Vida & tercera edad

Eso que creíamos verdad sobre Suiza queda desacreditado

Si está de vacaciones en Suiza, la reacción que tengan algunos de sus amigos inevitablemente vendrá cargada de clichés. Tal vez sobre la riqueza del país (“allí todo el mundo es asquerosamente rico”), o sobre su calidad de vida (“es uno de los lugares más seguros del mundo”) o quizá sobre su gente (“para empezar, son sumamente antipáticos y aburridos”). 

Skizzomat (ilustración)

Tanto la gente local como los turistas, inmigrantes y observadores ocasionales tienen derecho a tener sus propias perspectivas. Y algunas suposiciones sobre los suizos, como que después de las 10 de la noche no se puede tirar de la cadena del váter o, por ejemplo, que no se puede tener un hámster solo son buenas para reírse por lo bajo (aunque realmente únicamente una de estas es cierta).   

Pero muchas afirmaciones (como la manera en la que el país trata a los extranjeros o a las mujeres) pueden revelar mucho sobre las identidades suizas, la historia del país, la política y las normas sociales.   

En términos de riqueza media, los suizos, efectivamente, están entre los más ricos del mundo. Pero el país también tiene una densidad alta de hogares millonarios. Y, según la definición de la Oficina Federal de Estadística, la mayoría de los residentes se encuentran en el rango de “ingresos medios”.   

Y hay pobreza, por supuesto. Pobreza que existe en mayor medida de lo que a primera vista mucha gente pudiera suponer. Cerca del 8% de la población es pobre, según la Oficina Federal de Estadística.

Vivir en el umbral de la pobreza en Suiza es tan peligroso como en cualquier otro país, algo que se ha hecho patente durante la pandemia de coronavirus. Las indecorosas condiciones de vida y trabajo no han hecho sino aumentar la exposición de este grupo a la enfermedad.

Otra cuestión plagada de conjeturas –y que es difícil de ignorar porque una cuarta parte de la población no posee la ciudadanía suiza– es el modo en el que Suiza trata a los extranjeros que viven en el país.   

Las personas que aspiran a la ciudadanía a veces aparecen en los titulares porque durante las entrevistas de naturalización no responden correctamente a complicadas preguntas sobre las tradiciones e insignificancias suizas. Estas noticias refuerzan la idea de que la vía hacia la nacionalidad suiza se ha convertido en algo extraordinariamente difícil. 

Aunque la verdad es algo más compleja. Un gran número de residentes extranjeros dice no tener interés en obtener la ciudadanía porque no necesita el pasaporte rojo para sentirse bien integrados en la sociedad suiza (de la encuesta se desprende que las personas inmigrantes están muy vinculadas a sus lugares de origen). 

También hay inconvenientes. Si se tiene en cuenta el seguro del automóvil, cobrar a los conductores una prima más alta si estos tienen pasaporte italiano es totalmente legal. Mucha gente diría que esto es discriminatorio. De hecho, en la Unión Europea es ilegal.  

Las diferencias autorizadas en las primas de seguros en función de la nacionalidad pueden parecer triviales, aunque plantean interrogantes sobre cómo Suiza puede categorizar los distintos grupos sociales, con normas y expectativas diferentes para cada uno de ellos.  

El género, al igual que la nacionalidad, es otro de esos temas controvertidos. Lucca, pregunta por qué un país rico como Suiza parece quedarse atrás en lo que a la igualdad de las mujeres se refiere. Otra lectora llamada Kay se cuestiona si en Suiza la mayoría de las madres se queda en casa.  

Después de todo, a nivel federal, las mujeres no obtuvieron el derecho a votar hasta 1971. (Y el semicantón Appenzell Rodas Interiores, no amplió el derecho de las mujeres al voto a nivel municipal y cantonal hasta 1990, obligado por una sentencia del Tribunal Federal). Y persiste la desigualdad en el trabajo. En 2019 decenas de miles de mujeres tomaron las calles para protestar por la falta de progreso.   

La política del permiso de maternidad remunerado sigue siendo otro punto de fricción para muchas mujeres, ya que es uno de los permisos menos generosos de entre los países desarrollados. Y los esfuerzos por introducir el permiso de paternidad legal se enfrentan a los desafíos de la derecha conservadora.  

Pero de todas las afirmaciones que se oyen sobre Suiza y su población la más complicada de sacudirse de encima –y comprobar– es lo hostil que es su gente. “Aquí es muy difícil hacer amigos”, escribió una lectora, Caroline. “Es un país realmente asombroso, pero le falta calidez”. 

Tal vez tenga que ver con las tradiciones y costumbres. Un lector llamado James indica que los suizos tienen dificultad para hacer amistad con personas de otras culturas.

Sin embargo, hay que tener en cuenta la ola de solidaridad durante la pandemia: los habitantes del cantón Tesino abrieron sus casas a los trabajadores transfronterizos de Italia y voluntarios en todo el país ayudaron a aliviar el aislamiento de las personas en los grupos de riesgo con una llamada telefónica u ofreciéndose para llevarles las compras a casa.

¿Los suizos son poco amigables? Durante la mayor crisis del país desde la Segunda Guerra Mundial, al menos, no ha faltado el calor humano y el acercamiento entre culturas.

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