Heidi, estrella del año 2001
La leña que cruje en la cocina del chalet del abuelo. El perfume del lecho de paja. Los gritos de los pastores. La frialdad y la severidad de una pieza de la gran ciudad. A través de los sentidos, y con base en segmentos de un decorado que combina reconstitución y abstracción, la exposición presentada en el Srauhof de Zúrich nos lleva al mundo de Heidi.
Pero, ¿es posible, realmente, medir el éxito mundial de la pequeña huérfana que vive en los Alpes con su abuelo y cuida las cabras con su amigo Pedro? «Heidis Lehr -und Wanderjahre» aparece en 1879, su continuación, dos años más tarde. La historia escrita por la zuriquesa Johanna Spyri ha sido traducida a más de 50 lenguas y vendida en más de 50 millones de ejemplares.
Desde finales de los años treinta el tema ha sido llevado al cine. La primera versión es la de Hollywood, en 1937, con Shirley Temple en el papel de Heidi. En Suiza, tras la guerra, el film del productor zuriqués Praesens, realizado por Luigi Comencini, con Heinrich Gretler como el abuelo, deja su huella.
Vienen luego las series realizadas para la TV en seguimiento de la célebre cinta de animación japonesa, al final de los años 70.
La más reciente adaptación corresponde al suizo Markus Imboden y es de este año. Heidi tiene los cabellos azules, va al concierto de un chico banda y navega en la red. Cine, televisión: no es todo. La novela de Spyri ha inspirado también multitud de dibujos animados, piezas de teatro e inclusive sitios web.
Pero el objetivo de la exposición, preparada en gran parte por estudiantes del seminario de etnología regional de la Universidad de Zúrich, es ir más allá del formidable éxito de la historia de Heidi. Pretende mostrar todo el fenómeno. De esa manera, y con mucho humor, pasa revista al entorno turístico y a las innumerables explotaciones comerciales de Heidi.
Sus autores parten de una tesis para explicar el interés permanente por el personaje de Heidi. Elke Wuster: «Como en la época en que fue escrita la historia, la de la industrialización, se vive ahora, con la globalización, la digitalización, un período de cambios, de incertidumbre. Heidi reconcilia la naturaleza y la cultura, la ciudad y el pueblo, los pobres y los ricos, los jóvenes y los viejos».
En todo caso, Heidi vale la pena de ser redescubierta, o descubierta, gracias a esta exposición que, por otra parte, se dirige tanto a los adultos como a los niños.
Desde finales de agosto la muestra estará en Heidiland, en Bad Pfäfers, luego en el extranjero, antes de arribar, el verano próximo, al castillo de Prangins, el brazo francófono del Museo Nacional Suizo.
Pierre Gobet, Zúrich
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