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Testimonios que mantienen viva la memoria

La obra fotográfica de Jean Mohr, expuesta en Buenos Aires, en el 150 Aniversario del CICR, muestra las huellas de desolación que dejan tras de sí los conflictos armados. En la gráfica: Chipre, 1974. Jean Mohr

María Teresa Piñero (Teté) es la viuda de Ángel Georgiadis, preso político asesinado en la Unidad 9. Relató, como si hubiera sido ayer, el periplo trágico que atravesó en aquellos años y que no deja ir. Con una vieja agenda en la mano, mostró parte de lo que fue su vida en 1977:

Este contenido fue publicado el 25 mayo 2015 - 11:00
Norma Domínguez, Buenos Aires

“Esta es mi agenda de 1977, acá tengo marcado el 26 de enero y el 4 de febrero”. Sus notas refieren el triste destino de su esposo, su traslado y posterior muerte bajo la falacia de lesiones autoinfringidas comunicadas a través de un memo.

“Nunca pude ver el cuerpo de mi marido”, contó reprimiendo el llanto, y detalló que Georgiadis estaba preso desde 1975, cuando la Triple A lo detuvo amparándose en la Ley 20.840, también llamada Ley antisubversiva, y lo encerró en los pabellones de la muerte.

“Cuando quedé sola viví una situación de espanto, desamparo y amenaza; mirando todo el tiempo si me seguía algún auto y haciendo contraseguimiento, entrando y saliendo de los subtes. El CICR me ayudó a contactar al juez pero este nunca me recibió”.

'Betina sigue sin aparecer'

Daniel Tarnopolsky es familiar de desaparecidos, hoy miembro del Directorio de los Organismos de Derechos Humanos (EMPDDH) y un sobreviviente, ya que su escape lo libró de ser exterminado como su familia:

“Los países de Europa Occidental sostuvieron mucho nuestra causa y muchas veces durante el exilio viajé a Ginebra porque la Cruz Roja nos facilitaba información de nuestros detenidos en la Argentina”.

Cuando tenía 18 años vio cómo las fuerzas militares entraron en su casa y secuestraron a sus padres. También se llevaron a su hermana de 15 años y a su cuñada. Su hermano Sergio, estaba haciendo el Servicio Militar en la ESMA y nunca regresó.

En 1976 le llegó la hora de exiliarse: primero en Chile, después en Francia y más tarde en Israel, hasta que regresó la Democracia y volvió a la Argentina. Publicó el libro ‘Betina sigue sin aparecer’, una obra desgarradora que constituye hoy un testimonio de lo que significa la búsqueda angustiosa que atravesaron los familiares de las víctimas. 

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