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Suiza extiende un generoso cheque al FMI

Un pordiosero en pleno centro de Dublin. Como Grecia e Islandia, Irlanda también recibió ayuda del FMI.

Un pordiosero en pleno centro de Dublin. Como Grecia e Islandia, Irlanda también recibió ayuda del FMI.

(Reuters)

El Parlamento helvético está dispuesto a incrementar en 30.000 millones de francos suizos sus aportaciones al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Una parte de los recursos se destinará a países en crisis y otra, al desarrollo. La decisión causa controversia en el medio político helvético porque el peso del asiento de Suiza en el Directorio Ejecutivo del FMI estaría en riesgo.

El FMI es un mal necesario para las economías desarrolladas y emergentes. Si bien es una institución que no ha estado a la altura de las necesidades de las crisis económicas regionales y mundiales de las últimas dos décadas, el gemelo de Breton Woods se mantiene como timón natural de la política monetaria internacional desde los años 40´s.

Formar parte del FMI y tomar parte de sus decisiones es sinónimo de poder, razón por la que las economías industrializadas no quieren ceder poder a pesar de que potencias emergentes como China, India o Brasil exigen su derecho a ganar terreno en las votaciones.

En este batalla, Suiza tiene un sitio vulnerable, su economía es sólida, pero su talla limitada.  Este martes (01.03), el Parlamento helvético otorgó un nuevo espaldarazo al organismo de Washington que envía una clara señal política: Estamos presentes para las obligaciones, y también queremos estarlo para los derechos y toma de decisiones.

Los fondos se multiplican

El Consejo de los Estados, cámara alta de Suiza, aprobó este martes (01.03) septuplicar sus aportaciones al Fondo de Crisis del FMI, en donde su participación pasará de 2.500 a 18.000 millones de francos suizos.

Recursos que sólo serán erogados en caso de una nueva crisis internacional. La decisión dividió a los parlamentarios; recibió 94 votos a favor, 68 votos en contra y 15 abstenciones.

Previamente, el Consejo Nacional, o cámara baja, había avalado la misma iniciativa con 98 votos favorables, 68 contrarios y 19 abstenciones.

Según lo dispuesto por el Parlamento, el Banco Nacional de Suiza (BNS) será el responsable de transferir fondos al FMI en caso de necesidad.

Sobre la decisión de los legisladores, el BNS detalló por escrito que se trata de un préstamo otorgado por Suiza al FMI que sería remunerado a condiciones de mercado.

Adicional a este fondo emergente, Suiza avaló una contribución extraordinaria por 12.500 millones de francos suizos que será ejercida durante los próximos dos años y que forma parte de otro fondo para ayuda internacional, que no está previsto para casos de crisis.

Y finalmente, avalaron un crédito por 950.000 francos suizos para el Fondo Fiduciario de Reducción a la Pobreza y el Crecimiento (FRPC) del FMI.

Recursos perdidos

La derecha radical de la Unión Democrática de Centro (UDC) y los Verdes están abiertamente en contra de ampliar la participación de Suiza en el FMI porque estiman que se trata de un “desperdicio de recursos pertenecientes a los ciudadanos”.

En la tribuna, Ulrich Schlüer, de la UDC, expresó que “Suiza ya ha pagado suficiente por salvar al euro y ahora debe aportar recursos adicionales al FMI. No es lógico ni conveniente para el país”.

Schlüer hace referencia a los más de 20.000 millones de francos suizos que el BNS ha gastado en detener la apreciación del franco suizo, y con ello, tácitamente, en evitar un mayor debilitamiento del euro.

“No es correcto gastar más, especialmente considerando que las transferencia que nuestro país haga al FMI no serán reembolsadas”, argumentó.

En su turno, y en representación del Partido Verde (PV), Geri Müller afirmó que con frecuencia los apoyos que el FMI versa a países en problemas exigen a cambio programas de ajuste tan radicales que implican una supresión masiva de empleos con la que no comulgan los verdes.

Por otra parte, destacó la conveniencia de que se incluyan cláusulas que obliguen a los bancos que incurran eventualmente en insolvencia a perder dinero cuando esto sucede, en lugar de transferir esta responsabilidad a los gobiernos y después salir fortalecidos sin haber perdido un centavo de su propia bolsa.

Una participación necesaria

El Ministerio suizo de Finanzas (DFF) expresó, por escrito, que Suiza forma parte de una economía internacional integrada. Si la economía mundial es frágil, la perspectiva de desarrollo de Suiza se ve afectada en automático, “razón por la que el principio de la solidaridad internacional es aceptado por Suiza”.

Menos radicales, los socialistas dieron su voto a favor porque una parte de los recursos citados está destinado al desarrollo, un objetivo que comparten.

En tanto, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), en voz de Kathy Rinklin, afirmó que Suiza debe ser la primera interesada en contar con un sistema financiero y monetario que funcione correctamente.

Si Suiza se niega a participar y sumarse a dichas contribuciones, citó la legisladora, se arriesga a perder el asiento que hoy tiene en el seno del FMI. Rinklin tocó el tema más delicado de este expediente.

Por iniciativa de Estados Unidos –el país con mayor peso al interior del FMI- Suiza podría ver reducidos su voz y voto en favor de las economías emergentes.

De hecho, su silla en el Directorio Ejecutivo del Fondo está en riesgo desde hace más de dos años, y la determinación del Parlamento de avalar un repunte en los fondos de Suiza al FMI está ligada a este delicado tema. Rehusarse a participar es quedar fuera del juego, un riesgo que Suiza no tiene interés en correr.

Breton Woods

El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM)  fueron fundados en 1944 en Breton Woods –lo que les ha ganado el nombre de gemelos de Bretón Woods- para estabilizar y garantizar la solidez futura del sistema financiero internacional.

En el presente, ambos organismos tienen 185 países miembros y contribuyen al equilibrio de la economía mundial.

El FMI verifica las políticas económicas de los países desarrollados y emergentes, y el Banco Mundial financia proyectos de desarrollo.

Suiza se adhirió al FMI en 1992 luego de celebrar una votación popular sobre este tema.

Actualmente, Suiza encabeza uno de los 24 asientos del Directorio Ejecutivo del FMI.

La economía helvética representa sus propios intereses y también los de Polonia, Serbia, Azerbaiyán, Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán, que conjuntamente poseen

2,8% del peso total

en las votaciones del Fondo.

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Más al desarrollo

La Cámara Baja decidió el lunes (28.02) aumentar en 640 millones de francos suizos las ayudas para el desarrollo para el periodo 2011-2012, aval que se sumó al que ya había dado previamente la Cámara Alta en diciembre.

Los nuevos recursos se encaminan a lograr que Suiza canalice antes del 2015, el 0,5% del PIB a proyectos de desarrollo en el mundo, como lo sugiere la ONU.

Este nuevo presupuesto no tiene relación alguna con el acordado a favor del FMI.

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swissinfo.ch


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