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La autora Luisa Reyes rescata en la ficción al Usumacinta, “el último río vivo de México”

Ana Báez

Ciudad de México, 24 feb (EFE).- “¿Un río puede secuestrar a una persona para salvarse a sí mismo?”, se pregunta la escritora mexicana Luisa Reyes en su más reciente novela que presenta al Usumacinta, el último río vivo de México, como un protagonista que se defiende de la amenaza de las presas y de su captura por la huella humana.

“En el derecho mexicano no puedes defender a un río; tienes que defender a las poblaciones aledañas o a especies endémicas, pero no existe la posibilidad de decir: ‘este río tiene el derecho de vivir’”, explica la también abogada a EFE sobre la inquietud que le despertó escribir ‘Mal de río’.

Al visitar las tempestuosas orillas selváticas de este inmenso caudal -que se extiende por los estados de Chiapas, Tabasco y Campeche, así como por la frontera entre México y Guatemala-, Reyes entendió que la literatura “necesita imaginar no solo el fin del mundo, sino el fin del capitalismo”.

Capturar el río

Con esa idea en mente, inventó a Marcia Corona, una prestigiosa abogada que gana un litigio relacionado con la construcción de una presa en el Usumacinta, pero el machismo imperante en el ámbito jurídico demerita su trabajo y termina apartándola del caso.

Corona es un personaje acostumbrado a luchar contracorriente, al punto de intentar enfrentar las aguas del Usumacinta, pero no hay “nada más fuerte que ese río resguardado por la Selva Maya”, por eso, asegura la autora, “nadie ha podido instalarle una presa”.

Desde mediados del siglo pasado, representantes del Gobierno de México y del sector privado han intentado construir una presa hidroeléctrica de gran escala en Boca del Cerro, localidad situada en el municipio de Tenosique (Tabasco), aunque la resistencia ambiental y las propias condiciones del entorno han frenado el proyecto.

Entre defender y morir

Del combate caudaloso entre Marcia y el Usumacinta, la protagonista logra, por primera vez, escuchar las palabras del río en forma de poesía y de sueños escritos en un lenguaje “experimental”, que va más allá de las estructuras tradicionales de “sujeto, verbo y predicado”.

“A Marcia se le mete el río al cuerpo y, aunque quiere continuar con su venganza personal, también desea defender esas aguas”, detalla la novelista, de 47 años.

En este punto, la voz protagonista se enfrenta a la realidad violenta que implica defender la tierra en México, reflejada en activistas como Príamo Zepeda, quien representa, desde la ficción, la lucha real de las personas que, desde el asentamiento de la civilización maya, han protegido con su vida este río.

“En México, al defender la vida puedes perderla o terminar desplazado por las propias consecuencias medioambientales”, subraya, refiriéndose a un país en el que, solo durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), fueron asesinados 102 defensores del medio ambiente.

Aun así, agrega: “La lucha sigue, como me enseñó el activista Pedro Cervantes”, quien, explica, le prestó un archivo con “sentencias, demandas, notas periodísticas y cartas a las autoridades”, que “fue la base de este libro”.

Por último, Reyes confiesa que, con esta novela, pretende hablar desde un lenguaje poético, pero también jurídico para “acercar esta conversación” a la gente y que sepan que “el agua de un río es tan importante como la sangre que corre por nuestras venas”. EFE

abz/csr

(foto)

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