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Aumenta la presión sobre las estaciones de esquí suizas

Esquiadores con mascarillas en Verbier, este pasado lunes. ¿Seguirán las pistas abiertas en Navidad? Keystone

Las esperanzas de los turistas extranjeros de acudir a las estaciones de esquí suizas durante las vacaciones de Navidad podrían verse frustradas. Y es que Francia y Austria, imponiéndoles cuarentenas obligatorias a su vuelta, quieren evitar que sus ciudadanos esquíen en el extranjero.

Este contenido fue publicado el 04 diciembre 2020 - 11:48
Keystone-SDA/Reuters/ts

Esta misma semana el primer ministro francés Jean Castex ha declarado que su Gobierno va a ordenar que quienes acudan a esquiar al extranjero, a la vuelta, deben estar siete días aislados. Francia establecerá puntos de control en las fronteras con Suiza y España.    

La medida se aplicará –según ha afirmado el primer ministro– en el caso de que Suiza y España no cierren hasta enero sus destinos de deportes de invierno, como ha hecho Francia.  

La conclusión que se puede sacar de esto es que la gente no debería ir a España o Suiza a esquiar, según Castex, quien ha añadido que los viajeros transfronterizos no se verán afectados.  

Al igual que Suiza, también Austria se ha negado hasta ahora a cerrar sus estaciones de esquí durante las vacaciones. Sin embargo, al imponer una cuarentena de diez días a los viajeros procedentes de zonas de alto riesgo, Austria pretende limitar el turismo durante este período. 

Con esto –tal y como ha indicado el canciller Sebastián Kurz– se pretende prevenir que el virus llegue al país a través de austriacos o turistas de regreso del extranjero.

Desde el 24 de octubre, Alemania considera que Suiza es zona de riesgo. En consecuencia, quienes vuelven del país helvético a Alemania tienen que permanecer diez días en cuarentena.   

Para el presidente del Consejo de Salud italiano Franco Locatelli la decisión de Suiza de mantener abiertas las estaciones de esquí es decepcionante. Locatelli ha declarado a La Stampa que espera que las estaciones de esquí suizas cierren para finales de año, y dice que, si no, pedirá una cuarentena para las personas que regresen a Italia.

En los últimos días, Simonetta Sommaruga, que este año ocupa la presidencia rotatoria suiza, ha tratado de encontrar una solución al problema y ha mantenido conversaciones con Castex y el primer ministro italiano Giuseppe Conte, entre otros.

El ministro del Interior Alain Berset (que también se encarga de los asuntos de salud) este pasado jueves ha indicado en rueda de prensa que “Suiza no reacciona a la presión de otros países” para tomar tales decisiones. Sin embargo, también ha dicho que si otra ola de contagios se extiende por Europa, y si algunos culpan de ello a Suiza, podría ser perjudicial para la reputación del país.  

Motivo de discordia

No facilita el trabajo una alianza de partidos centristas que el miércoles pidió al Gobierno que durante las fiestas navideñas no imponga medidas drásticas a las estaciones de esquí y a las regiones de montaña. Ayer jueves el Parlamento aceptó una declaración en este sentido.

Representantes de las principales organizaciones turísticas y regiones han advertido al Gobierno que debe tener cuidado con las nuevas medidas contra el coronavirus en las regiones montañosas. Dicen que el Gobierno debería dejar el liderazgo en manos de los cantones afectados.

La manzana de la discordia es un proyecto de ordenanza que el Gobierno envió hace unos días a los cantones y otras partes relevantes para su consulta. Según este proyecto, las estaciones de esquí suizas, en principio, deben permanecer abiertas. Sin embargo, para evitar grandes aglomeraciones, deberían aplicarse medidas como la restricción de su capacidad o el cierre anticipado de bares y restaurantes.

“La economía ocupa un lugar demasiado importante”

Las estaciones de esquí, por su parte, a pesar de la presión de sus vecinos para que cierren hasta que pase la última ola de coronavirus, siguen adelante con los preparativos para la temporada de vacaciones de fin de año.  

El ministro de Sanidad, Alain Berset, ha propuesto límites a la capacidad de los remontes en Navidad y Año Nuevo, pero los operadores de remontes y las regiones de montaña (que ya prevén que muchos visitantes extranjeros se mantendrán alejados durante el período festivo) se desesperan ante las restricciones añadidas.

Eloi Rossier, alcalde de Bagres (localidad a los pies de la estación de Verbier), reconoce que siente la presión de otros países, pero dice que el esquí ocupa un lugar demasiado importante en la economía de su ciudad como para cancelar la temporada, especialmente dadas las medidas que la estación alpina ha tomado para que la gente esté segura.  

El alcalde de Bagres espera la llegada de hasta 45 000 personas en Navidad y Año Nuevo; menos de lo habitual, debido a las muchas cancelaciones.

“Hay un aspecto económico que no podemos negar. Es extremadamente importante. Pero lo peligroso para transmitir el virus no es el esquí, sino lo que viene después de esquiar, el après-ski. Y aquí hemos tomado medidas muy estrictas para limitar [...] los riesgos”, ha declarado Rossier.

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