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Iberia vende libros españoles desde hace 50 años

Jaime Romagosa ha dedicado su vida a los libros.

(swissinfo.ch)

Cruzar la puerta de Iberia, librería anticuaria ubicada en el centro de Berna, es como retroceder en el tiempo e ir al encuentro de libros que acompañaron a dos o tres generaciones atrás.

Es también entrar al mundo de las letras hispanoamericanas de ayer y de hoy.

En el "centro del libro español", como se autodenomina esta librería, se respiran otras épocas. Libros antiguos, un teléfono de los años 30 adquirido a Swisscom por 10 francos, una caja registradora de más de medio siglo que marca compras, ingresos, egresos...

"Es una máquina pasada de moda, está algo estropeada, no puedo repararla porque no tiene repuestos, pero sigue sumando y me sirve. Es una máquina que va bien con los libros viejos, es una pieza de museo, como yo", dice Jaime Romagosa (82), propietario de Iberia.

"Sigo con el sistema clásico, no necesito computadoras ni Internet, me basta mi cerebro mientras funcione", añade este barcelonés que llegó a Berna cuando tenía tres meses de nacido. Vino con sus padres que eran propietarios del desaparecido "Café Barcelona".

Como español, en la Berna de entonces Romagosa era un exótico. "En los años 20, los españoles, casi todos catalanes o mallorquines, no llegábamos a mil, y la mayoría se dedicaba al negocio, ya sea la administración de restaurantes o de tiendas de venta de frutas".

Clásicos españoles a la orden del día

Romagosa escogió la compra y venta de libros. Tan pronto como terminó el bachillerato de literatura en Berna y en Barcelona, empezó a buscar libros de ocasión que vendía, primero, en un local de la calle Monbijou, hasta que luego se mudó a Hirschengraben.

"Compro bibliotecas enteras, restos de ediciones o libros agotados, ya sea de literatura, lingüística, diccionarios, libros para aprender el español", cuenta el anticuario. Entre sus principales colecciones se encuentran las obras completas de Valle Inclán, Calderón de la Barca y Lope de Vega.

Medicina, derecho y técnica son los únicos temas que no toca el anticuario que además ofrece libros de segunda mano en alemán, francés, italiano e inglés.

¿Se puede vivir de este negocio? "Si, modestamente", responde Romagosa, quien paralelamente a su profesión de librero trabajó hace años en la emisión de onda corta de Radio Suiza Internacional, fue corresponsal de diarios españoles, hizo crítica de cine para periódicos locales y enseñó español en un colegio.

Salvó de la basura una primera edición de Goethe

El amor por los libros ha deparado a Romagosa ganancias de otro tipo. Por ejemplo, cuenta que una vez lo llamaron y que al llegar a casa se encontró con un saco de libros que iba a parar en la basura. El anticuario echó un vistazo al saco y encontró una primera edición de Goethe.

"Ese libro no lo vendo, lo tengo en casa. Hay gente que no sabe lo que tiene", sentencia Romagosa, quien consigue sus libros mayormente de coleccionistas suizos, de extranjeros que se van de la ciudad, de deudos que liquidan las pertenencias de alguien que acaba de morir.

Como los proveedores, los clientes de Romagosa son diversos: españoles, latinoamericanos, pero sobre todo suizos que aprenden el español o que estudian literatura. Si tiene algún pedido, lo anota en un fichero, busca el libro y cuando lo encuentra llama al cliente.

Como pocos, Romagosa ha visto la evolución del español en las últimos décadas en Suiza. "En los 50 comenzó la gran corriente migratoria de España y en los 80 la de América Latina. Hoy hay muchos hispanohablantes en Suiza, el español puede ser escogido como tercera lengua en los colegios de secundaria y hay cátedras de la especialidad en las universidades".

Aunque sin computadora o Internet, Romagosa no quiere quedarse sólo en el pasado y por ello también ofrece literatura actual. En el escaparate principal coloca las obras de los autores contemporáneos más destacados como Javier Marías, Camilo José de Cela, Miguel Delibes o Mario Vargas Llosa.

El Quijote es una enciclopedia

"Vivir para contarla", memorias de infancia y juventud de García Márquez se ha vendido muy bien", comenta Romagosa. Pero a él, el libro que más le ha dejado huella es, sin duda, el Quijote. "Lo he leído muchas veces y lo sigo leyendo porque es como una enciclopedia que contiene de todo y nunca pasa de moda".

Los autores suizos modernos traducidos al español también tienen un espacio. Y en otro escaparate que se renueva constantemente presenta cuentos, libros sobre Berna o Suiza, en sus diferentes expresiones, sea su historia, su geografía o su arte.

La competencia no existe para Romagosa, miembro de la directiva del Círculo de Amigos de España, Portugal e Iberoamérica. "Tenemos muy buenas relaciones con (la librería) Libromanía. Si les falta algo, yo lo busco y se lo envío y viceversa. Nosotros coexistimos y colaboramos unos con otros".

Durantes años, Romagosa organizaba tertulias en Iberia, pero algunos participantes regresaron a España, otros murieron. Romagosa se ha quedado solo con sus libros. Pero, asegura, éstos no quedarán solos cuando él se vaya de este mundo, pues "hay gente que continuará su tarea".

swissinfo, Rosa Amelia Fierro, Berna

Contexto

Jaime Romagosa llegó a Suiza cuando tenía tres meses. Sus padres eran los propietarios del hoy desaparecido Café Barcelona de Berna.

Los libros han marcado la trayectoria de este catalán, de 82 años, fundador de la librería Iberia.


Entre sus principales colecciones figuran las obras completas de grandes autores, como Calderón de la Barca, Lope de Vega y Ramón del Valle Inclán.

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