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Suiza se juega mucho en las negociaciones con la UE

La Unión Europea y su relación con los países no miembros

La canciller alemana Angela Merkel pasea con la primera ministra islandesa Katrin Jakobsdottir por un parque nacional de Islandia. Keystone / Str

El Brexit se ha consumado. Suiza confía en conseguir una renegociación del acuerdo marco institucional con la Unión Europea (UE). Puede aprender algunas lecciones de las relaciones de otros países no miembros de la UE con Bruselas, pero no hay una fórmula mágica que garantice el éxito de un acuerdo.

Este contenido fue publicado el 28 enero 2021 - 08:31

Suiza no es el único país reacio a una adhesión a la Unión Europea (UE). Islandia teme por sus derechos de pesca, Noruega, por su industria petrolera y el minúsculo Principado de Liechtenstein descarta una adhesión a la UE sin Suiza. La situación en los Balcanes occidentales es diferente: Macedonia del Norte intenta adherirse a la UE desde hace décadas, pero sus vecinos que son miembros de la UE entorpecen tales ambiciones.

Sopesar los intereses más disímiles no es tarea fácil para ningún país, como refleja la larga lista de votaciones populares sobre la UE que se han celebrado en Europa desde 1973. La balanza suele oscilar entre las ventajas económicas y culturales de una cooperación transfronteriza, por un lado, y el temor de perder derechos de soberanía e idiosincrasia, por otro.

Después de la negativa en votación popular al ingreso de Suiza en el Espacio Económico Europeo (EEE) de 1992 y la retirada en 2016 de la solicitud de adhesión a la Unión Europea (presentada en 1992), Berna abogó por la vía bilateral. A lo largo de los años Suiza ha negociado un sinfín de acuerdos de cooperación con Bruselas. Pero la UE solo está dispuesta a proseguir por la vía bilateral si se resuelven las cuestiones institucionales en un acuerdo marco.

UE y Espacio Económico Europeo

El Espacio Económico Europeo (EEE) fue creado en 1994 para ampliar las disposiciones de la Unión sobre el mercado interior a los países de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Noruega, Islandia y Liechtenstein son miembros del EEE. Suiza es miembro de la EFTA, pero no lo es del EEE. Los suizos rechazaron en 1992 en votación popular el ingreso del país en el EEE.

Fuente: Parlamento EuropeoEnlace externo


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Berna puede aprender de las relaciones que mantienen con Bruselas otros países europeos que, como Suiza, no son miembros de la UE. Lo crucial, según subraya el ministro de Asuntos Exteriores de Islandia en una entrevista con swissinfo.ch, “es insistir, porque nadie mejor que nosotros puede defender nuestros intereses”.

Reino Unido: ¿camino a la perdición?

La pasada Navidad, el Reino Unido logró concluir un acuerdo comercial con la UE que garantiza el libre comercio: las exportaciones e importaciones no estarán sometidas a derechos arancelarios. Sin embargo, el acuerdo no cubre los servicios, que representan alrededor del 80% del poder económico del Reino Unido. 

El acuerdo del Brexit despertó cierta envidia en Suiza. La Comisión de Política Exterior de la cámara altaEnlace externo del Parlamento encargó a la Administración Federal que esclareciera las ventajas y los inconvenientes del acuerdo del Brexit y las comparara con las de un acuerdo marco entre Suiza y la UE.

En un posterior informeEnlace externo, el Ministerio suizo de Asuntos Exteriores llegaba a la conclusión de que un acuerdo análogo al del Brexit supondría claramente un retroceso para Suiza.

Después del Brexit, el Reino Unido es el país que tiene las relaciones menos estrechas con la UE de todos los que citamos en este artículo.

No podía ser de otra manera, porque tanto la apuesta de Suiza (vía bilateral) como el ingreso en el Espacio Económico Europeo (EEE) implican la libre circulación de personas. “Uno de los principales motivos a favor del Brexit en el Reino Unido era limitar la inmigración”, dice el profesor de ciencias políticas británico, Vernon Bogadanor, que acaba de publicar un libro sobre las ambivalentes relaciones del país con la UEnlace externoE.

Tal y como señala el profesor Matt Qvortrup de la Coventry UniversityEnlace externo, el Reino Unido ahora puede gestionar la migración a su gusto. Sin embargo, el Brexit no significará necesariamente menos inmigración, porque sigue habiendo demanda de mano de obra extranjera.

Contrariamente de lo que se piensa en Suiza, el Reino Unido ha salido perdiendo en las negociaciones con la UE, sostiene Qvortrup. Los franceses siguen exportando champán y los alemanes, coches, mientras que los servicios –que son tan importantes para el Reino Unido– no forman parte del acuerdo. “Según los cálculos de los economistas, esto le costará al Reino Unido entre un 3-4% del PIB”, subraya Qvortrup. Económicamente, por lo tanto, el precio a pagar será elevado.

El argumento que esgrimen los brexiteers (partidarios del Brexit) es que el Reino Unido ha recuperado su soberanía, así como la autonomía para regular ciertos asuntos. “Pero la cuestión es si vale la pena pagar el precio que esto supone”, dice Qvortrup.

Islandia: ya no se plantea una adhesión a la UE

Hace diez años, Islandia –un Estado insular situado entre Europa y América en el Atlántico Norte–, se vio arrastrada por la vorágine de la crisis financiera mundial. Prácticamente de la noche a la mañana, el sistema bancario del país, con una población de más de 350 000 habitantes, se derrumbó y la moneda islandesa se devaluó. Como consecuencia de esta crisis, el Gobierno islandés presentó entonces una solicitud de adhesión a la UE y entabló negociaciones con Bruselas que se prolongaron durante tres años.

“Sin embargo se demostró que la divergencia de intereses en materia de pesca hacía imposible una adhesión a la Unión Europea”, explica el economista islandés Magnús Árni Skúlason. Y en 2013, Islandia “retiró oficialmente la solicitud de adhesión”.

Magnús Árni Skúlason, economista islandés. Bruno Kaufmann

Para el ministro islandés de Asuntos Exteriores Guðlaugur Þór Þórðarson, miembro del euroescéptico Partido Independiente, la mayor ventaja de pertenecer a la UE es que el país puede decidir libremente sobre su política comercial: “En nuestro caso, casi el 90% de la totalidad del comercio internacional no está sometido a aranceles aduaneros, mientras que esa proporción es de solo el 27% en la UE”.

Islandia es miembro del EEE desde 1994 y, según Þórðarson, le ha ido muy bien. “Si tuviera que elegir entre una salida del EEE y una adhesión a la UE, no sabría qué responder”, declara el jefe de la diplomacia islandesa a swissinfo.ch.

Guðlaugur Þór Þórðarson, ministro de Asuntos Exteriores de Islandia Bruno Kaufmann

Liechtenstein: un país minúsculo entre Suiza y la UE

Con una superficie de 160 km2 y menos de 40 000 habitantes, el Principado de Liechtenstein es uno de los Estados más pequeños del mundo. El país está estrechamente unido a Suiza: desde la década de 1920, Liechtenstein está integrado en el espacio aduanero y económico helvético y utiliza el franco suizo como moneda.

Al mismo tiempo, Liechtenstein mantiene buenas relaciones con la UE y desde la década de 1990 es miembro del Espacio Económico Europeo (EEE).

Vaduz no se plantea una adhesión a la UE. “La mayoría de los políticos consideran que, dadas las dimensiones del país, no es acertado adherirse a la UE”, afirma Christian FrommeltEnlace externo, director y responsable de investigación en la sección de política del Instituto de Liechtenstein. “Y menos aún sin una adhesión de Suiza”. Debido a la estrecha unión entre el principado y su vecino, es poco realista que Liechtenstein se plantee entrar en la UE si Suiza no lo hace.

En cambio, al ser miembro del EEE, Liechtenstein está más integrado en la UE que Suiza. El Espacio Económico Europeo cubre más ámbitos políticos que el proyecto de un acuerdo marco: por ejemplo, los servicios financieros y el mercado energético también están reglamentados. Además, gracias a una reglamentación especial, Liechtenstein sigue gestionando la inmigración en función de sus necesidades.

El principado tiene asumido que, siendo un Estado tan pequeño, no puede ser plenamente soberano. “Pese a la adopción dinámica del derecho comunitario y un margen de maniobra reducido en la reglamentación de ciertos aspectos, la pertenencia al EEE refuerza la soberanía de Liechtenstein”.

Noruega: aprender a vivir con un “déficit democrático”

La longitud de su costa no es el único factor que convierte a Noruega en una potencia mundial: más de 100 000 kilómetros, incluidas las islas. La vecina Rusia, que en superficie es el país más grande del mundo, solamente tiene 38 000 km. Pero Noruega es también el país europeo que más petróleo exporta, lo que lo convierte en uno de los países más ricos del mundo.

Económica y culturalmente, Noruega –que se independizó del Reino de Suecia en 1905 – está estrechamente unida a Europa desde hace mucho tiempo y ha intentado adherirse a la UE en dos ocasiones: en 1972 y 1994. En ambos casos, una mayoría de sus más de cinco millones de habitantes rechazaron una adhesión por miedo a perder la independencia nacional.

Kate Hansen Bundt, politóloga noruega. Norwegian Atlantic Committee

Al igual que Islandia y Liechtenstein, en la primera mitad de la década de 1990 Noruega optó por el ingreso en el EEE como tercera vía. Y esta opción ha dado buenos resultados, sostiene la experta noruega en política europea Kate Hansen Bundt: “Una gran mayoría de los noruegos y noruegas, así como la mayoría de los partidos respaldan hoy el EEE, incluso si esto significa que estamos obligados a adoptar las nuevas disposiciones de la UE sin tener derecho de codecisión”.

En ese sentido, el EEE “no es una solución de integración óptima porque constituye un importante déficit democrático”, según la politóloga Hansen Bundt. Aun así, Noruega ha aprendido a vivir con este déficit, sobre todo porque hasta la fecha no hay una mayoría en la población a favor de una adhesión a la UE ni tampoco a favor de una salida del EEE. Y esto no va a cambiar después de las elecciones legislativas previstas para otoño, recalca Hansen Bundt: “En las dos coaliciones posibles, el actual Gobierno de centroderecha y el bloque de la oposición rojiverde, los partidarios de una adhesión como miembro de pleno derecho y los defensores de una salida del EEE están más o menos igualados”.

El Estado nórdico no tiene más opción que aceptar esta “solución de emergencia”, término que acuñó la entonces exprimera ministra Gro Harlem Brundtland para defender el ingreso de Noruega en el EEE.

Macedonia del Norte: los vecinos ponen pegas a la adhesión

El Estado interior del sureste europeo emprendió el camino hacia la integración en la UE tras el desmembramiento de la antigua Yugoslavia. Con una superficie de 25 000 km2 y más de dos millones de habitantes, el país presentó oficialmente una solicitud de adhesión a la UE en 2005.

Sin embargo, las negociaciones formales sobre un acuerdo de adhesión se demoran, a pesar de que el proceso de integración emprendido hace décadas ya ha acercado, tanto política como económicamente, a Macedona del Norte mucho más a la UE que a otros candidatos de la región como Albania, Serbia y Kosovo.

“Nuestro principal problema son las dificultades con los países vecinos que ya son miembros de la UE”, explica Simonida Kacarska, directora del Instituto Europeo en Skopie, la capital de Macedonia del Norte. “Primero tuvimos que esperar debido al conflicto con Grecia por el nombre de nuestro país. [En 2018, la mención “del Norte” en el nombre del país permitió que Grecia retirara su veto a la adhesión del país a la OTAN y su acercamiento a la UE]. Y ahora es Bulgaria la que bloquea el inicio de las negociaciones de adhesión debido a una cuestión histórica en torno a nuestra lengua”.

Simonida Kacarska, directora del Instituto Europeo en Skopie zvg

Simonida Kacarska sostiene que, pese a las dificultades actuales, no hay que renunciar a una adhesión a la UE: “A diferencia de otros países del norte de Europa que tampoco son miembros, desde un punto de vista económico y político estamos en una posición mucho más débil. Por esa razón la mayoría de la población en este país considera que la adhesión a la Unión es una perspectiva válida para el futuro”.

Traducción del alemán: Belén Couceiro

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