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Relojería La excelencia de la falsificación china

Dos relojes mecánicos incautados en las aduanas suizas.

(swissinfo.ch)

La Federación Relojera de Suiza comienza a enfrentarse a imitaciones venidas de China con un gran nivel de sofisticación mecánica. Relojes que son vendidos al mismo precio que los originales, lo que provoca pérdidas sustanciales y un gran daño a la imagen de las marcas suizas.

Cuando estos relojes son observados muy de cerca y con todo el detalle, es posible encontrar alguna irregularidad mínima: una microscópica rebaba metálica en la ranura de un tornillo, alguna pieza contenida en la caja principal que se fabricó en plástico y no en carbono, o la ausencia de material anti-reflejante en el vidrio.

Pero más allá de estos detalles, incluso los expertos lo tienen cuesta arriba para identificar a primera vista la falsedad de una pieza relojera de este tipo. El falso Hublot ‘Bing Bang’ decomisado en diciembre por el servicio aduanero suizo se parecía tanto al original que era casi imposible diferenciarlos.

El aspecto, el peso e incluso el olor, porque como en el modelo original la correa falsa también tenía un perfume de vainilla, eran elementos que facilitan la confusión. Pero lo más impresionante fue la semejanza en el corazón del reloj.

“Es un de las primeras veces que tengo en mis manos un reloj de torbellino falso, un dispositivo se caracteriza por su elevada precisión. Los falsificadores han logrado ya la maestría necesaria para fabricar movimientos relojeros de una altísima complicación”, dice Arnoux, jefe del Servicio contra Falsificación de la Federación de la Industria Relojera (FH) de Suiza, durante una entrevista en su oficina de Biel.

Ubicada al pie de la cordillera del Jura, en esta ciudad industrial de 50.000 habitantes es la sede de Swatch, el grupo relojero más importante del mundo, y es también el sitio en donde se escruta con toda la atención e inquietud la evolución de mercado chino de la relojería pirata. Un problema que ya alcanzó de lleno también a la relojería de alta precisión.

Apuestas en línea

A diferencia de los Rolex falsos que se venden en algunas decenas de francos en los mercados de Asia o Sudamérica, las imitaciones que se comercializan por varios miles de francos realmente confunden al consumidor, y provocan pérdidas importantes a las grandes marcas.

Los patrones que se atreven  a hablar sobre este sensible tema no ocultan su inquietud: “La falsificación le está costando miles de millones de francos al año a la industria relojera suiza”, declaró recientemente Nick Hayek, director de Swatch, al periódico gratuito ’20 Minutos’,

El interés de los falsificadores se debe en gran medida al ‘boom’ que vive actualmente la relojería, pero no es lo único que impulsa al mercado de las imitaciones: “Tras la crisis relojera del 2008-2009, los fabricantes chinos de movimientos (de reloj) de alta sofisticación debieron abaratar al máximo sus productos para reducir sus inventarios. Por otra parte, la triada china (mafia) busca nuevos negocios en los cuales invertir las colosales sumas que amasa al realizar apuestas deportivas en línea”, afirma Michel Arnoux.

Relojes de "segunda mano"

El vínculo “orgánico” entre el crimen organizado y la falsificación de relojes es muy difícil de establecer, pero la FH está convencida que se trata de fenómenos estrechamente ligados: “Los falsificadores están muy bien organizados y conocen al mercado mejor que las propias marcas. Se enfocan en los modelos que tienen más éxito en los países que tienen en la mira, y se adaptan con una extraordinaria rapidez a la demanda”.

Actualmente, para comercializar imitaciones, los falsificadores utilizan fundamentalmente plataformas de Internet destinadas al intercambio entre particulares, como e-Bay.

“Con la crisis, numerosos traders neoyorquinos o londinenses debieron mal vender sus relojes en línea. Y los falsificadores se colaron con eficacia y rapidez en este mercado haciendo creer al cliente que le venden productos de segunda mano”, afirma Michel Arnoux.

Por su parte,  son numerosos los amantes de la relojería de alta precisión que, conscientes o no de que realizan una compra fraudulenta, ceden a la tentación. “Los precios han aumentado sensiblemente durante los últimos años, por lo que muchos apasionados (de la relojería) vuelven la mirada hacia las piezas de segunda mano”, continúa Arnoux.

Ser copiado… o no

Nadie lo admite abiertamente, pero el propio medio relojero  rumora que los precios “sobrevalorados” que fijaban algunas marcas, y la oferta limitada de los años previos, propulsó la falsificación.

Al reducir drásticamente su red de venta destinada a los mercados tradicionales (EEUU y Europa), las marcas suizas obligaron a algunos minoristas a aprovisionarse de relojes de segunda mano. “Un mercado paralelo que es completamente legal en la UE y EEUU, y que fue una bocanada de aire fresco para los falsificadores”, dice Michel Arnoux.

Jean-Claude Biver, el carismático director de la marca Hublot, expresó en más de una ocasión durante los años previos que experimentaba un gran orgullo cuando sus relojes eran copiados por primera vez, ya que esto evidenciaba el estatus internacional de su marca.

Hoy, el discurso de los relojeros ha cambiado radicalmente porque los daños rebasan largamente a las pérdidas económicas directas. Michel Arnoux destaca: “Si el consumidor ya no es capaz de diferenciar más entre un reloj verdadero y uno falso, se pierde la confianza. Y esto se traduce en un golpe considerable a la imagen de la relojería suiza”.

Supervisión in situ

Para frenar el fenómeno, la Federación Relojera cuenta hoy con un equipo de entre 40 y 50 inspectores chinos que operan in situ. Su misión es colaborar con la policía de la provincia de Guangdong, epicentro de la falsificación de relojes, en la realización de operativos para rastrear piezas falses. “Nuestra estrategia actual consiste en multiplicar dichas operaciones para someter a estos productos a una presión constante”.

Por el momento, los resultados son  “tímidos”, reconoce Michel Arnoux, “ya que todo está fraccionado; no existe un lazo económico oficial entre los diferentes actores”.

Los componentes a veces son fabricados de forma completamente legal en empresas solventes, pero ensamblados y grabados en talleres clandestinos. Dichos operativos han permitido, no obstante, que algunos ‘peces pequeños’ caigan de forma regular.

En marzo, por ejemplo, fue posible incautar en un taller clandestino un total de 280.000 relojes casi terminados. Lo difícil es trazar la ruta del delito en sentido inverso hasta llegar a los cerebros de las organizaciones, que frecuentemente están implicados en otras actividades delictivas y son beneficiarios de la protección de las autoridades.

Negociaciones

La lucha contra la falsificación de relojes también debe pasar por el desmantelamiento de las redes de distribución ilegal. Gracias a un programa informático desarrollado por la Escuela de Ingenieros de Biel, un total 320.000 anuncios pudieron ser retirados en 2010 de sitios web dedicados a la venta entre particulares.

En tanto, las aduanas suizas han realizado 230 decomisos a partir del principio de análisis de riesgo. “Sin embargo, solo entre 2 y 3% del volumen total del comercio mundial es sometido a controles (físicos) por parte de las autoridades aduaneras”, refiere Michel Arnoux.

En el presente, los relojeros suizos esperan que sus preocupaciones sean atendidas por el ministro de Economía, Johann Schneider-Ammann, quien realizará una gira económica a China entre el 8 y el 15 de julio. “Las preguntas sobre propiedad intelectual figuran a la cabeza del memorando que hemos preparado y dirigido al señor Schneider-Ammann”, puntualiza el representante de la FH”.

Pekín, “contra la falsificación”

La Federación de la Industria Relojera (FH) afirma que un total de 40 millones de relojes falsos son producidos cada año en el mundo. El dato supera al volumen total de relojes legítimos que produce Suiza (30 millones) en ese lapso.

La facturación realizada por los falsificadores de relojes suizos se estima en unos 1.000 millones de franco suizos, monto equivalente al 5% de las ventas de esta industria.

En 2010, alrededor de 1.300 redadas fueron realizadas en Asia, lo que permitió decomisar 500.000 piezas. Otros decomisos igualmente importantes fueron realizados en México, Brasil e Italia. Y un total de 320.000 subastas fueron retiradas de Intenret.

Contactada por swissinfo.ch, la Embajada de China en Berna indicó “estar en conocimiento del problema que expresa la prensa suiza sobre a la fabricación y venta de relojes falsificados en China”.

Afirma ambos países tienen un “interés común” en el tema y añade que reforzar la protección de la propiedad intelectual  es una “base fundamental para construir un país moderno”. Pekín reitera su “determinación” para mejorar el respeto a la propiedad intelectual en su país y para luchar “contra los delitos que violenten este principio”.

La embajada reconoce también que China enfrentó el problema  “relativamente tarde”. Pero estima que el progreso es evidente.

Recuerda que un grupo de trabajo helvético-chino fue creado en 2007, y que se ha reunido en cinco ocasiones, para reforzar la “relación de confianza y colaboración entre los dos países”.

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Falsificación

Se estima que la falsificación de productos representa entre 5 y 10% del comercio mundial. Para la OCDE, el volumen de intercambio físico de productos falsificados sumó 250.0000 millones de dólares en 2007.

Del decomiso de falsificaciones registrado en la Unión Europea en 2010, un 88% provenía de China y Hong Kong.

De acuerdo con datos de la UE, los productos más imitados son los textiles (30%) ; los zapatos (13%) ; los relojes (11%) ; los medicamentos (8%) ; los teléfonos móviles (7%) ; la marroquinería (7%) ; la electrónica (5%) y la cosmética (5%).

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¿Qué dice la ley?

En Suiza, en caso de ser descubierto, el consumidor que compra un producto falso con pleno conocimiento pero para uso privado, deberá pagar la destrucción del bien y todos los gastos ligados al expediente, que pueden sumar varios cientos de francos. Pero la ley no prevé ninguna multa adicional.

En contrapartida, aquel ciudadano que se procure piezas falsas para uso comercial, se arriesga a una pena privativa de la libertad de hasta 5 años.

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Traducción, Andrea Ornelas , swissinfo.ch

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