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El espejismo de los 'Tango Bonds'

La insolvencia del gobierno en Argentina arruinó a miles de perqueños inversores y causó manifestaciones. Keystone

Argentina se niega a honrar las obligaciones emitidas antes de la crisis económica que la golpeó. Afecta a miles de ahorristas, incluso en Suiza.

Este contenido fue publicado el 04 febrero 2005 - 09:46

Grandes y pequeños inversionistas tomaron riesgos y perdieron. La oferta de arreglo argentina parece particularmente avara y echa sombras inquietantes en el sistema financiero internacional.

Un doble “road show” se lleva a cabo en los principales centros financieros. En Londres, Francfort, Zúrich o Milán, el gobierno argentino y los representantes de los inversionistas defienden sus posiciones totalmente divergentes en lo que se refiere al reembolso de lo que denominan 'Tango Bonds'.

Centenas de miles de inversionistas deberán decidir hasta el 25 de febrero si aceptan la oferta del gobierno argentino que consiste en reembolsar sólo el 35% del valor que tenían los certificados de crédito antes de la dramática crisis económica de 2001 en el país de América del Sur.

Buenos Aires quiere recuperar su "prestigio"

En otros términos, Buenos Aires quiere reducir una media de 65% del valor nominal de las obligaciones que están en circulación. Se trata de una de las reducciones más drásticas que decide un Estado soberano en una operación de este género.

A causa de la crisis de 2001, Argentina debió suspender todos sus pagos. Hoy, con la oferta de reembolso, pretende poner los contadores en cero y recobrar su "prestigio" para volver a tener acceso a los capitales internacionales.

Argentina no piensa discutir sobre esta decisión - en la Embajada de Argentina en Suiza se guarda silencio - y en cierta medida se ensombrece la fiabilidad de un sistema financiero internacional con el que cuentan los países emergentes para financiar su desarrollo.

La decisión argentina es evidentemente muy difícil que sea avalada por los inversionistas. Entre ellos están los miles de pequeños ahorradores que esperaban obtener réditos interesantes apostando en países emergentes como Argentina.

Hoy, esos inversionsitas no comprenden la intransigencia de Buenos Aires. Es cierto que después del desplome de su producto interior bruto en 2002 (-10,9%), Argentina registró tasas de crecimiento de más de 8% en 2003 y 2004. Más aún, las previsiones son buenas para 2005 y 2006.

Suiza en primera línea

Esta situación también atañe a Suiza. La Asociación Suiza de Banqueros confirmó que el valor de las obligaciones argentinas en Suiza rondan los 10.000 millones de francos.

Su portavoz precisó empero que la asociación no se encarga de aconsejar a los dueños de esos certificados de crédito. "Nos limitamos a darles informaciones sobre este asunto", declaró Thomas Sutter. Una tarea apreciada sobre todo por los bancos pequeños que no disponen de infraestructura similar a la de los grandes institutos financieros.

El UBS, uno de los pesos pesados del sector, desempeña en cambio un papel más activo. Junto con Barclays Bank y Merryl Lynch, el principal instituto bancario suizo asiste al gobierno argentino en este asunto.

El UBS está ciertamente entre dos frentes: su "División de inversiones" representa a las autoridades argentinas, mientras que su "División de gestión de fortuna" asesora a los clientes que poseen obligaciones argentinas.

"Esta situación no es nada excepcional", afirma Serge Steiner, portavoz del UBS. "Nuestras dos divisiones trabajan por separado y los consejos dados a los clientes se basan en pericias externas".

El UBS aconseja a sus clientes que no se dejen presionar por el gobierno argentino. "No se trata de una buena oferta", precisa Oussama Himami, responsable de la sección gestión de fortuna de países emergentes.

"Además, aún falta aclarar muchos aspectos jurídicos sobre las posibles consecuencias para los inversionistas que piensan rechazar la oferta argentina", señala.

500.000 inversionistas reunidos

Consituido hace un año, el denomiando 'Global Committee of Argentina Bondholders (GCAB)' también interviene en defensa de los inversores. Está muy activo en Italia y pretende representar a unos 500.000 inversionistas privados de 100 instituciones, bancos y comités cuyo capital conjutno suma 40.000 millones de dólares, cantidad equivalente a 46% de las obligaciones emitidas por Argentina en el extranjero.

En el marco de su "road show", el cofundador del GCAB Nicola Stock acaba de visitar las plazas financieras de Lugano, Ginebra y Zúrich. "La oferta de Argentina ni siquera garantiza a los ahorristas si obtendrán algún día la suma propuesta".

"Además es falso decir que quien no acepte esta oferta se verá ante obligaciones sin valor en las manos. Los poseedores seguirán disponiendo de un certificado de crédito con valor jurídico", precisa.

El GCAB exige que las obligaciones sean reembolsadas en al menos 55% de su valor, no lejos del doble de la oferta argentina. "Buenos Aires está en condiciones de pagar esa suma, teniendo en cuenta sus resultados económicos", reclama Nicola Stock.

El GCAB quiere que el gobierno argentino inicie una negociación con los principales grupos acreedores. El Fondo Monetario Internacional hizo la misma exigencia, pero su petición ha quedado, hasta ahora, en letra muerta.

swissinfo, Mariano Masserini
(Traducción: Juan Espinoza)

Datos clave

Buenos Aires debe 104.000 millones de dólares en 'Tango Bonds' y en intereses.
Más del 10% de las obligaciones argentinas están en manos suizas.
Los otros países más concernidos son Italia, Estados Unidos, Alemania y Japón.
El GCAG agrupa a más de 500.000 acreedores que poseen un 46% de las obligaciones argentinas.

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Contexto

- Los cientos de miles de pequeños inversores y las instituciones de crédito adquirieron obligaciones argentinas a finales de los años 90.

- Doblegada por una terrible crisis económica en 2001, Argentina suspendió sus pagos en el año siguiente.

- Para recobrar su acceso al mercado de capitales, Buenos Aires quiere arreglar esta deuda, pero en condiciones desfavorables (35% de su valor).

- Los inversionistas están ante un dilema: aceptar un tercio de su capital o correr el riesgo de perderlo todo.

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