El guardián de los Derechos Humanos
800 millones de personas tienen la posibilidad de presentar su queja ante la Corte Europea de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo. La preside desde hace 16 años el suizo Luzius Wildhaber.
En conversación con swissinfo, Wildhaber habla sobre el montón de asuntos aún pendientes, los éxitos, los problemas y los cambios circunstanciales generados durante el tiempo que ha estado al frente de la Corte. Su retiro: el 19 de enero próximo.
swissinfo: ¿Qué tipo de persona puede ser juez de la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo: un pragmático, un idealista o un combatiente?
Luzius Wildhaber: Debe ser a la vez un idealista, un realista y un pragmático. El combatiente no lo veo en este puesto. Este es un tribunal que aborda los casos de justicia.
En su opinión existen derechos humanos más o menos importantes que otros?
L.W.: Hay una oración que enuncia que los derechos humanos son indivisibles. Esta frase no sólo suena bien, sino que, además, es en el fondo es correcta. Se requiere de un entorno completo con reglas adecuadas para que un Estado sea libre y democrático.
Tenemos aquí casos en los que desaparecen personas o son torturadas arbitrariamente.
O en otras ocasiones se analiza si resulta muy largo un periodo de cinco años para un juicio ante dos instancias.
Usted considerará seguramente también que no es lo mismo si se trata de un caso de vida o muerte o de una corrección en un proceso en instancias menores.
Sería muy insensato que se comprendiera esta frase de la indivisibilidad de los derechos humanos, como si todos fuesen iguales.
swissinfo: ¿Cuál ha sido el caso más explosivo durante sus 16 años en Estrasburgo?
L.W.: No puedo ni quiero decirlo. Tenemos 46 Estados. Para algunos puede resultar uno más explosivo, para otros será otro.
Para Turquía sería el caso del dirigente del PKK, Abdullah Öcalan, o el caso de la prohibición del uso del velo en la facultad de medicina de la Universidad de Estambul.
swissinfo: ¿Desde Suiza, cuáles son los motivos de las demandas que llegan a Estrasburgo?
L.W.: He tenido cientos o tal vez miles de casos de Suiza. Se trata básicamente de procesos judiciales equilibrados, independencia de las cortes y, con frecuencia, sobre la libertad de expresión y de prensa.
swissinfo: La Corte está saturada de casos. Quedan pendientes 90.000 casos. ¿Por qué este panorama tan desolador?
Tras la caída del muro de Berlín en 1989 incluimos a 21 Estados del centro y el este europeo. Entre ellos, países muy poblados y algunos que no contaban con una prolongada tradición de cortes independientes. Debido a la población tiene poca confianza en estos tribunales locales, llegan las demandas a nosotros.
Somos una corte europea para 800 millones de querellantes potenciales. Dos tercios de los casos provienen de Estados de las regiones central y este europeas, entre 7 y 8% llegan de Turquía. El número de casos del occidente europeo ocupa menos del 30%, aunque también éste ha aumentado.
Nuestro presupuesto resulta muy inferior al que se requiere para poder resolver con prontitud todos los casos. Además hay casos de rutina que deben ser resueltos por los propios Estados. Para atenderlos no se requiere de una Corte Europea.
swissinfo: Los Estados miembros de la Corte deben dar consecución a las sentencias emitidas en Estrasburgo. ¿Lo hacen en verdad?
L.W.: En general, esto funciona bien, aunque siempre hay casos que resultan ser problemáticos.
Nosotros en realidad emitimos veredictos comprobatorios, es decir, no nos compete ejecutarlos. Indicamos que en el caso X se ha violado una garantía determinada del convenio. Los Estados deben rendir cuentas sobre cómo procedieron ante ese juicio ante el Comité de Ministros del Consejo de Europa, encargado de vigilar que se apliquen los fallos.
swissinfo: Los veredictos de Estrasburgo a veces tienen consecuencias políticas. ¿Esta Corte es política?
L.W.: Una parte de nuestros enjuiciamientos pone en apuros a los gobiernos. A nadie le gusta que le digan que ha torturado o que es responsable de una tortura o de una desaparición.
Eso significaría que somos una corte política. Pero no creo que lo seamos. Nosotros no somos influenciables por ningún gobierno.
swissinfo: ¿También la Corte surte efecto en países donde el Estado de derecho ya está bien instaurado?
L.W.: Hubo casos que provocaron reformas legislativas en toda Europa. De modo general quiero agregar al respecto que los derechos humanos no se hacen simplemente ratificando un convenio.
Los derechos humanos son como la democracia: hay que trabajarlos y una y otra vez ocuparse de ellos. Hablamos con frecuencias sobre amenazas terroristas, lo que muestra que las circunstancias o los escenarios de estas amenazas pueden cambiar. El discurso y la jurisprudencia sobre los derechos humanos deben ser adaptados sin cesar.
¿La lucha contra el terrorismo es compatible con los derechos humanos?
L.W.: Este tema ocupará la agenda de la Corte en los próximos cinco o diez años de forma determinante.
Claro que un gobierno debe proteger a su población. Por supuesto, la gente espera esa protección. Ese es el principio.
Luego se presenta la pregunta sobre las medidas necesarias para esa protección y si tal vez con éstas se delata la esencia de un Estado libre y abierto y por lo tanto se puede exponer a ciertos riesgos a esa sociedad, porque de lo contrario estaría vendiendo su propia alma.
El sociólogo Max Weber dijo que a veces se deben hacer agujeros en tablones muy gruesos. Y éste es uno de ellos, por lo que vale la pena empezar a perforarlo.
swissinfo-entrevista: Gaby Ochsenbein, Estrasburgo
(Traducido del alemán por Patricia Islas Züttel)
Nació el 18 de enero de 1937 en Basilea, Suiza.
Estudió Ciencias Jurídicas en Basilea, París, Heidelberg, Londres y Yale
Participó en la revisión total de la Constitución Federal helvética.
Desde 1991 es juez de la Corte Europea deDerechos Humanos y desde 1998 la preside.
El 19 de enero de 2007 se jubila.
Lo sustituirá en el cargo como presidente del tribunal de Estrasburgo el francés Jean-Paul Costa.
Instituida en 1059, esta institución vigila el respeto del Convenio Europeo de Derechos Humanos adoptado en 1950, ratificado hasta ahora por 46 Estados que, en total, cuentan con 800 millones de habitantes.
Suiza ratificó el documento en 1974.
Cada Estado miembro tiene derecho a tener un juez en la Corte de Estrasburgo.
Para que un caso llegue a Estrasburgo, es necesario haber agotado todas las instancias de recurso existentes en el país, miembro del convenio.
En Suiza, la última instancia es el Tribunal Federal en Lausana.
Alrededor de 90.000 querella están pendientes en Estrasburgo.
La corte ha emitido 1.100 veredictos en 2005.
Unas 50.000 nuevas demandas fueron presentadas en 2006. Dos tercios de ellas provienen de países del centro y el este europeo.
Los idiomas oficiales de la Corte son el inglés y el francés, aunque los casos pueden ser presentados en uno de los 41 idiomas que se hablan en los países europeos que han ratificado el Convenio Europeo de Derechos Humanos.
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