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Las aberraciones, falta de coordinación e incoherencia de la política climática suiza

La crisis climática amenaza al planeta. Exige una política que vaya más allá de las fronteras y deje de lado los intereses propios a corto plazo. Pero buscaremos en vano en Berna señales de una política climática (exterior) coherente, sostiene Jürg Staudenmann, experto en clima y medioambiente de Alliance Sud, que agrupa a seis grandes oenegés suizas dedicadas a la cooperación internacional.

Este contenido fue publicado el 23 noviembre 2020 - 09:23
Jürg Staudenmann, experto en clima y medioambiente de Alliance Sud

Nadie refutará con argumentos serios que la política climática debe ser transfronteriza. Pero ¿a qué ministerio debería adscribirse? ¿Al de Medio Ambiente responsable de la reciente [revisión de] Ley de CO2? ¿Al de Asuntos Exteriores ya que el Acuerdo de París define objetivos e imperativos transfronterizos? ¿Al de Economía porque el tema climático concierne principalmente a las empresas y la investigación? También podría ser al de Finanzas, ya que la que la plaza financiera suiza tiene un peso considerable para hacer avanzar las cosas en materia de política climática.

Es evidente que el recrudecimiento de la crisis climática solo puede contrarrestarse con una estrategia interministerial, que vaya más allá de los patrones de pensamiento y modelos políticos habituales. Por el momento, sin embargo, el Gobierno federal no da señales de avanzar en ese sentido.

"La política climática suiza es arbitraria e incoherente"

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Un problema central de la política climática suiza es su forma (deliberadamente) arbitraria de mirar las fronteras nacionales. Aunque para todo el mundo está claro que los gases de efecto invernadero no conocen fronteras, la clase política todavía se concentra exclusivamente en las emisiones nacionales cuando se trata de contabilizar los gases de efecto invernadero y pretende "compensar" las emisiones de CO2 en el extranjero gracias a Ley de CO2. Y se debate con fervor las posibilidades técnicas para capturar el CO2 y "desecharlo" en el extranjero.

La política climática suiza debe ser lo más barata posible y –este es el consenso de la Realpolitik que el movimiento de huelgas climáticas critica fuertemente y con razón –no debe cuestionar nuestro nivel de vida, tan dañino para el medioambiente, ni asumir la responsabilidad de la enorme huella climática de Suiza fuera de sus fronteras.

Actualmente, la mayor parte de los fondos destinados a la política climática internacional se movilizan desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, concretamente, provienen del presupuesto de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE). Este enfoque entra cada vez más en conflicto con la misión principal de COSUDE que es luchar contra la pobreza y la desigualdad en el terreno. La protección climática mundial es, sin duda, crucial y urgente, pero no puede ser una labor exclusiva de COSUDE y ni debe financiarse fundamentalmente con la partida del presupuesto para el desarrollo.

Los siguientes dos ejemplos ilustran hasta qué punto Suiza materializa su política climática fuera de sus fronteras de una manera descontrolada y descoordinada:

Investigación industrial con fondos de COSUDE: COSUDE participa en un proyecto de investigación del sector privado y de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) sobre un tipo de cemento con baja emisión carbónica (Low Carbon CementEnlace externo), que se produce y se testa en India, Cuba, Tailandia, China y Brasil. Es cuestionable si beneficiará directamente a las poblaciones locales más pobres.

Proyectos de desarrollo de la Oficina Federal de Medio ambiente (OFEV). En julio pasado, la OFEV anunció con orgulloEnlace externo que en Perú se distribuirán 200 000 cocinas mejoradas "para reducir el consumo de leña". El proyecto trae progreso para aquellos que ya no tendrán que utilizar cocinas llenas de humo que dañan su salud. Será difícil verificar en qué medida esta iniciativa permitirá proteger los bosques y reducir las emisiones de CO2. Pero Suiza podrá restar cierta cantidad de toneladas de emisiones de CO2 de su balance interno. Sorprende además que COSUDE no esté involucrada en este proyecto.

Conclusión: La política climática de Suiza es arbitraria e incoherente, sobre todo en lo que respecta a sus objetivos y su impacto más allá de las fronteras nacionales. Desde el enfoque hasta la financiación y la elección de los instrumentos, diversos organismos federales están promoviendo sus propios programas en gran medida de manera descoordinada, lo cual da lugar a una superposición de responsabilidades. Los actores privados y políticos, así como los legisladores, actúan de forma contradictoria e inconsistente en la elaboración de la nueva Ley de CO2.

¡Se requiere urgentemente una política climática (exterior) global, transfronteriza e interministerial! Suiza debe indicar las razones y los instrumentos a partir de los cuales se propone reducir las emisiones mundiales y promover la resiliencia, ya sea de forma directa o a través de terceros (por ejemplo, el (Fondo verde paraEnlace externo el clima), y aclarar cómo los principios de precaución y de que ‘el que contamina paga’ deben hacerse respetar en aras de la coherencia. Y esto requiere una clara repartición de roles basada en las habilidades y capacidades de la Confederación y del sector privado, con la participación de los círculos científicos y de la sociedad civil.

Balance climático global para las empresas y los Estados

La capacidad de absorción del exceso de los gases de efecto invernadero por parte de la atmósfera es limitada. De acuerdo con los objetivos del Acuerdo de París, la evaluación completa de las emisiones de gases de efecto invernadero de un Estado podría basarse en los estándares industriales transnacionales estipulados en el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (Greenhouse Gas-GHG). Sin ser de cumplimiento vinculante, este método se basa en cifras nacionales y compensa las lagunas existentes en la cobertura internacional sobre el clima. Este método distingue tres "perímetros" de emisiones:

  • Las emisiones de rango 1 y 2 (Scope 1 y 2) incluyen los gases de efecto invernadero emitidos por una empresa, directa e indirectamente (por ejemplo, a través de la energía comprada).
  • Las emisiones de rango 3 (Scope 3) también toman en cuenta las emisiones generadas por los proveedores y por la distribución, uso y eliminación de los productos propios de la empresa.

Aplicado a los Estados, esto significaría que además de las emisiones nacionales, en el balance también deberían incluirse también las emisiones generadas en el extranjero por la producción y el transporte de bienes de consumo, así como las de los servicios importados (conocidas como emisiones grises).

Dentro del rango 3, además de esas emisiones “relacionadas con el consumo”, habría que incluir en el balance los gases de efecto invernadero emitidos por las multinacionales suizas y sus proveedores fuera de las fronteras helvéticas. Esto comprende, en particular, las emisiones resultantes de las inversiones que se realizan a través de la plaza financiera suiza, que son 22 veces superiores a las emisiones nacionales.

Una política climática nacional no puede ser considerada como responsable y sostenible a nivel mundial si no incluye en la medición de su huella carbónica los rangos 2 y 3 citados.  Cambiar la medición limitaría la utilización de términos ambiguos, pero frecuentemente usados, como "energía neta cero" o "neutralidad climática total".

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Este artículo se publicó originalmente el 5 de octubre de 2020 en el sitio web de Alliance Sud en alemánEnlace externo y en francésEnlace externo.

Las opiniones vertidas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente las de swissinfo.ch

Traducción del francés: Andrea Ornelas

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