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Americanistas suizos Bogotá: de la sombra de la guerra al esplendor mundial

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos (izq) recibe a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, en la Casa de Nariño (10.02.15). Bogotá ha abierto su agenda diplomática desde la llegada de Santos a la Presidencia del país.  

(AFP)

Al timón de Colombia desde hace cinco años, los dos últimos con la proa en dirección de la paz, Juan Manuel Santos consolida la posición de su país en el contexto internacional y lo ubica en la vía para recuperar su rol esencial en la integración latinoamericana, según la Sociedad Suiza de Americanistas.

“De lograrse la paz con las FARC, Colombia volvería a constituirse en eje de la integración andina y caribe, y en uno de los ejes de la integración latinoamericana”, señala Juan Fernando PalacioEnlace externo, autor del artículo ‘De la fragilidad al ‘respice omnia’, 20 años de política exterior de Colombia’.

El análisis del investigador de la Universidad EafitEnlace externo, de Medellín, y doctorando de la Universidad de San Gall,Enlace externo forma parte de la más reciente publicación de la Sociedad Suiza de Americanistas, consagrada al país andino. Enlace externo

Explica el economista que, a diferencia de lo que sucedió en años precedentes, según los momentos históricos y los estilos presidenciales, con la aplicación del ‘respice polum’, o el ‘respice similia’, el actual Gobierno de Bogotá diseñó una política exterior con base en el “respice omnia’.

Dicho de otra manera, de la tendencia a mirar al polo, al Norte, de privilegiar la relación con Washington y alinear férreamente la política exterior colombiana a la estadounidense, o de aquella a mirar a los semejantes, con una relativa distancia del coloso del Norte, Santos impulsa una diplomacia con un enfoque multilateral y una relación “constructiva” con la Casa Blanca.

Un plano interno en crisis

Según el análisis del investigador colombiano, el final de la Guerra Fría era el buen momento para la aplicación del ‘respice omnia’; no obstante, se produjo de una manera tardía, toda vez que la difícil situación interna atrajo el concurso de los mayores esfuerzos y llevó a desdibujar la política exterior.

Precisa el también miembro de la Asociación Suiza de Americanistas que a la llegada de Santos a la Casa de Nariño (2011), la situación era otra.

El capítulo de “extrema fragilidad” del país había sido superado, con lo que el nuevo presidente tenía más margen para actuar en el ámbito de la diplomacia.

Más aún, el exministro de Defensa del presidente Álvaro Uribe asumía las riendas de la nación con una visión diferente que se tradujo en la desactivación de las tensiones creadas entre su predecesor y los países vecinos (Venezuela y Ecuador) y en la participación de Bogotá en las iniciativas regionales de integración.

Lo anterior, sin desmedro de los vínculos con Washington, que alcanzaron un momento especial con la firma del TLCEnlace externo, empantanado durante cinco años; la afirmación de las relaciones con Europa, y la apertura de nuevas asociaciones comerciales con países como Japón, Corea del Sur, Turquía, Rusia y Singapur.

Con China, detalla el investigador, ha habido intentos de acuerdos comerciales, que se han visto frenados por la tradición proteccionista del país andino. “Eso todavía no ha avanzado, pero lo importante es el deseo del presidente colombiano de integrarse con América Latina y de integrarse con el mundo”.

La paz, vital dentro y fuera

“Diciéndolo sin ambages, si se lograse eventualmente la paz con las FARC, la capacidad de liderazgo de Colombia en los Andes y en el Caribe alcanzaría un ‘momentum’”, además de que permitiría un mayor énfasis en los vínculos a escala internacional, subraya el investigador en su estudio.

En entrevista con swissinfo.ch, narra que “un diplomático me dijo recientemente: ‘Firmar el acuerdo de paz es como si Colombia se pusiera un letrero fluorescente y le dijera al mundo ¡Bienvenidos!’”.

Un tal convenio con la insurgencia, no solo tendría un efecto concreto, vital, para el futuro del país, sino también uno muy grande en el plano internacional, agrega. A guisa de ejemplo, refiere los estudios que han estimado un aumento de la inversión, tanto nacional como extranjera, con un impacto en el crecimiento económico de uno o dos puntos porcentuales.

Considera que el acuerdo por la paz también haría que Colombia, con la experiencia del conflicto, pudiera convertirse en un modelo interesante y en un país que podría ayudar y servir de intermediario para otros procesos parecidos en la región.

“Hay que pensar en países como México, que están teniendo problemas muy parecidos a los colombianos de cuenta del narcotráfico y que, por ende, se podrían servir de un acompañamiento oportuno del Gobierno colombiano”, precisa nuestro interlocutor.

Empero, recuerda que las negociaciones de La Habana Enlace externono han terminado y que la firma de un acuerdo tampoco significará el fin del proceso.

Los retos postconflicto

“La Colombia del postconflicto no es del todo una Colombia feliz”, advierte. “Es una Colombia que tiene mucho trabajo. Últimamente esta bella frase se repite: ‘Una cosa es firmar la paz y otra es construir la paz’”.

Y para ello, explica el investigador, será menester mucho tiempo, muchos recursos y “un grado enorme, enorme de reconciliación social que no es nada fácil en un país, que ha vivido en conflicto durante tantos años y que por ende, ha vivido en una enorme polarización”.

Lo anterior, no solamente derivado del conflicto en sí mismo, sino de la desigualdad social en el país “que se refleja en que no nos reconozcamos entre nosotros, en que tengamos dificultades para identificarnos como colombianos, porque simplemente no nos conocemos. No se conocen los de la clase alta y los de la baja, eso crea una gran desconfianza, y una gran resistencia”.

Para Fernando Palacio, una de las tareas del postconflicto será crear puentes que contribuyan a disminuir la desigualdad, pero también “crear lazos sociales que puedan reparar heridas y permitan una reconciliación nacional y una mayor identificación nacional”.  

Colombia  hoy

La Sociedad Suiza de Americanistas (SSA), integrante de la Academia Suiza de Ciencias Sociales y Morales, dedica su edición más reciente al país andino.

Claude Auroi, profesor honorario del Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo de GinebraEnlace externo, y presidente de la SSA explica:

“La idea es mostrar algo más que los aspectos vehiculados abundantemente por la prensa. Es decir, temas relacionados con la historia, la cultura y la diversidad del país”.

“Nuestro intento es dar un panorama de varios aspectos de la Colombia actual, pero sin perder de vista una visión histórica ni los acontecimientos que han llevado al (frágil) equilibrio social actual. No se trata sin embargo de dictar un curso de Historia, sino de comprender el curso de las historias”.

‘Colombia hoy, cambios constitucionales y procesos de paz’ reúne artículos sobre la Constitución vigente desde 1991, que introdujo cambios fundamentales, (Jesús Botero /Liliana Soler) así como un recapitulación de la violencia y los procesos de paz (Enzo Nussio/Jean-Pierre Gontard).

Incluye igualmente un análisis de la política ambiental y un capítulo dedicado a los “nuevos legados culturales” , más precisamente, un calidoscopio de la literatura (Roberto Burgos), la música (Stefania di Iulio) y el espacio intercultural denominado ‘maloca’(Diego Escobar).   

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