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Dos disparos reactualiza un cine argentino vigente

Escena del largometraje Dos Disparos, producción del argentino Martín Rejtman, en la pugna por el Leopardo de Oro. pardolive.ch


En un Locarno con salas desbordantes y la Plaza Grande casi cotidianamente repleta -pese a las lluvias veraniegas-, el Festival de Cine alcanzó un récord de más de 8.400 espectadores en la apertura (06.08) y entra en su parte decisiva, que incluye la proyección de Dos disparos.

Este contenido fue publicado el 11 agosto 2014 - 11:00
Sergio Ferrari, Locarno, swissinfo.ch

¿Una comedia con un componente dramático o un drama con condimentos humorísticos? Dos disparos en un poco todo eso, según lo explica su realizador, Martín Rejtman, en entrevista con swissinfo.ch.

“Comencé con lo dramático para avanzar en lo humorístico. No pienso mucho en el género de lo que escribo ni de mis guiones. Tanto en el cine como en la literatura hago lo que me place”, explica. Privarse de ese gusto sería privarse de la esencia misma de su trabajo, subraya.

Décimo de los diecisiete largometrajes que se disputan el Leopardo de Oro a ser proyectado – y último de los tres filmes latinoamericanos en esta selección- , Dos disparos significa la continuidad misma de Rejtman, uno de los padres fundadores del Nuevo Cine Argentino en los años 90.

Es su cuarta presencia  desde 1992 en el Festival de Cine de Locarno.Enlace externo Sus largometrajes anteriores Rapado (1992); Silvia Prieto (1999) y Los Guantes Mágicos (2003) compitieron en tres distintas ediciones por la presea mayor. En 2007, llegó de la mano de su documental Copacabana.

El otrora Nuevo Cine Argentino

Martin Rejtman fue uno de los precursores de una corriente o movimiento que nació a inicios de los años noventa y a la que se denominó Nuevo Cine Argentino.

Se trató de jóvenes realizadores independientes, entre los que estaban Pablo Trapero, Lucrecia Martel, Lisandro Alonso, Bruno Stagnaro, entre otros. Sus obras explotaron en festivales internacionales renovando la cinematografía comprometida de los primeros años posteriores a la dictadura, promovida por reconocidos realizadores como Pino Solanas, Luis Puenzo, Adolfo Aristarain, María Luisa Bemberg, entre otros.

¿Cine despolitizado como contraposición al arte comprometido en Argentina de los ochenta? En esa época había dos visiones. Los que entendían que la película debía vehicular una visión política, y aquellos que acentuaban más el concepto del cine como arte. “Pienso que el Nuevo Cine Argentino liberó ese camino previo con otro concepto de libertad. Más libertad de creación, lo que para mí implica también una forma de más libertad para concebir la política”.

Rejtman no acepta que aquella corriente del Nuevo Cine, haya muerto, como lo sentencian diversos críticos y medios. “Todos los realizadores de entonces seguimos produciendo; estamos vivos” y vienen detrás otros tantos jóvenes que producen obras importantes, sentencia.

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Una comedia “sin amor ni muerte”

El director y literato argentino reivindica con cierta emoción  esa relación histórica de más de veinte años que lo unen a este festival.

Una fidelidad que se expresa en que la primera presentación mundial de su último largometraje sea justamente en Locarno. Exhibición que abre la carrera de un filmeee que, en tanto coproducción argentina, chilena, alemana y holandesa tiene asegurada ya una amplia distribución en los próximos meses, tanto en salas comerciales de diversos países europeos como en diversos festivales internacionales. Y  en Argentina misma, donde su estreno está previsto para el próximo 9 de octubre.

Para el realizador argentino, el intento fallido de matarse del joven Mariano, de apenas 16 años, implica un “arranque crudo, que corresponde a una historia real”, de un guión que luego se abre -tal como un árbol que crea cada día ramas nuevas-, en variadas escenas paralelas de la vida de sus familiares y sus mundos extendidos.

Mariano no muere. Pero está convencido de que una de las dos balas permanece en su cuerpo, provocando una particular secuela: producirle una falsa doble nota cuando toca la flauta en su cuarteto de viento.

Una película donde no aparecen significativas expresiones de amor. “Aunque tampoco aparece la muerte”, replica Rejtman, reivindicando ese ir y venir entre drama y humor que marcan el ritmo de su más reciente producción.

Sociedad incomunicada

Rompiendo con la fama de un pueblo comunicativo, abierto, Dos Disparos presenta constantes diálogos un tanto cortantes, por momentos ásperos, y sin cortesía adicional. ¿El intento de mostrar la ruptura de un paradigma simpático de sociedad?, preguntamos.

“No busqué mostrar frialdad ni incomunicación. Tampoco me propuse hacer un retrato de mi país, la Argentina. La ausencia de los saludos habituales entre los protagonistas se debe simplemente a una economía de tiempo”, subraya. “Me aburren los saludos” y evitarlos permitió ganar en ritmo, insiste.

Y es justamente el ritmo, y el sonido de las palabras -con la música de fondo limitada al cuarteto donde toca el protagonista-, un elemento esencial de esta ficción.

Tal como lo subraya Susana Pampín, una de las actrices estelares del elenco, en el papel de madre de Mariano. “Es un guión con una gran rigurosidad de texto. Las palabras tienen música. Y el gran desafío para mí y para todos los que actuamos en este filme es tratar de entender esa musicalidad y expresarla”.

Pampín, que ya participó en otras dos películas de Rejtman, expresa su intenso agrado por lo que su director escribe; sus personajes neuróticos; el humor elegante. “A pesar de mi origen como actriz de teatro, cuando actúo con Martín debo ser menos expansiva, adecuarme a la sonoridad de las palabras y la musicalidad de los diálogos, lo que constituye un desafío fascinante”, concluye.

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