El suizo que luchó por los migrantes explotados en el Brasil del siglo XIX
Hace unos 170 años, el suizo Thomas Davatz lideró una revuelta en Brasil que sacó a la luz la explotación de los inmigrantes europeos en América Latina en el siglo XIX. La historia arroja luz sobre dilemas que aún son fundamentales en los debates actuales sobre migración, trabajo forzoso y responsabilidad estatal.
Thomas DavatzEnlace externo partió de Suiza hacia Brasil hace 170 años en busca de oportunidades. El país sudamericano, uno de los mayores productores de café del mundo, se encontraba entonces bajo la presión del Reino Unido, que había cuestionado un modelo de negocio basado en la mano de obra esclavizada en África y aprobado leyes como la ‘Ley Aberdeen’ (Aberdeen Act), que facultaba a la Marina Real Británica a capturar barcos esclavistas brasileños. En 1850, tras esa presión, se prohibió la trata transatlántica de esclavos hacia Brasil.
En este contexto, surgieron las primeras iniciativas lideradas por Brasil para atraer a europeos que sustituyeran a la menguante mano de obra de las plantaciones. Los terratenientes brasileños creían que traer inmigrantes europeos a Brasil daría al país una imagen de civilización, al tiempo que «blanquearía» a la población que había sido notablemente moldeada por los esclavos africanos.
En los Alpes, Davatz era profesor en una escuela rural y se le consideraba una figura muy respetada en la localidad de Prättigau, cantón de los Grisones, donde vivía y trabajaba. Había recibido una intensa educación religiosa moldeada por la ‘Misión Interior’ (Inner Mission), un movimiento protestante alemán del siglo XIX, muy extendido en Suiza y otras regiones de la Europa reformada.
Como figura influyente, Davatz lideró la llegada de uno de los grupos de emigrantes contratados por una empresa brasileña que actuaba como intermediaria entre los terratenientes brasileños y los trabajadores suizos.
«La idea era que, para civilizar a la nación brasileña, era necesario traer europeos. Había tanto una tesis ‘blanqueadora’ como una civilizadora, basada en una interpretación errónea del evolucionismo de Charles Darwin, que fue muy influyente en el siglo XIX», afirma Victor MissiatoEnlace externo, analista político y profesor de historia en la Universidad Presbiteriana Mackenzie.
Fue en ese marco que el Estado brasileño promovió la inmigración mediante políticas oficiales como la concesión de tierras, la contratación de reclutadores en Europa y la difusión de propaganda para atraer trabajadores. En 1848 llegaron las primeras familias de habla alemana procedentes de distintos estados alemanes y de Suiza. El grupo que integraba Davatz llegó al país en julio de 1855.
«Estos campesinos europeos eran, en cierto modo, reacios a la industrialización. Eran personas que apostaban por una solución rural a las crisis europeas, a diferencia de muchos otros que emigraron a las ciudades. Llegaron con la esperanza de convertirse en propietarios de tierras, por pequeñas que fueran. Esa expectativa se frustró por el proyecto brasileño liderado por los grandes terratenientes», afirma Alberto Luis SchneiderEnlace externo, doctor en Historia por la Universidad de Campinas, Brasil.
Desde Prättigau hasta Limeira
«En agosto de 1854, mis pensamientos se posaron en Brasil», escribió Davatz en sus memorias, ‘El trato a los colonos en la provincia de Sao Paulo, Brasil’ (Die Behandlung der Kolonisten in der Provinz St. Paulo in BrasilienEnlace externo).
«Allí mis grandes esperanzas se harán realidad, tal y como sugerían numerosas descripciones a través de conferencias, cartas, materiales impresos y explicaciones de todo tipo. Con esta alegre expectativa, decidí, como miembro de la ‘Comisión de Ayuda a los Pobres’, presentar una propuesta a mi municipio sugiriendo que proporcionara los recursos necesarios a los ciudadanos que desearan embarcarse hacia Brasil sin tener los medios para pagar el viaje», escribió.
Este puesto de liderazgo también le reportó beneficios personales al profesor suizo. Cuando llegó a Brasil, trabajó en la ‘Hacienda Ibicaba’Enlace externo, en la ciudad de Limeira, en el interior del estado de Sao Paulo, y asumió una función administrativa. Según Ilka Stern Cohen, coautora [junto a Ana Luiza Martins] del libro ‘Brasil a través de los ojos de Thomas Davatz’, el suizo también tenía la misión oficial de enviar a la Confederación un informe sobre las condiciones de vida y de trabajo en la colonia. El objetivo era orientar a las autoridades de su país en su política de emigración, la cual era promovida como una política de bienestar social, con el fin de mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos en una época en la que el país era todavía mayoritariamente rural y pobre.
La revuelta
Después de un año y medio en la plantación, donde trabajó como maestro de los hijos de los colonos, Davatz exigió negociaciones sobre los diversos problemas que había identificado entre los habitantes de la colonia, bajo el llamado ‘sistema de asociación’.
Este modelo, adoptado en el Brasil del siglo XIX, principalmente en las plantaciones de café como alternativa gradual a la esclavitud, concedía a los emigrantes una parcela de tierra para cultivar y les obligaba a compartir la producción con el terrateniente. Se presentaba como ‘trabajo libre y cooperativo’.
Aun así, en la práctica, los colonos se veían sometidos a un estado de endeudamiento constante. Estaban obligados a comprar bienes y servicios al propio terrateniente, cuyas cuentas controlaba de modo unilateral. Las deudas resultantes limitaban la movilidad y la autonomía de los trabajadores suizos, convirtiendo el sistema en un método de trabajo que, aunque formalmente libre, estaba marcado por la coacción y la explotación, comparable a la esclavitud.
«Los terratenientes brasileños provenían de una fuerte tradición esclavista. No tenían una cultura de tratar con trabajadores libres, y eso sin duda influyó mucho en los problemas que surgieron», afirma Schneider.
Según Béatrice ZieglerEnlace externo, historiadora y profesora de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes del Noroeste de Suiza (FHNW), Davatz comenzó a supervisar sistemáticamente los registros de gastos e ingresos de los colonos y a auditar sus libros de cuentas. Su labor docente y su alfabetización lo convirtieron en un líder natural entre los colonos suizos.
«En estos análisis, identificó precios inflados de los alimentos, fraude en el pesaje del café entregado e irregularidades en los precios pagados por la producción, entre otras prácticas. Basándose en estas pruebas, llegó a la conclusión de que los colonos que sustituían a los esclavos estaban siendo sistemáticamente engañados», afirma.
Aunque los registros no señalan una violencia generalizada por ninguna de las dos partes, el enfrentamiento fue significativo. Los propietarios de las plantaciones, que hasta entonces habían dependido de la mano de obra esclavizada, se negaron a aceptar ninguna de las demandas de los colonos libres. Temiendo que el líder de los emigrantes pudiera ser arrestado o sometido a violencia, como era habitual con los esclavos, en 1856 los colonos, liderados por Davatz, acudieron a la sede de la plantación y amenazaron al personal.
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La preocupación de que la revuelta pudiera inspirar a los africanos esclavizados llevó a los terratenientes y a los políticos locales a exigir medidas severas contra Davatz, quien fue acusado de ser un agente extranjero y de dañar las relaciones diplomáticas entre los dos países.
Los colonos suizos convivían con los esclavos africanos en las plantaciones de café, compartiendo los espacios de trabajo diarios, pero ocupando una posición legalmente distinta y jerárquicamente superior dentro de un sistema que seguía estando estructurado en torno a la esclavitud, según Victor Missiato.
El trabajo esclavo siguió utilizándose ampliamente y, aunque la trata transatlántica fue oficialmente prohibida en 1850, la esclavitud en sí permaneció plenamente legal en Brasil hasta su abolición en 1888 [Ley ÁureaEnlace externo], persistiendo mientras tanto el tráfico ilegal y un activo comercio interno de personas.
Ese mismo año, Davatz abandonó la plantación bajo la protección de otros colonos suizos y viajó a Santos, el principal puerto de salida de Brasil en aquella época. Desde allí, regresó a Europa por mar, con el apoyo informal de sus compatriotas y bajo la vigilancia de las autoridades brasileñas, pero sin haber sido detenido ni deportado oficialmente.
De regreso a Suiza y a la historia
De vuelta en Suiza, en un intento por frenar la emigración de sus compatriotas, Davatz publicó un relato detallado en el que denunciaba el sistema de explotación al que estaban sometidos los inmigrantes europeos en las plantaciones de café brasileñas. Fue este testimonio escrito, más que cualquier castigo judicial en Brasil, lo que convirtió su experiencia en un caso de resonancia internacional.
«El relato de Thomas Davatz no era simplemente otra descripción pintoresca de Brasil, como cabría esperarse de un extranjero. Abordaba temas delicados como la opresión, los abusos de poder y las reacciones de los oprimidos, temas que sin duda resultaban incómodos y en gran medida desconocidos para el público lector nacional», afirma Cohen.
El impacto fue inmediato. «Los efectos comenzaron en el cantón de los Grisones. El Gobierno estaba esperando el informe de Davatz porque tenía la intención de permitir que emigraran muchas más personas. Cuando llegó el documento, no sólo tuvo que abandonar esa idea, sino que también temió las protestas de las familias de los emigrantes, la prensa y los círculos políticos. Además, muchos municipios, a pesar de ser muy pobres, habían adelantado fondos para la emigración y temían que los colonos nunca los devolvieran», explica Béatrice Ziegler.
Otras regiones de habla alemana también se vieron influenciadas por el relato de Davatz. Poco después del levantamiento, y junto con los informes de otros emigrantes como Theodor Heusser y Jean-Jacques Tschudi, surgió una intensa campaña en Prusia que desalentaba a los emigrantes de habla alemana de trasladarse a Brasil. La emigración a Brasil fue oficialmente prohibida en Prusia en 1859.
Según Ziegler, en Suiza, aunque la emigración seguía siendo competencia cantonal, las agencias de emigración de algunos cantones pronto quedaron sometidas a un control más estricto. En diciembre de 1888 entró en vigor una ley federal que regulaba con mayor claridad el proceso de emigración, reforzando la idea de que el Estado tenía la responsabilidad directa de proteger a sus ciudadanos en el extranjero.
La huella de ese período sigue siendo visible en Brasil. En 2024, el Ministerio de Trabajo y Empleo informó del rescate de 2004 trabajadores en condiciones análogas a la esclavitudEnlace externo, lo que pone de relieve la persistencia de relaciones laborales explotadoras.
Texto editado por Virginie Mangin. Artículo adaptado del inglés por Norma Domínguez. Versión en español revisada por Carla Wolff.
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