Camboya lanza una campaña contra las estafas digitales que expertos tachan de fachada
Uxía Pérez
Bangkok, 24 feb (EFE).- Camboya, epicentro de las ciberestafas digitales, ha emprendido una campaña oficial contra los centros dedicados a estas actividades ilícitas, sin embargo, ONG e investigadores advierten que el operativo podría responder a una estrategia gubernamental y no reflejar un desmantelamiento real de las redes criminales.
En estas instalaciones, controladas por mafias -muchas de origen chino-, trabajadores, voluntariamente o engañados, ejecutan sofisticados engaños bajo coacción extrema y en ocasiones sometidos a torturas y vejaciones, a veces hasta la muerte, según han denunciado la ONU e investigaciones independientes.
Se trata de fraudes multimillonarios que afectan a personas de todo el mundo y que, tras centrarse inicialmente en objetivos de China, en el último año han puesto el foco también en España y Latinoamérica.
En medio de las crecientes críticas internacionales, Nom Pen ha lanzado últimamente mensajes para subrayar su lucha contra las mafias.
Este mes dijo que, desde 2023, más de 48.000 extranjeros vinculados a ciberestafas han sido deportados, y que otros 210.000 salieron del país de manera voluntaria. En la misma línea, las autoridades camboyanas afirmaron haber desmantelado cerca de 190 centros y detenido a más de 3.500 personas en menos de dos meses.
Asimismo, el ministro de Información, Neth Pheaktra, aseguró que su país está redactando una ley para luchar contra el fraude digital y «mejorar la eficacia en la prevención, supresión y represión de las estafas en línea».
Una fachada
Sin embargo, quienes trabajan en el terreno alertan sobre una tendencia diferente.
«Los autores intelectuales y operadores de las estafas no han sido arrestados. La industria funciona en redes y, sin acciones reales y transparentes, la represión es solo una fachada que no implica acciones serias ni podrá ser efectiva», señaló a EFE Dy The Hoya, del Centro camboyano para la Alianza de los Derechos Laborales y Humanos.
En enero, Camboya repatrió por primera vez a uno de los grandes rostros visibles de las ciberestafas, el magnate chino Chen Zhi, líder del conglomerado Prince Group, con sede en Camboya y señalado por EE.UU. como el principal responsable de una red transnacional de fraude y juego ilegal.
Expertos dicen no obstante que se trata de algo excepcional, y que muchos otros capos siguen operando bajo connivencia de las autoridades.
«Las figuras más poderosas e históricamente intocables del Gobierno camboyano han mostrado vínculos con esta industria desde hace mucho tiempo, y cualquier represión genuina comenzaría necesariamente con su detención. Esto incluiría, en particular, al ex primer ministro, a varios miembros de su familia y a sus socios comerciales más cercanos», indicó a EFE Jacob Sims, especializado en delincuencia transnacional en el Sudeste Asiático e investigador en la Universidad de Harvard.
Activistas subrayan también los riesgos de la investigación del crimen organizado. Según la alianza World Liberty Congress, con sede en Berlín, en los últimos meses al menos cuatro periodistas camboyanos han sido arrestados y acusados de investigar las redes de ciberdelincuencia.
El Gobierno de Nom Pen, controlado con puño de hierro por el Partido Popular de Camboya (CPP) desde hace casi medio siglo, mantiene una estrategia basada en operaciones policiales, que las organizaciones internacionales ponen en duda por su escasa eficacia.
Según Amnistía Internacional, más de dos tercios de los complejos identificados siguieron operando después de las redadas y los rescates policiales.
En este sentido, a principios de febrero, investigadores de la Universidad de Melbourne advirtieron que, pese a los cierres, siguen circulando ofertas de empleo en la aplicación de mensajería Telegram en Camboya.
Según pudo corroborar EFE, esos mismos grupos también ofrecen trabajo en países como Turquía o Ucrania, lo que sugiere una expansión de la actividad a otras regiones.
De la misma forma, The Hoya sostiene que «el número de víctimas que han sido devueltas a sus países aún es reducido porque algunas se han mudado a otras provincias de Camboya (…) Y algunos se han mudado a otros países como Myanmar y Laos, pero no muchos».
Los centros que ya han sido desarticulados se extendían por varias provincias fronterizas y costeras, así como en la capital. Nacieron vinculados a la industria de los casinos en el Sudeste Asiático, pasando al ecosistema digital tras la pandemia, para convertirse en uno de los negocios más lucrativos de la región, generando entre 50 y 70 mil millones de dólares anuales según estimaciones de expertos. EFE
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