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La integración racial se aprende en la escuela

El contacto con otras culturas y etnias da buenos resultados escolares.

(swissinfo.ch)

La escuela primaria de Fluhmühle, en Littau (Suiza central), debería ser una de las peores del país, si damos crédito a los teóricos de la enseñaza.

Está ubicada en una zona periférica, donde residen familias de bajos ingresos y contaminada por los gases que despiden los vehículos que transitan por la autopista a la cercana ciudad de Lucerna.

No tiene buena fama y algunos dicen que es un ghetto. La mayoría de sus habitantes son inmigrantes y aseguran que se necesita estar en buenas condiciones físicas para vivir en Littau. Desde hace varias décadas, muchas familias suizas han abandonado la zona por miedo a que la concentración de población extranjera pudiera repercutir negativamente en la educación de sus hijos.

Una vez en la región, uno se pregunta qué fundamento tienen esas tesis. Las puertas no están blindadas, no hay grafitis en los muros, la luz del sol brilla sobre los cristales de las ventanas perfectamente intactas. No hay indicios de un conflicto racial.

El mismo ambiente de paz se respira en la escuela primaria de Fluhmühle. La directora Regula Kuhn cuenta que los escolares están muy motivados y determinados a alcanzar, mediante los estudios, el estilo de vida con el que sus padres sólo pueden soñar.

Método de integración exitoso

Muchas investigaciones centradas en las repercusiones de la inmigración en la enseñanza sostienen que los altos porcentajes de alumnos extranjeros determinan la calidad de la instrucción.

A fines del 2004, el presidente de la Conferencia suiza de Directores Cantonales de Educación, Hans Ulrich Stöckling, llegó incluso a afirmar públicamente que la inmigración ha hecho bajar el nivel de educación en Suiza.

Y, sin embargo, los resultados de la escuela de Fluhmühle son idénticos a los de cualquier centro de enseñanza primaria de la región, pese a que el 67% de sus 300 alumnos son extranjeros, de 21 nacionalidades diferentes.

La maestra Cilla Schläfli cree que cuatro de los alumnos de la clase 5B superarán las pruebas para ingresar en la escuela cantonal para los niños especialmente dotados – un porcentaje doble a la media.

Todo ello es mérito de un método de integración logrado, dice: "Fue fundamental la enseñanza del alemán y la puesta en práctica ciertas estrategias. Rara vez he visto resultados similares en las escuelas en las que he trabajado".

Si el alemán hace la diferencia

El original método en la enseñanza del alemán ha valido a la escuela de Littau un premio cantonal al inicio de este año.

A diferencia de la mayoría de escuelas primarias en la región germanófona de Suiza, en el centro de Fluhmühle las clases se imparten siempre en alemán y tres maestros nativos se dedican exclusivamente a optimizar los conocimientos lingüísticos de los alumnos.

Nada más llegar, los alumnos extranjeros tienen que asistir obligatoriamente a seis clases de alemán por semana y sólo una vez que alcanzan el nivel necesario pueden pasar al nivel superior.

Los profesores de alemán participan también en las clases de las otras asignaturas para apoyar a los alumnos que tienen dificultad para entender algunas expresiones.

Byan Marabu, de Kenia, y Lendita Rexhepi, de Kosovo, tienen doce años y llegaron a Suiza hace poco. Cuentan que aprender alemán es un auténtico desafío, pero valoran el apoyo que reciben de los profesores y de sus compañeros de clase.

La clase 5B

Sólo tres de los 21 alumnos que integran la clase 5B son suizos. La maestra Cilla Schläfli enumera las múltiples ventajas de las aulas donde conviven diversas etnias: "Son niños abiertos a cualquier estímulo. Aprenden espontáneamente todo lo relativo a otras culturas y lenguas – y, en general, suelen ser más tolerantes".

Su experiencia en otros centros le lleva a sostener que ha vivido más problemas en las aulas donde predominaban los alumnos suizos que en Littau.

Además, los niños extranjeros que provienen de familias más humildes se esfuerzan más que sus coetáneos helvéticos. "Parecen mucho más conscientes de que los estudios representan una oportunidad para acceder a algo que tendrá valor en su futura vida".

Nada de peleas

Los alumnos de la clase 5B han elaborado un código de comportamiento – y parece que lo respetan. Así por ejemplo, en el aula se habla únicamente alemán, no se consienten las peleas ni los robos, y los alumnos tienen la obligación de respetarse y ayudarse mutuamente.

En patio de la escuela, los niños de diferentes etnias juegan juntos. Armin Sehovic, serbio, y Besfort Gaxherrui, que huyó de la guerra en Kosovo, afirman que es muy difícil que se produzcan peleas en los recreos.

Regula Kuhn explica que el cuerpo de enseñantes comparten la misma visión y disciplina, algo fundamental a la hora de solucionar un conflicto. "Si estalla una pelea, el maestro interviene inmediatamente y trata de discutir con los alumnos el motivo del enfado", cuenta a swissinfo.

Y como en toda escuela, también en Littau surgen problemas. En una ocasión, Stefanie Schorno, de la clase 5B, fue acosada por un grupo de alumnos mayores que ella. Su padre, entrenador de fútbol, encontró la manera adecuada de resolver el asunto.

"Me dijo: si pasas a formar parte del equipo de fútbol local, te acostumbrarás a relacionarte con toda esta gente que viene de países diferentes. Y verás como nadie volverá molestarte jamás."

Todos coinciden en que Stefanie es una futbolista nata. Y ahora ya no tiene problema alguno para defenderse sola o enfrentarse a los chicos.

swissinfo, Julie Hunt, Littau
(Traducción: Belén Couceiro)

Datos clave

La escuela de Fluhmühle tiene más de 300 alumnos, de los cuales el 67% son extranjeros, de 21 nacionalidades.

Este año la escuela de Littau ganó un premio por su método original en la enseñanza de los idiomas.

Tres maestros de alemán nativos se dedican específicamente a optimizar los conocimientos lingüísticos de los alumnos.

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