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Diplomacia suiza Berna y la juventud de la Revolución Cubana

Fidel Castro y Emil Stadelhofer

El líder cubano Fidel Castro con el embajador de Suiza, Emil Stadelhofer en 1964. (Fuente: E2300#1000/716#316*, Havanna, Politische Berichte und Briefe, Militärberichte, 1963 - 1965, Band 3, 1963 – 1965).

(Schweizerisches Bundesarchiv)

Fidel Castro, el hombre que habría de reescribir la historia de Cuba, nacía un día como hoy hace 91 años. Unas tres décadas más tarde entraba victorioso a La Habana tras derrocar a la dictadura de Batista. El embajador de Suiza saludaba en el comandante a un “idealista admirable”, un “héroe” y un “ejemplo” para toda América Latina. Pero la diplomacia helvética no siempre mostró ese fervor.

“La evolución corresponde cronológicamente al endurecimiento del régimen, a la postergación del proyecto democrático y a las radicales decisiones cubanas en el campo económico como las nacionalizaciones, la reforma agraria y el intervencionismo en los precios”, explica el historiador Ivo RogicEnlace externo en referencia a los primeros años del Gobierno Revolucionario.

Un lapso que fue crucial para la isla y que pudo serlo también para el mundo. Se produjo entonces la crisis de los misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la ruptura de relaciones entre Washington y La Habana, la intentona golpista de Playa Girón, la imposición del embargo contra la isla y el inicio de la gestión de Suiza como representante de los intereses de la Casa Blanca en Cuba.  

Autor de ‘Diplomacia y “Revoluciones”.Enlace externo Mirada suiza sobre Guatemala, Cuba y Chile (1950-1976)’, Ivo Rogic analiza en la segunda parte del capítulo consagrado a la isla del Caribe, la posición adoptada por los representantes helvéticos entre 1959 y 1962. Su investigación está basada en la correspondencia entre Berna y sus diplomáticos.

Documentos Diplomáticos Suizos

DDS es un proyecto de edición de los documentos clave de la política exterior de Suiza. Cuenta con una edición impresa y una base de datos (dodis.chEnlace externoEnlace externoEnlace externo), concebida esta última para la publicación de documentos y para permitir el acceso a una cada vez mayor cantidad de datos por vía digital.  

Su objetivo es a la vez científico y práctico. Se trata de poner a disposición de investigadores y profesionales, las fuentes oficiales útiles para la reconstitución y la comprensión de la historia de la política exterior de Suiza, un Estado neutral, pero profundamente involucrado en el sistema político internacional.

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Uno de ellos, Franco Brenni, representante oficial en Cuba entre 1954 y 1959, describe al Departamento de Política Federal (DPF), responsable entonces de la política exterior de Suiza, la entrada triunfal de los revolucionarios a La Habana:

“[…] los barbudos […] trajeron con ellos un aire de paz y de felicidad. Hombres endurecidos y madurados por una guerra hecha en condicione extremadamente difíciles”, anota en una carta fechada el 20 de enero de 1959.

“El terror parece disiparse”

Brenni califica de “verdadera apoteosis” el arribo del “Jefe Supremo de la Revolución”: “Necesitó nueve horas para llegar de los suburbios de la metrópoli al campamento militar de Columbia a donde se dirigió a decenas de miles de personas desbordantes de entusiasmo. La atmósfera de terror que reinaba antes parece disiparse y se tiene la impresión, como se diría en Berna, de que la nación efectúa el ‘Frühlingsputzete’ (limpieza profunda de primavera)”.

Walter Brossi, sucesor de Brenni (desde marzo de 1959-1961), “entra inicialmente en continuidad con esta representación. Fidel Castro le parece un hombre ‘fascinante’ y bienintencionado’, un ‘líder’ al estilo de Robin Hood que aplica una justicia revolucionaria ‘implacable y necesaria’”, apunta Rogic. Como su predecesor, acusa a Washington de la radicalización del cubano.

Pero el entusiasmo no le dura mucho, como lo señala el historiador. Ya para el otoño de ese mismo año, el diplomático suizo habla de “revolución traicionada”. El boicot de EEUU ya no basta para explicar la crisis, el antiamericanismo y la condena a muerte son ahora acremente criticadas. Bossi adhiere el imaginario estadounidense, una postura recurrente entre buena parte de los diplomáticos suizos de la época en los países analizados por Rogic.

El cambio obedece a ese miedo con matices de paranoia “al complot comunista”. Un terror que en esos tiempos de Guerra Fría alimenta EE UU para desacreditar a los Gobiernos emancipadores, como había sucedido con el de Jacobo Arbenz en Guatemala, y como sucederá luego con el de Salvador Allende en Chile, como lo desvela la investigación de Ivo Rogic.

Pero no solamente algunos diplomáticos suizos se alinean con la posición estadounidense. Lo hacen también representantes de empresas helvéticas afectadas por las nacionalizaciones, como Nestlé, o de la Oficina Suiza de Expansión Comercial (OSEC). El titular de esta en La Habana, Peter Mock, envía a Berna una carta en la que condena la Revolución, califica a Castro como “el peor dictador” del país y equipara a los jóvenes cubanos con las juventudes hitlerianas.

El embajador Emil Stadelhofer (1961-1966) rechaza esa visión “demasiado pesimista” y análoga a la de los contrarrevolucionarios. “Los cubanos, anota, el diplomático, siguen la vía autónoma encarnada por Castro, no obstante el peso de la URSS en la economía nacional”.  

Acercamiento a opositores

Asimismo, como lo describe el historiador, la creación de la Sección de Intereses de EE UU en la Embajada de Suiza en Cuba (USINT), que pone en contacto constante a los diplomáticos suizos con Washington y con los contrarrevolucionarios, favorece también esa visión sombría.

Gaston Jaccard, al frente de esa entidad, habla de Cuba como “cabeza de lanza” de Moscú y califica a los revolucionarios de “fanáticos y feroces”. Tras el fracaso de la intentona golpista apoyada por la CIA con el desembarco en Playa Girón, el diplomático escribe a Berna:

“Los arrestos son efectuados sin gran método, ni mandato judicial, al antojo de la policía política, o G2, verdadera Gestapo, terror del país (…)”

Gilbert de Dardel, sucesor de Jaccard, prevé un ataque armado contra el Gobierno cubano y recomienda al DPF colaborar con los antirrevolucionarios. “Con estos en el poder y con el retorno de la influencia de Washington a la isla, los intereses económicos helvéticos se beneficiarán con el prestigio acumulado por Suiza”.

Ivo Rogic destaca entre las voces discordantes la de Emil Stadelhofer, embajador de Suiza en Cuba de 1961 a 1966 y figura clave de las relaciones Berna - La Habana de entonces, en particular durante la crisis de los misiles y el éxodo cubano.

Lindt y Stadelhofer, otra visión

Para el diplomático, “la causa principal de la crisis económica-financiera es resultado del embargo impuesto por Estados Unidos”, y “el reforzamiento de la presencia en La Habana se explica como una respuesta a la amenaza de EE UU”. En su opinión, la colaboración con la URSS es una decisión obligada para la sobrevivencia de la revolución.

La investigación de Ivo Rogic refiere igualmente lo que sucedía en territorio suizo. La descripción en el Anuario de la Autoridad Federal (1960) de Cuba como una “dictadura cada vez más cercana a Moscú”. La denuncia de un funcionario de DPF del ataque a Playa Girón como “un ataque criminal de Estados Unidos a la soberanía de Cuba y a la paz en el mundo”.

Menciona igualmente la vigilancia policial a los diplomáticos cubanos y a los simpatizantes del Gobierno revolucionario considerados como una amenaza interna. “Los eventos culturales organizados por los simpatizantes de Cuba aparecen como una actitud de propaganda 'camuflada' del Partido Comunista”.

Las lecturas de los representantes suizos en diversos países “convergen en un imaginario dominante ideologizado con base anticomunista”, precisa Rogic. También entre ellos, hay una posición disonante, la del embajador suizo ante EE UU: “August Lindt toma distancia del imaginario difundido por el ‘Libro Blanco’ [‘made in USA’] de la ‘revolución traicionada’. Él mismo se opone a la tesis según la cual Fidel Castro es un súcubo del Kremlin”.

Sin embargo, agrega Rogic, “el diplomático admite la posibilidad de un efecto dominó de la revolución en el continente, porque Cuba es ‘símbolo’ de la liberación nacional’ y un ‘ideal’ para toda América Latina.   

Suiza Cuba 1959-1961

Reconocimiento al cambio de Gobierno: 13 de enero de 1959.

Representación de intereses de EE UU: Desde el 4 de enero de 1961, tras la ruptura de relaciones La Habana-Washington. Checoslovaquia se encarga de los intereses de Cuba en EE UU. Desde marzo de 1960, Eisenhower prepara tropas antirrevolucionarias. En agosto, la OEA aísla políticamente a Cuba. EE UU impone el bloqueo a Cuba. El DPF es informado por Walter Bossi sobre los preparativos de un ataque ya en octubre de 1960. La invasión de Bahía de Cochinos de produce en abril de 1961.

Rechazo de mediación:  En noviembre de 1962, el ministro Friedrich Wahlen (DPF) rechaza la solicitud de EE UU de contribuir en el desmantelamiento de los misiles soviéticos en Cuba. Se opone también a la petición de la ONU al CICR para efectuar las inspecciones.

Rechazo de entrada a Fulgencio Batista: Pese a la presión de EE UU y a la solicitud del Credit Suisse (del que es cliente Batista), Suiza rechaza el asilo al gobernante derrocado para mantener buenas relaciones con Castro y dado que el solicitante es un dictador.

Rechazo a presiones anticastristas: Suiza descarta las solicitudes de opositores de condenar el Gobierno de Castro merced al principio de no intervención en la política interna de un Estado soberano.

Suspensión del GRE: Desde la segunda parte de 1960, la suspensión de este acuerdo de garantía del Gobierno suizo contra los riesgos en las exportaciones ofrecido a las empresas helvéticas en sus operaciones con Cuba contribuye a empeorar la economía de la isla.

Mantenimiento de relaciones comerciales: Ratificación a finales de 1960 del acuerdo comercial bilateral de 1954. Suiza no participa en el bloqueo comercial contra Cuba, pero EE UU frena las exportaciones suizas con confiscación de bienes con lo que el comercio bilateral sufre una dramática caída.

Apoyo a Nestlé: Para no dañar las relaciones con el Gobierno cubano, Berna acepta, en principio, las nacionalizaciones, pero prevé el pago de una compensación equitativa. Berna ofrece su asesoría a la empresa con la transferencia de licencias de productos de los EE UU a la sede en Vevey.

(Fuente: Ivo Rogic)

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Datos biográficos de Fidel

Nacido el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia cubana de Oriente, Fidel Castro es, a decir del historiador Ivo Rogic, “la encarnación de la revolución, un ícono político del siglo XX, hombre inteligente e igualmente implacable". 

Desde sus años universitarios (1945-1950), Fidel se vinculó con la lucha política. El 26 de julio de 1953 comandó el fallido asalto al Cuartel Moncada y el 8 de enero de 1959 encabezó la entrada a La Habana de las huestes revolucionarias que derrocaron la dictadura de Fulgencio Batista.

Pero las agresiones contra la Revolución Cubana no cesaron entonces ni cesaron después. Estados Unidos ha intentado derrotarla de todas las maneras posibles, pero la pequeña isla ha resistido los embates de la primera potencia mundial.

“Castro es Cuba y Cuba es Castro”, rezaban las pancartas de los miles de cubanos que el pasado mes de noviembre acompañaron los restos mortales de su líder. El comandante dirigió los destinos de su país hasta el 19 de febrero del 2008, pero se mantuvo como el “líder moral” de su país.

Fidel Castro murió en noviembre de 2016, a los 90 años, luego de sortear centenares de atentados ‘made in USA’ y de superar las acometidas de una decena de presidentes estadounidenses.

De Fidel Castro se ha dicho mucho: sus opositores hablan de él como un “dictador”. Sus simpatizantes, como un “héroe”. En todo caso, lo innegable es que un día como hoy, hace 91 años, nacía en Cuba una figura de la Historia.

Leer biografía completa en Juventud RebeldeEnlace externo

Fuente: Marcela A. Rubín

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