Cientos de desplazados marroquíes por el temporal no pueden volver a casa en pleno ramadán
Mohamed Siali
Hemamsa/Cherraqa (Marruecos), 24 feb (EFE).- Casi un mes después de las inundaciones que sacudieron el noroeste de Marruecos, cientos de familias de la provincia marroquí de Kenitra resisten en un campamento a 55 kilómetros de Rabat en pleno mes de ayuno del ramadán porque sus hogares siguen anegados en lodo.
Los desplazados por el temporal de esta zona, entre ellos ancianos, mujeres y niños, siguen viviendo con su ganado en un campamento improvisado, con tiendas de campaña distribuidas por las autoridades, cocinan con hornillos de gas y han levantado letrinas tapadas con plásticos.
Comenzaron a llegar a Hemamsa el pasado día 1, huyendo con sus rebaños de las crecidas del río Bahat, un afluente del Sebou, que nace en las laderas de la cordillera del Rif y desemboca en el Atlántico. Proceden de aldeas como Cherraqa y Bahiet, a unos 35 kilómetros del campamento, donde casas de adobe y carreteras siguen inundadas por agua y barro.
Sin luz ni agua
Las autoridades han distribuido una tienda por familia, sin importar el número de miembros, lo que obliga a los afectados a dormir hacinados y sin intimidad, denuncian los desplazados.
Los niños juegan donde las mujeres lavan utensilios para preparar el ‘iftar’ (el plato de la ruptura del ayuno del mes sagrado de ramadán), tienden ropa o alimentan vacas, ovejas y aves, entre las tiendas.
«Aquí nos cortaron el agua y la luz, y en mi aldea es peor: mi casa y el camino están hundidos en el barro», denuncia Mohamed Habach, de 50 años, agricultor llegado de Cherraqa con su familia y rebaños tras recorrer 33 kilómetros.
Siete de sus ovejas murieron en el trayecto y cuatro hectáreas de cebada y alfalfa quedaron arrasadas. «Nadie nos ha contactado para indemnizarnos», lamenta, y reclama prioridad para arreglar la carretera a su aldea: «Solo pedimos abrir el camino para volver a casa».
Habach y otros se beneficiaron inicialmente de electricidad y depósitos de agua potable, pero las autoridades los retiraron para obligarlos a volver a sus casas, denuncian.
Fatna, también de Cherraqa y en la cincuentena, añade: «Ya sufríamos caminos destruidos en cada invierno, muchos niños dejaron la escuela por eso».
Lodo hasta la rodilla
Said al Qasimi, de 50 años y de Bahiet, vive con su mujer y cuatro hijos en una tienda de diez metros cuadrados, dividida entre cocina y dormitorio. «Nos dicen que volvamos, pero el barro nos llega a las rodillas dentro de nuestras casas. No tenemos adónde ir», afirma.
EFE constató el aislamiento de Cherraqa por carreteras cortadas y visitó Bahiet, donde caminos secundarios llenos de baches conectan la población con la nacional 1. Casas de adobe y calles aparecían invadidas por el lodo, y agricultores viviendo en tiendas de campaña en superficies más secas.
Algunos de los afectados que han logrado volver trabajan para extraer el barro de sus viviendas, sin ayuda de las autoridades.
Idris, de 50 años, regresó solo desde el campamento para inspeccionar su hogar en Bahiet: «El reto son los niños. Si vuelven, corren peligro por el barro y el caudal del río», dice.
El camino y la casa de Idris están cubiertos por hasta 20 centímetros de lodo. Cerca, la escuela primaria Hassan ibn Tabet sigue con su patio inundado.
Otras aldeas de Kenitra, como Uada, Baghila y M’hayba, siguen sufriendo por la acumulación de barro y daños viales, impidiendo el retorno total de sus habitantes.
Kenitra es una de las cuatro provincias -junto a Larache, Sidi Kacem y Sidi Slimane, en el norte y oeste del país- declaradas por el Gobierno marroquí como «zonas siniestradas». El Ejecutivo también aprobó un paquete de unos 276 millones de euros destinado a apoyar a los ciudadanos y agricultores, así como a rehabilitar las infraestructuras y servicios básicos en las provincias afectadas.
Las fuertes lluvias provocaron cuatro muertos, la inundación de más de 110.000 hectáreas y el desplazamiento de 188.000 personas en las cuatro provincias.
El pasado día 15, Marruecos autorizó el regreso gradual de los desplazados, tras constatarse una mejora progresiva de las condiciones meteorológicas, aunque algunas aldeas como Cherraqa y Bahiet siguen inhabitables. EFE
ms/mar/crf
(foto) (vídeo)