El Foro de Davos no tendió los puentes esperados

El operativo de seguridad en Davos disgustó a muchos y fue la imagen espinosa del encuentro. Keystone

Los seis días de sesiones del 31 Foro Económico Mundial (WEF), clausurado este martes, no trazaron rasgos concretos en la búsqueda de una "globalización con rostro humano". El enorme dispositivo policial que asfixió toda esperanza de manifestarse contra el evento y la mundialización abre interrogantes sobre el famoso 'espíritu de Davos'.

Este contenido fue publicado el 30 enero 2001 - 18:10

"Los pobres no deben ser vistos como el problema de la globalización, sino como parte de la solución": Esta frase de James Wolfenson, presidente del Banco Mundial, resume en cierto modo el punto de vista de los más de 2.000 participantes en WEF.

En este contexto, varios representantes de las 69 ONG invitadas cuestionaron el desmesurado despliegue policial y dejaron abierta la posibilidad de no asistir a la próxima edición del WEF, si los organizadores y el Gobierno de Suiza no permiten el "ejercicio de la libertad de expresión y de reunión", según el comunicado que emitieron.

Esta grieta debilita las tentativas de acercamiento entre los organizadores y la sociedad civil, pero no incide en el rumbo inexorable de la globalización de la economía mundial.

Aunque algunos dirigentes políticos recordaron, por enésima vez, que las altas tarifas arancelarias, las medidas proteccionistas y la falta de acceso a los mercados frenan las aspiraciones de desarrollo de los países del Sur, el WEF volvió a mostrar su característica esencial de plataforma informal, que facilita el establecimiento de contactos a todo nivel, sobre todo comercial.

En los más de 300 paneles se abordó un gran abanico de temas, todos importantes, pero que por la premura del tiempo apenas pudieron ser profundizados.

Globalización, pobreza, igualdad de oportunidades, educación, salud, mejor distribución de los ingresos económicos, equidad en la incorporación de las nuevas tecnologías, intercambio de informaciones, respeto de los derechos humanos en el marco de la promoción de un desarrollo sostenible son algunos conceptos reiterados en el encuentro que tuvo lugar bajo la celosa protección de un millar de efectivos policiales.

Más allá de la manifestación antiglobalización suprimida y del inmenso despliegue de seguridad, los asistentes, entre ellos el vicepresidente de Bolivia, Jorge Quiroga, y el presidente de México, Vicente Fox, coincidieron en que el WEF es una inmejorable ocasión para crear ideas que permitan avanzar.

Esta vez no parece ser el caso. No surgió la gran idea capaz de tender los primeros puentes concretos entre pudientes y desposeídos, entre el Norte y el Sur. La promesa de acortar las profundas diferencias quedó en eso: en una promesa sin calendario.

Juan Espinoza, enviado especial

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