba a los animales hasta tal punto que apenas podían moverse. Otro tema fue la exigencia de un enfoque profesional para el acoso sexual en las escuelas.

Cada quince días Tang viaja a las distintas regiones de la isla. La ministra se asegura en cada localidad de que los residentes puedan exponer sus preocupaciones y problemas ante responsables de los ministerios en Taipéi a través de una conexión vídeo de alta velocidad. Además, todos los miércoles Tang dedica unas horas a los ciudadanos, que desde las 10:00 a las 22:00 pueden exponerle cara a cara sus problemas y preocupaciones.

Buscar puntos en común en vez de aumentar el enfrentamiento

Funciona de la siguiente manera: las colaboraciones abiertas permiten a todos los participantes identificar puntos comunes para una colaboración. De esta manera, los participantes se convierten en socios con objetivos comunes. “Lo importante es el diseño del procedimiento normativo”, asegura Tang.

Este es un proceso bastante sencillo. Tang lo explica con el ejemplo de una petición electrónica para la eliminación gradual de las pajitas de plástico. Alguien con el seudónimo “Adoro al elefante y el elefante me adora” lanzó esta petición que, en un abrir y cerrar de ojos, obtuvo el apoyo necesario de 5 000 personas.

Para sorpresa de todos, la solicitante con el pseudónimo del elefante era una colegiala de 16 años. La iniciativa solicitaba la prohibición de las pajitas de plástico en los restaurantes. La joven se sentó en una mesa con todas las partes interesadas, es decir, representantes de la política, la administración y del sector privado afectado. El objetivo era hallar un consenso para implementar una norma. Finalmente, los empresarios acordaron producir pajitas para beber a partir de recursos renovables.

El consenso aceptado hace innecesaria la ley

Hoy, año y medio más tarde, las pajitas de plástico han desaparecido del interior de los restaurantes. Al menos, en la capital, Taipéi. Y los establecimientos de comida para llevar también han empezado a ofrecer pajitas de cartón o de caña de azúcar. Por lo tanto, no es necesario dictar ya ninguna ley porque, según Tang, la mayoría de las veces basta con un pequeño reglamento que ha sido resultado de un proceso de consenso.

Taiwán, un centro de atención

A finales de 2019 swisinfo.ch crea un pequeño foco de atención sobre Taiwán.

El punto de partida es, por un lado, un proyecto de intercambio con periodistas y colegas de Taiwán y, por otro, el Foro Mundial 2019 para la democracia directa y la participación ciudadana, que se celebró en octubre pasado en Taipéi y Taichung.

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En cambio, en Suiza los ciudadanos hasta ahora han actuado normalmente solo como correctores de las iniciativas políticas. Para Tang, el intento del legislador de dictar en primer lugar una ley que prescribe el modo de proceder se convierte a menudo en “una contienda”, porque la discusión conduce al enfrentamiento. “En las democracias liberales, el mayor riesgo es un enfoque de arriba abajo”.

Es necesario ponerse al día con la democracia directa analógica

No obstante, Taiwán tiene también necesidad de aprender a toda prisa. Para mucha gente, las primeras votaciones de iniciativas populares en 2018 fueron un fracaso. Por un lado, el debate público se limitó a 28 días, y por otro, la fecha de la votación coincidió con elecciones regionales. Eso produjo bastante desconcierto, pues algunas iniciativas procedían de candidatos electorales. Según Tang, “en esto tenemos que aprender más de Suiza”.

Tang es consciente, no obstante, de los peligros de la democracia digital. Considera aún prematuro el traslado de la toma de decisiones al mundo digital. “No hacemos elecciones electrónicas para los puestos de alcalde o de presidente. No, eso no lo hacemos” afirma. El peligro de que se produzcan ilegalidades es todavía muy grande.


Traducción del alemán: José M. Wolff

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