Las campaneras de Patsch o cómo las mujeres se rebelaron contra una tradición de hombres
Núria Morchón
Patsch (Austria), 14 feb (EFE).- Seis audaces vecinas de Patsch, un pequeño pueblo en los Alpes del Tirol austríaco, protagonizaron en 1958 una revolución en la conquista de la autonomía femenina al hacer suyo un tradicional desfile con campanas durante carnavales que los hombres llevaban siglos monopolizando.
Casi siete décadas después, las ‘Patscher Schellenschlagerinnen’ o mujeres campaneras de Patsch se han consolidado como una tradición dominada ahora por las mujeres, hasta el punto de que en 2022 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO por su papel en la construcción de la identidad comunitaria, su carácter integrador y su compromiso con la preservación de la tradición.
Evi Falgschlunger, una de las campaneras más veteranas, narra a EFE cómo en el jueves de carnaval de 1958, los hombres del pueblo «no quisieron participar en la celebración y se quedaron en las tabernas».
Seis valientes mujeres decidieron vestirse con los disfraces y caretas tradicionales de sus maridos para hacerse cargo de una tradición heredera de antiguos rituales paganos que dan la bienvenida a la primavera, y de la que hay referencias escritas ya en el siglo XVI.
La sorpresa fue mayúscula cuando los hombres descubrieron que las figuras que danzaban por sus calles «no eran grupos carnavalescos masculinos de otros pueblos vecinos, sino sus propias esposas».
«Desde entonces, las mujeres no han vuelto a ceder esta tradición y la han mantenido viva hasta hoy», afirma Falgschlunger, perteneciente a la segunda generación de campaneras.
De hecho, el lema de la asociación es rotundo: «Lo tomamos en nuestras propias manos».
Una de las pioneras, Erna Seeber, recuerda a sus 85 años cómo fue aquella revuelta.
«Yo tenía 18 años. Simplemente queríamos tener carnaval en el pueblo, pero los hombres fallaron, no quisieron hacerlo. Así que seis chicas decidimos que haríamos lo que los hombres no querían hacer», rememora.
Entre el típico canto del yodel tirolés y aplausos, Seeber expresa su orgullo al comprobar cómo el legado sigue creciendo.
Este año, el desfile ha contado con la participación de 51 de las 76 miembros actuales de la asociación de campaneras, 14 de ellas menores de 22 años.
«Sentido de pertenencia»
Esta tradición no es sólo una fiesta, sino que también se trata de un elemento de cohesión social, ya que cada año las mujeres comparten la jornada juntas hasta altas horas de la noche, fortaleciendo la comunidad y transmitiendo a las más jóvenes el sentido de pertenencia.
El lazo generacional también se ve reflejado en la herencia de los disfraces hechos a mano, que se transmiten de abuelas, a madres y a nietas, reforzando el vínculo entre el pasado y el presente.
«Mi abuela fue miembro cuando era joven, mi madre también y yo lo soy desde que estaba en la escuela primaria, y la ropa que tengo es de ellas. Para mí es una fiesta genial, porque somos uno de los pocos clubes, sino el único, en el que sólo hay mujeres», señala Theresa Haller, de 22 años.
La vestimenta de las campaneras consiste en una máscara de madera y el ‘Gwand’, un sombrero decorado con plumas, flores y adornos, que se hereda o se le regala uno propio en ocasiones especiales, como cumpleaños o Navidad. El traje está compuesto por una blusa blanca con cintas de colores, un chal y pantalones cortos.
Las máscaras, en su mayoría con bigote, son piezas antiguas de gran valor, muchas de ellas talladas en madera de pino por el fallecido artista local Kaspar Falgschlunger, por lo que cada una es única y forma parte del patrimonio cultural del grupo.
En cuanto al recorrido del desfile, este empieza todos los años el jueves de carnaval a las dos del mediodía en el centro del pueblo.
Encabezadas por brujas
Las campaneras se organizan en dos filas paralelas, ordenadas por altura y encabezadas por mujeres disfrazadas de brujas que avanzan al frente del grupo y marcan el ritmo para que todas salten al mismo compás, entre el estruendo de los cencerros que repican a sus espaldas.
Una vez llegan al final del pueblo, un par de calles más abajo, el grupo invita a los espectadores a bailar con ellas.
Junto a las campaneras participan también otros colectivos del pueblo, como el grupo tradicional ‘Patscher’, la banda de música local y el grupo de carnaval ‘Vögele’, que ofrece pequeñas actuaciones en distintos puntos del itinerario.
El espíritu colectivo de las mujeres no solo ha fortalecido al pueblo, sino que ha servido de inspiración para que otras localidades planteen actuaciones durante los carnavales, mayoritariamente compuestas por mujeres, siguiendo el eco de unas campanas que ya resuenan más allá de esta pequeña localidad de poco más de mil habitantes. EFE
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