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Los 'nuevos inmigrantes' de Calamuchita

Andrea, Silvia, Thomas y Claudine en la puerta de El Águila.

(swissinfo.ch)

Thomas y Claudine Haberli, y Andrea Peter y Silvia Ruf, decidieron hace varios años dejar su Basilea natal en busca de lo que para ellos era "una mejor calidad de vida".

Ambas parejas viven hoy en las sierras cordobesas, donde se dedican a la cría de ganado bovino y a regentear 'El Águila', la confitería que ellos mismos construyeron.

Después de trazar rutas tejiendo sueños y de varias charlas de bar con cervezas compartidas, apenas rozando los treinta años promedio, Thomas Haberli, su entonces novia Claudine y su amigo de la escuela Andrea Peter, decidieron emprender una odisea por el sur de América en busca de un lugar mejor para vivir.

Corría el año 1985 y en la Argentina recién retornaba la democracia, luego de una feroz dictadura que había comenzado en 1976. Se abría una esperanza en el país sudamericano, y desde Suiza comenzaban a anunciar que 'se empezaba a ver la luz' y que la depresiva economía constituía una posibilidad: estaba todo por hacer.

Fue en ese año que los tres amigos, cargados de expectativas, llegaron al país y, luego de zigzaguear por varios lugares descubrieron el Valle de Calamuchita, enclavado en las sierras cordobesas, adonde volverían tres años más tarde. Ahí empieza esta historia...

Santa Rosa: Tierra de oportunidades

"Cuando nosotros llegamos a vivir en 1988, no había nada acá. Y vimos un paisaje sano, intacto, un verdadero pueblo para vivir", cuenta Thomas Haberli a swissinfo, mientras recorre con la mirada los alrededores de 'El Águila', la confitería que hace tres años construyó junto con su esposa Claudine, su amigo Andrea y Silvia.

"Todo lo que se ve desde aquí es nuestro campo, nuestra tierra", esboza con orgullo, a sabiendas de lo bello e inmenso del lugar. Mil hectáreas, cruzadas por el arroyo Loyola y con una cascada impetuosa, a las que se accede por los caminos que él mismo construyó.

Como una historia que se repite tratándose de suizos, todo lo construyeron. Ellos pusieron luz y agua, levantaron sus casas y trabajaron el campo que destinaron a la cría de ganado bovino. Ellos mismos, también, tienen previsto hacer crecer este lugar, "porque no hay que quedarse sólo con una cosa".

No eran buenos tiempos en Europa...

Sentados en su confitería, los cuatro amigos reconstruyen, entre todos, la historia paso a paso:

"Cuando nos vinimos estábamos hartos de Europa. Primero pasó la catástrofe de Chernóbil (1986); luego reventó una fábrica química en Basilea y se contaminó el Rin (NR: se refiere al incendio del depósito de Sandoz, lo que originó una de las contaminaciones más graves del río Rin)".

"Buscábamos un lugar donde se pudiera vivir más tranquilos, más libres... Luego de haber probado unos meses, sentimos que Argentina era un país inmenso, con buen clima, accesible. Nos dimos cuenta que aquí había espacio y que había futuro"

De camioneros a empresarios

Los Haberli trabajaban de camioneros en una empresa suiza, y probablemente Thomas, de profesión agrónomo, siempre soñaba con tener su campo, aunque seguramente no tan enorme.

"Cuando vinimos era todo muy barato y con los ahorros que teníamos podíamos comprar una cantidad enorme de tierras, algo que para nosotros en nuestro país era imposible".

"En Suiza, en un campo como éste, hay 5 o 6 pueblos y una ciudad. Este campo tiene más o menos el tamaño del cantón Basilea", dice Thomas.

"Y acá nadie puede decirnos qué tenemos que hacer. Nadie nos molesta ni molestamos a nadie", agrega Claudine.

Hoy los Haberli son una de las familias prósperas de Calamuchita y se han convertido en pequeños empresarios de la zona. Tienen dos hijas adolescentes que hablan el suizo alemán a la perfección, y saben del sacrificio y de los frutos del trabajo.

¡Adiós a los números!

Andrea y Silvia trabajaban como contadores cuando decidieron dar un vuelco a sus vidas y adoptar la vida del campo y la gastronomía. Hasta ahora, su mayor desafío es el idioma, que les cuesta un poco más que a sus amigos, pero lo van superando.

La decisión para ellos fue también difícil. Andrea vivió un tiempo en Argentina y retornó a trabajar a Suiza por diez años, porque aquí las cosas se complicaban económicamente.

Cuando preparó el retorno al Valle, Silvia estaba a su lado y lo acompañó en la travesía, formando parte ella también de la sociedad de 'El Águila', nombre que recibió el proyecto porque en la zona son habituales estas aves rapaces.

Los cuatro construyeron la confitería, desde los bancos, hasta las paredes y techos. Y los cuatro trabajan hoy codo a codo en el lugar.

"Las dos mujeres se hacen cargo de la cocina y los hombres nos encargamos de la clientela", relata Andrea y explica que generalmente son elegidos por las parejas de mediana edad:

"En el verano Santa Rosa se pone como un hormiguero, y la gente busca un lugar alejado del ruido del pueblo, algo que encuentran aquí, en el medio del cerro".

"Nos gusta la vida nocturna que hay en Argentina. La calidad de vida en Argentina para nosotros es mejor que en Suiza. No hay tantas reglas, podés tener tu propia casa", dice Silvia.

'El Águila' se transformó en una alternativa turística diferente, algo que no había en el lugar. Construida al estilo suizo, atrae a muchos turistas y lugareños, y va ganando su lugar en el boca a boca.

swissinfo, Norma Domínguez, Córdoba

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Datos clave

Santa Rosa de Calamuchita tiene cerca de 12.000 habitantes.
Está situada a 735 km de Buenos Aires y a 96 km de Córdoba.
Esta zona de sierras y ríos, turística por excelencia, es considera una de las joyas naturales de Argentina.
Las guías turísticas locales recomiendan 'El Águila' como 'mirador sobre el cordón de las Sierras Chicas'.

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