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El «otro» Tiananmen, cuando en 1989 toda China pedía democracia

Un gurpo de manifestantes lanza piedras contra las fuerzas de seguridad tras la proclamación de la ley marcial en Chengdu (China), el 4 de junio de 1989 afp_tickers

Es el «otro Tiananmen», casi olvidado. En la primavera de 1989, lejos de Pekín donde millones de chinos exigían democracia, las ciudades de provincia también fueron escenario de manifestaciones, violentamente reprimidas.

Karl Hutterer, un profesor austro-estadounidense, entonces de paso por Chengdu (sudoeste), a 1.800 km de la capital, recuerda aún las escenas de caos a las que asistió desde el tejado de su hotel.

A principios de junio de 1989 afirma haber visto a las fuerzas de seguridad irrumpir en una de las principales plazas de la ciudad, aprovechando la noche, para lanzar gases lacrimógenos y golpear a los manifestantes con porras.

La plaza Tiananmen de Pekín ya era desde hacía siete semanas el epicentro de manifestaciones inéditas, cuya represión por parte del ejército dejó centenares de muertos en la noche del 3 al 4 de junio.

Pero toda China se vio afectada por el movimiento de protesta, que empezó por la oposición a la corrupción y a la inflación que golpeaba a las familias tras una década de reformas económicas.

«Había heridos, y probablemente también muertos» relata Karl Hutterer a la AFP sobre los acontecimientos de Chengdu.

Según diversas estimaciones, un centenar de ciudades habrían sido escenario de manifestaciones.

«Era un movimiento popular en el que todo el mundo compartía el deseo de más libertades y derechos», declara a la AFP Andrea Worden, que enseñaba inglés en Changsha (centro).

Debido a la ausencia casi total de medios extranjeros fuera de Pekín, muchos testimonios se han perdido, y las autoridades imponen el silencio sobre esos acontecimientos.

Estos manifestantes seguían con atención lo que ocurría en la capital. Y cuando los estudiantes de Tiananmen empezaron a negarse a tomar alimentos, de inmediato generaron fervor y apoyo en las provincias.

En Changsha, Andrea Worden estima que al menos 20.000 jóvenes protestaron el 17 de mayo, llevando pancartas en las que se leía: «Apoyo a los huelguistas de hambre de Pekín».

Días más tarde en Changchun (noreste), centenares de obreros organizaron un desfile, recuerda Tang Yuanjun, un exingeniero de la fábrica de autos FAW.

Y cuando se extendió la noticia de que el ejército había abierto fuego contra los manifestantes en Pekín, en todo el país la gente bajó a las calles en señal de solidaridad.

«La crueldad del gobierno había aniquilado nuestros temores» explica Ding Mao, uno de los líderes estudiantiles locales de la época.

La noche del 4 de junio, como reacción a la represión en la capital, Ding ocupó con unos colegas un puente sobre el río Amarillo –uno de los principales puntos de acceso a la ciudad– para bloquear una intervención del ejército.

Según él, otros miles de habitantes de Lanzhu también participaron en el bloqueo, especialmente en las calles y estaciones de tren.

El 4 de junio supone para él un momento clave en China, ya que después de esta fecha «mucha gente se dio cuenta de que no habría ninguna posibilidad de compromiso o de reforma» política.

En Chengdu, entre seis y 300 personas murieron, según la periodista Louisa Lim, autora de un libro sobre los acontecimientos.

Las fuerzas de seguridad golpeaban a los manifestantes «con porras y con cuchillos, hasta que dejaban de moverse», escribe Karl Hutterer en sus notas fechadas del 10 de junio de 1989, basadas en su experiencia y en testimonios.

Pero 30 años después, este período de la historia de China sigue siendo tabú. Y las autoridades borran cuidadosamente de internet cualquier referencia a la represión.

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