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Varios ciudadanos hacen cola para votar en Mandalgovi, en el desierto del Gobi, Mongolia, el 29 de junio de 2016

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Los mongoles eligen este miércoles a sus diputados en un clima de creciente desconfianza hacia los políticos, que no han sabido explotar los colosales recursos mineros de esta joven democracia.

Las elecciones se resumen en un duelo entre el Partido Democrático (PD, en el poder) y el Partido del Pueblo Mongol (PPM), principal formación opositora, en un contexto de crisis económica, con un crecimiento que pasó del 17% en 2011 al 2,3% en 2015.

Las dos formaciones multiplicaron las promesas de desarrollo pero sin proyectos concretos, sobre todo en los dos ámbitos que más preocupan a la población: la educación y la salud.

A las afueras de la capital, Ulán Bator, los camiones recorrían las estepas cargados con urnas móviles para recoger los votos de los enfermos y ancianos.

Los pastores y otros votantes rurales votaron en yurtas convertidas en colegios electorales para la ocasión.

La familia de Pagvajaviin Shatarbaatar tardó siete días, con sus más de 2.000 ovejas y cabras, en llegar a una de ellas, en la provincia de Dundgovi (centro este).

"Queremos políticos responsables con la gente, al igual que nosotros somos responsables con nuestros animales", afirma su mujer Otgontsetseg. El matrimonio votará por el partido Xun, compuesto mayoritariamente por reformistas formados en el extranjero.

-'Codiciosos'-

En mayo, el Tribunal Constitucional mongol modificó el modo de elección de los 76 miembros del Parlamento, pasando de un sistema proporcional a uno mayoritario.

Una medida que reduce drásticamente las posibilidades de los partidos pequeños y refuerza al PD y al PPM, sospechosos de haber conspirado para repartirse el poder.

"Las políticas gubernamentales van por mal camino", denuncia Otgontsetseg, porque "los más codiciosos tienen el poder".

Pese a los esfuerzos de las autoridades por permitir votar al conjunto de la población, incluso en las zonas aisladas, el entusiasmo de los habitantes ha declinado desde la revolución de 1990, que puso fin al yugo soviético.

La participación cae en cada una de las elecciones, una tendencia atribuida por los expertos al escepticismo creciente respecto a los políticos, en una Mongolia calificada recientemente de "oasis de la democracia" por el secretario de Estado estadounidense, John Kerry.

"Con la continuación de la crisis económica hay una falta de confianza considerable en el sistema político", declaró a AFP Morris Rossabi, experto en Mongolia de la Universidad de Columbia.

La población está desengañada por la gestión y la desaceleración económica. Muchos declaran temer una espiral de violencia como la que estalló en 2008 entre sospechas de fraude electoral.

- 'Statu quo' -

Los políticos "deben cumplir todas sus promesas", afirma Ganbaatareen Jargal, un obrero de la construcción de 25 años. Es ingeniero de minas, pero se ve obligado a trabajar en las obras debido, según él, a la incapacidad del Gobierno para desarrollar los recursos naturales.

La desaceleración del crecimiento en China, su principal socio comercial, hizo caer la demanda china de materias primas mongolas, sobre todo del carbón y el cobre.

Las discrepancias políticas sobre la propiedad y el precio de los recursos también frenaron la explotación.

Según un estudio de la organización estadounidense International Republican Institute (IRI), más del 60% de los mongoles estima que "el país va por mal rumbo".

Algunos dicen que se resignan a votar por el partido más apto para generar empleo y desarrollo económico, pero otros optan por el statu quo por considerarlo más eficaz.

"Votaré por el Partido Democrático" en el poder, explica Jargal, un albañil. "Si gana otro partido, (...) este acusará al Partido Democrático de haber hecho todo al revés y volverá a empezar de cero. Y perderemos otros cuatro años".

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AFP