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Angélica Liddell: "Bush, Aznar, Blair eran bufones"

'El año de Ricardo', obra de Angélica Liddell. teatro-pan.ch / francesca paraguai

Chile, Israel, Italia, Rusia, Suiza, España y Grecia estuvieron presentes en el 20º Festival Internacional de Teatro, que concluyó este domingo en el cantón del Tesino. Entre las representaciones teatrales destacó ‘El año de Ricardo', de la actriz y dramaturga madrileña Angélica Liddell.

Este contenido fue publicado el 31 octubre 2011 - 15:18
Lupita Avilés, Lugano, swissinfo.ch

La obra  inspirada en el personaje de Shakespeare ‘Ricardo III’ transporta las características universales de aquel tirano sin tiempo al mundo de hoy.

swissinfo.ch: Para su nombre artístico ha escogido usted el apellido de la niña que inspiró Alicia en el país de las maravillas...

Angélica Liddell: Sí, es un libro que me apasionó, y también el hecho de que ese reverendo haya escrito un libro a una niña con falta de cariño. Mi misma carencia de cariño me hizo pensar: Ojalá ese libro me lo hubiera escrito a mí ese reverendo. Alicia era una niña incómoda, que crecía en un sitio donde no podía crecer, donde había que ser ya grandes. Alicia se encuentra con obstáculos, los supera... Me atraía mucho, hasta fui a Oxford, donde ellos se habían conocido, y encontré parecido entre el físico de Alicia y mi físico de entonces.

swissinfo.ch: El Ricardo III de Shakespeare es un personaje completamente negativo. ¿Cree que en algún momento llegue a dudar de sí?

A.L.: No, no es que él dude, nos hace dudar a nosotros. El milagro de Shakespeare con Ricardo es que a pesar de ser un maligno, deforme por dentro y por fuera, nos está diciendo la verdad, y nos da las pautas sobre el alma humana. Lo que me atrae es tratar a Ricardo como hombre, no como un cliché del mal, ver a través de él hasta dónde llegan las posibilidades de lo humano. En este sentido es muy posible que él nos haga dudar. Escribí El año de Ricardo por una necesidad imperiosa de hablar de quienes estaban gobernando el mundo por aquel entonces: Bush, Aznar, Blair, de cómo invadieron ilegítimamente Afganistán.

Eran bufones como puede ser ahora Berlusconi, y los bufones son peligrosos. Intento también hablar a la sociedad, porque esas personas fueron elegidas democráticamente para luego utilizar, como Ricardo, los mecanismos del poder acordado y abusar de éste para infligir sufrimiento. Utilizo a Ricardo para hablar del mundo, del hecho de que hay una economía que está por encima de la democracia.

swissinfo.ch: Ricardo es una obra moderna. El protagonista, en los apartes, se codea con el público, buscando su complicidad, ¿usted busca la complicidad de su público?

A.L.: Sí, busco la complicidad del público para que se dé cuenta de que cada país tiene su Ricardo, que sepan que existe la maldad para que puedan enfrentarla. Busco una complicidad, un entendimiento a través de la ética y la estética, lo hago con todo mi empeño y toda mi alma.

swissinfo.ch: Usted ha recibido muchos premios. ¿Esto no la compromete, no le pone límites?

A.L.: Es verdad que las instituciones aglutinan, que hay una línea sutil entre el artista y el poder, pero a mí los premios me han servido solo para pagar el alquiler y no he escrito nunca para ganar premios, sino que me han dado premios por lo que he escrito. Con la visibilidad es normal que se llegue a depender de las instituciones para poder moverse o mostrar el propio trabajo, pero eso no quiere decir que el trabajo se resienta. A veces la condición de marginalidad te impide la libertad -lo sé porque yo pasé por ahí- inhibe el desarrollo de tu trabajo. Pero aunque las relaciones con la institución sean complejas, no siempre son negativas.

swissinfo.ch: ¿Por qué la trilogía lleva el subtítulo Actos de resistencia contra la muerte?

A.L.: Se me imponía por un asco generado por la injusticia. Era para mí la manera de tratar de hacer justicia gracias a la belleza o a la dramaturgia, pero eso me causó también una gran frustración. Me explico: Sabemos de los emigrantes que se ahogan junto a las costas de España, no sabemos cuántos millares llegan, entonces hay un momento en el que el asco se te impone, se impone el horror y necesitas hacer algún tipo de justicia, resistir contra la muerte....

Al mismo tiempo la trilogía me causó grandes dudas: No se puede salvar a nadie, y además, ¿por qué hablar en nombre de otros? ¿Tengo yo derecho a hablar de un africano ahogado? No estoy ahí en el Estrecho (de Gibraltar), o de cooperante en África. Por eso ahora he vuelto a hablar de lo interno, de la parte profunda del ser humano. Pero en aquel entonces, cuando escribí la Trilogía, era porque ya no podía levantarme de la cama, ir a desayunar y leer el periódico, ya no podía asumir más horror...

swissinfo.ch: Bueno, pero tiene sentido hablar de estas cosas, porque cuando usted habla mucha gente la escucha...

A.L.: Sí, porque lo que leemos en el periódico es solo información y, en cambio, cuando eso lo trasladamos a un escenario y lo transmitimos en plena conciencia, lo transformamos en otra cosa a través de la estética. La estética no es lo bonito, la estética se da cuando algo se crea de la nada, y si lo creamos en compañía de la ética, todo tiene mayor valor.

El año de Ricardo

La obra está inspirada en la figura de Ricardo III, de Shakespeare.

La reencarnación de Ricardo serán Bush, Aznar y Blair durante la guerra de Irak y la invasión de Afganistán, con alusiones a acontecimientos como la Segunda Guerra Mundial y la última mitad del siglo XX.

Angélica Liddell pone en escena la abyección, los excesos y la decadencia del poder.

Una realidad que se muestra a través de la vida doméstica  cotidiana, aparentemente inocua del tirano y en la que, sin embargo, no existe pulsión, capricho del cuerpo o del alma que no llegue a satisfacerse una y otra vez, hasta llegar al tedio, al cansancio profundo del ser y del estar vivo, hasta el punto que Ricardo termina gritando: “¡Qué suceda algo más fuerte que mis deseos de morir!”

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Compañía chilena

El Festival Internacional de se celebró del 21 al 30 de octubre en las ciudades tesinesas de Lugano, Chiasso y Bellinzona que acogieron a numerosas compañías internacionales.

Entre ellas la Compañía Teatrocinema de Chile, que presentó en Lugano, Gemelos. Se trata de la puesta en escena de la novela Le Grand Cahier, de la escritora suizo-húngara Agota Kristof, recientemente desaparecida.

La obra habla la vida infantil pisoteada por la guerra y por la insensibilidad de los adultos, del ingenio y del instinto de supervivencia, de la poesía del amor, de la tolerancia, de la venganza y la inocencia.

Dos actores y una actriz dan cuenta de una historia con otros varios personajes gracias a la profesionalidad, a la fantasía, al sentido de la escena y de los recursos escenográficos que son capaces de hacer valer.

Hay gestos, máscaras, escenarios, miniaturas de madera y de trapo, uso de materiales y de ficciones; los tres son capaces de bailar, cantar, mimar y recitar estupendamente.

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