La policía, a la escuela de derechos humanos
Las policías suizas no esperaron los recientes escándalos que dieron de qué hablar a la prensa, para incluir la psicología, la ética y los derechos humanos en los programas de sus escuelas.
Reconocida oficialmente apenas hace cuatro años, la profesión de policía se rige por un concepto de formación nacional. Una pequeña revolución en un mundo donde los cantones son aún todopoderosos.
Graves acusaciones de violencia contra detenidos, sindicatos y autoridades que lavan su ropa sucia en los medios de comunicación: la serie policíaca de principios de año procedía de Ginebra.
Apenas calmadas las aguas, Amnistía Internacional publicaba en junio un informe muy crítico sobre las prácticas de algunas policías suizas, recordando de paso la muerte por asfixia de un joven solicitante de asilo nigeriano en una cárcel del Valais en 2001.
Y para el otoño, el nuevo guión se escribe en Lausana con base en violencias gratuitas, falsos informes de intervención y abuso de poder.
Al comentar un informe interno -que así debió permanecer-, la prensa recuerda que ciertos hechos revelados son antiguos y que la policía de la capital del cantón de Vaud está inmersa desde el 2002 en «un proceso global sobre la ética»…
No es el primero: la policía del cantón de Neuchâtel se rige desde hace diez años por un código deontológico que, en particular, obliga a velar por la salud de sus «clientes» y por el respeto de sus derechos humanos. Otros cantones adoptaron códigos similares, como Friburgo y el Tesino.
Pero el solo reglamento no basta. Ante todo, son hombres los que forman la policía…
En breve, títulos universitarios
Hace unos 15 años, bajo la presión particularmente de los sindicatos de policías, los 26 responsables cantonales de Justicia y Policía lanzaron una amplia reflexión sobre la formación de los agentes de la fuerza pública.
Esa medida desembocó en un concepto global de formación, una pequeña revolución en un país dónde cada cantón tiende más bien a trabajar en su rincón, sin preocuparse demasiado de los otros.
En 2003, la Oficina Federal de Formación Profesional y de Tecnología reconoce oficialmente la profesión de policía, sancionada por un certificado nacional.
«Pensamos también en la reforma de Bolonia, explica Laurent Krügel, coordinador de las escuelas francófonas de policía. Después del certificado vendrán un diploma, luego un bachillerato y una maestría, para los puestos más altos. Los cursos están por definirse, pero algunas ramas ya son impartidas en nuestras universidades».
Mientras tanto el certificado valida la formación de base que consta de cuatro ramas, cada una de las cuales incluye un examen: intervención, policía de proximidad, psicología policial y ética, y derechos humanos.
Piedra angular
Las dos últimas son novedades en la formación aun cuando en el terreno, los problemas no datan de ayer. Con respecto a la actitud a adoptar en el contacto con los ciudadanos, las víctimas o los delincuentes, «los policías no siempre han sido finos psicólogos», subraya Laurent Krügel.
En cuanto a la ética, es un poco la base de todo trabajo policial. En el sitio Internet del Instituto Suizo de Policía, encargado de la elaboración de los manuales y de la formación continua, Yvonne Waldboth, capellán de la Policía y los Bomberos de Zúrich, insiste en la trinidad «legalidad, proporcionalidad, ética».
Según ella, la ética es la piedra angular del grupo, «puesto que sin ética, no habría ley. Además, respetar la proporcionalidad, es decidir con ética, optar pues por lo que es justo y bueno en una situación dada».
Vuelta a la calle…
La formación ética no se limita sin embargo a ese ámbito teórico. Durante los cursos y los exámenes, los candidatos afrontan situaciones comparables a aquellas que encontrarán más tarde en el momento de una intervención, en su puesto o frente a manifestantes.
Para Laurent Krügel, antiguo profesor y director de colegio y ex director de la Policía de Neuchâtel, esa enseñanza es necesaria.
«Al llegar a este medio, en el que uno se ocupa de todo lo que no funciona en la sociedad, advertí que la mirada de los policías sobre los derechos humanos no correspondía completamente a la que yo podía tener», recuerda.
¿Quiere decir que todos los policías de la generación anterior a la introducción de los cursos de ética tienden a los abusos? Ciertamente no, «pero en la visión de su misión, posiblemente no son tan moderados como los jóvenes que tratamos de formar actualmente», responde Laurent Krügel.
… y a sus tentaciones
La policía de Neuchâtel se dotó de un código deontológico tras ‘casos’ semejantes a aquellos que acaban de sacudir a Ginebra y Lausana. Y para el antiguo comandante, nadie está a salvo.
«Esto puede suceder en todos los cuerpos de policía, por razones evidentes», afirma Laurent Krügel. «Desde siempre el policía ha estado sometido a tentaciones. Está en la naturaleza misma de su profesión».
Y para él, si los ‘casos’ parecen más numerosos en nuestros días, es simplemente porque «el ejercicio de la profesión policial se mantuvo durante mucho tiempo casi secreto. Los medios de comunicación no tenían el acceso que tienen ahora».
«La sociedad se volvió muy sensible a la manera en la que la policía actúa. El respeto de los derechos humanos es una preocupación más aguda y más permanente. Y esta evolución es extremadamente saludable», concluye Laurent Krügel.
swissinfo, Marc-André Miserez
(Traducción, Marcela Águila Rubín)
En Suiza, salvo los asuntos de seguridad nacional, de gran bandolerismo o de lavado de dinero que dependen de la Confederación, la policía es competencia de los cantones.
A las 26 policías cantonales se añaden las policías municipales (unas 100 en todo el país). Si la mayoría de los pequeños cantones de expresión alemana fusionaron policías cantonales y municipales, un centenar de comunas (sobre todo francófonas) tienen todavía su propio cuerpo de policía.
Los efectivos pueden ir de 1.700 (en Zúrich y Ginebra) a un solo agente en algunas pequeñas comunas del cantón de Vaud.
La Suiza de expresión alemana dispone de tres centros de formación para los policías: Zúrich (para la ciudad y el cantón); Hitzkirch, en el cantón de Lucerna (para 11 cantones, desde Basilea, Berna y Argovia hasta la Suiza central) y Amriswil, en Turgovia, para seis cantones de la Suiza oriental.
Los futuros policías francófonos siguen cursos en Ginebra, si son ginebrinos; en Friburgo, si son de ese cantón; en Savatan, si son de Vaud o del Valais; en Colombier, si son de Neuchâtel, del Jura o de la región francófona de Berna. La creación de un centro de formación única para la Suiza francófona sigue siendo un objetivo pero por el momento falta voluntad política para cumplirlo.
Los habitantes del Tesino tienen su escuela en Giubiasco, que acoge también a los ítaloparlantes de los Grisones.
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