Turismo: ¿qué futuro tras el coronavirus?

Los turistas asiáticos son generalmente muy numerosos en Lucerna. © Keystone / Alexandra Wey

Algunos destinos están contentos de que la pandemia los haya salvado de las hordas de turistas. Otros les hacen ojitos para relanzar un sector que es crucial para la economía de una región o de todo un país.

Este contenido fue publicado el 06 julio 2020 - 09:50
Eva Hirschi

Cuando Suiza aún no había abierto sus fronteras con Italia, el país vecino anunció inesperadamente, a mediados de mayo, que los suizos podrían entrar libremente a Italia a partir del 3 de junio. Al día siguiente, Sylvain y Anastasia Nicolier de Lausana ya estaban en el paso fronterizo del Gran San Bernardo. “Cuando leí que la frontera se reabría, le propuse de inmediato a mi esposa ir a Venecia. Al día siguiente, viajábamos con nuestra hija de dos meses”, narra Sylvain Nicolier. El cruce se hizo sin problemas, sin ningún tipo de control. “Al principio tenía un mal presentimiento”, señala Anastasia Nicolier. Era nuestro primer viaje al extranjero con un bebé”.

Los nuevos padres están acostumbrados a viajar. Sylvain publica, con la ayuda de su esposa, vídeos en su canal llamado Suisse moi. Ha visitado Venecia cuatro veces, pero las hordas de turistas le quitaban las ganas de ir con su esposa, a pesar de que ella había soñado durante mucho tiempo con la ciudad del amor. “Era el buen momento para ir”, declaran. Las imágenes de las calles y callejones vacíos de Venecia durante el confinamiento daban la vuelta al mundo.

Medidas contra el turismo de masas

Antes de la crisis del coronavirus, Venecia tenía entre 26 y 30 millones de visitantes al año. En temporada alta, recibía hasta 130 000 turistas diariamente. Exacerbados, los venecianos multiplicaron las manifestaciones contra el denominado overtourism (turismo excesivo). La ciudad ya no era capaz de manejar ese turismo masivo. Las calles estaban repletas de gente, los alquileres eran cada vez más altos, y había más tiendas de recuerdos que comercios para los habitantes.

Venecia finalmente adoptó medidas. Los turistas ahora tienen que pagar un impuesto de entrada y el número de cruceros que atracan se ha reducido. Sylvain Nicolier acoge con satisfacción estas medidas: “Es importante que pensemos en un turismo sostenible y responsable”. Sin embargo, esa actividad no puede ser satanizada: “En muchos lugares beneficia a la población”.

Un sector crucial

Desde el punto de vista económico, el turismo es de gran importancia para Venecia, pero también para toda Italia. El sector representa más del 10% del producto interno bruto nacional. Por consiguiente, se decretó la apertura de la frontera lo antes posible, a pesar de la oposición de las autoridades sanitarias y sin consultar a los países vecinos. El Gobierno cedió a la presión de la economía. El presupuesto de muchas ciudades se basa en gran medida en el impuesto turístico que cada huésped debe pagar además de la pernoctación.

“La población probablemente ha tomado conciencia de la importancia del turismo en ausencia de visitantes extranjeros”, dice Anastasia Nicolier. Ella y su familia fueron acogidos calurosamente en todas partes, subraya.

Lucerna, polo turístico

En Suiza también algunas ciudades están llegando a sus límites. Lucerna, el centro turístico por excelencia del país, atrae a 9,4 millones de visitantes al año. Un flujo que lleva a una sobredosis entre los habitantes. Según un estudio publicado por la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Lucerna a principios de junio, casi el 80% de las 1 530 personas encuestadas consideran que es insoportable el número de turistas en el casco antiguo. La masa de visitantes causa atascos de tráfico y problemas de aparcamiento. Los grandes grupos de viajeros asiáticos son particularmente intrusivos, según las personas interrogadas. La encuesta concluyó en febrero, poco antes del primer caso de coronavirus en Suiza.

Según Jürg Stettler, director del Instituto de Economía del Turismo de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Lucerna, “la población de Lucerna es consciente de la importancia económica” del turismo. Alrededor de tres cuartas partes de los encuestados creen que el sector crea puestos de trabajo y una tercera parte considera que genera ventas y valor añadido para un gran número de empresas.

Sin embargo, la mayoría de los cuestionados quieren que se adopten medidas. Son partidarios de reducir el tráfico de automóviles, por ejemplo, limitando el número de aparcamientos y aumentando las tasas de aparcamiento. La ciudad  está preparando soluciones para canalizar el alto número de visitantes.

Inversiones en infraestructura

Otro importante destino turístico suizo es el Jungfraujoch. Cada año más de un millón de personas visitan la estación alpina más alta de Europa. La situación es mucho mejor hoy que en el pasado, según Otto Hauser: “Hace unos años era un caos absoluto”. Hauser es propietario del hotel de cinco estrellas Schweizerhof en Grindelwald, un punto de partida ideal para las excursiones al Jungfraujoch. Entre el 60 y el 70% de sus huéspedes, especialmente los grupos asiáticos, se alojan allí en temporada alta.

“En el pasado casi no había espacio allá arriba, pero hoy en día los turistas ya no se amontonan”, explica el hotelero. Desde 2009, el número de visitantes al Jungfraujoch se ha limitado a 5 250 personas por día. A partir del próximo invierno, el número de esquiadores también será restringido. Al mismo tiempo, las perspectivas se están abriendo. El proyecto ‘V-Bahn’, con un costo de 470 millones de francos, incluye nuevas góndolas y una nueva terminal ferroviaria, que permitirán llegar al Jungfraujoch el doble de rápido que hoy. Según Otto Hauser, este proyecto es el correcto y demuestra que las inversiones son necesarias: “La regulación lleva años de trabajo, no se puede hacer de un día para el otro”.

Dilema

“Pero la regulación no es la panacea”, observa Jürg Stettler. En Lucerna, esto solamente puede darse en el caso de los viajes en grupo. Es difícil detener el flujo de turistas individuales que usan el transporte público”. Sin embargo, según el citado estudio, esta categoría no molesta a los habitantes.

Sylvain y Anastasia Nicolier también prefieren los viajes individuales. “Para escapar de las multitudes, suelo viajar fuera de temporada. Por ejemplo, visité Bali durante la temporada de lluvias. Disfruté mucho de esa isla, que todo el mundo siempre dice que está llena de turistas”, comenta Sylvain.

Pero la economía espera un rápido retorno de los turistas. ¿Cómo se puede resolver el dilema? El turismo debe ser más sostenible: en términos de número de visitantes, pero también en términos económicos”, señala Stettler. Una persona que visita las atracciones turísticas de una ciudad en un corto espacio de tiempo no aporta gran cosa en el plano financiero. Las estancias más largas deberían ser más valorizadas. “Los turistas que se queden en Lucerna por períodos más largos no solamente pasarán su tiempo en el Kappellbrücke (Puente de la Capilla) o en el Löwendeckmal (León de Lucerna), sino que también harán excursiones por la región. Si hay muchas ofertas, los turistas se dispersarán y otras áreas podrán beneficiarse”.

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