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“Mientras la gente resista en Birmania, el golpe de Estado no está asegurado”

Este 25 de marzo de 2021, la gente seguía manifestándose en Rangún. Copyright 2021 The Associated Press. All Rights Reserved.

La enviada especial de la ONU para Birmania (rebautizada Myanmar), Christine Schraner Burgener, espera que las negociaciones puedan hacer entrar en razón a los generales golpistas birmanos. De lo contrario, Birmania corre el riesgo de sumirse en una crisis humanitaria y una guerra civil.

Este contenido fue publicado el 30 marzo 2021 - 09:11
Samuel Schlaefli

Christine Schraner Burgener dirige desde Berna su mandato como enviada especial del secretario general de la ONU para Birmania. Una misión intensa, desde el golpe de Estado que el 1 de febrero encabezó el general Min Aung Hlaing.

Christine Schraner Burgener. Keystone / Anthony Anex

El pueblo birmano, ampliamente opuesto al golpe de Estado y al estado de emergencia decretado por la Junta, sufre una represión cada vez más brutal. A diario las fuerzas de seguridad matan a manifestantes y cada noche detienen sin cargos a decenas de ellos.    

La exdiplomática suiza intenta trabajar a favor de una desescalada de la crisis, tal y como piden Suiza y toda la comunidad internacional, China y Rusia, incluidas. También trabaja en este sentido la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), de la que Birmania es miembro.

Christine Schraner Burgener afirma que trabaja 19 horas al día. Se levanta temprano para tener el mayor tiempo posible para hablar con sus dos colegas sobre el terreno, con los manifestantes, ministros, embajadores y las ONG. Y hasta altas horas de la noche asiste a reuniones informativas en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU en Nueva York, así como a videoconferencias con ministros de Asuntos Exteriores.

“El domingo 21 de marzo salí a caminar una hora por primera vez en seis semanas”, cuenta, sin quejarse, Christine Schraner Burgener.

La enviada especial de la ONU durante mucho tiempo ha evitado aparecer en los medios de comunicación. Algo que se le ha criticado, igual que se ha criticado su débil condena de las masacres y la limpieza étnica contra la minoría musulmana rohinyá que culminó a finales de 2016. “Si lo hubiera hecho, solo habría sido una voz entre tantas. Mi trabajo era otro”, explica hoy.

Christine Schraner Burgener

Christine Schraner Burgener nació en 1963 en Meiringen (cantón de Berna) y creció en Japón. En 1991 se incorporó al servicio diplomático del Ministerio suizo de Asuntos Exteriores (DFAE, por sus siglas en francés).

Tras ocupar puestos en Marruecos, Berna y Dublín, pasa a ser directora adjunta de la Dirección de Derecho Internacional del DFAE y jefa de la División de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.

Desde 2009, Christine Schraner Burgener fue embajadora en Tailandia y, desde 2015, en Alemania. Tres años después, el secretario general de la ONU, António Guterres, la nombra enviada especial de la ONU para Birmania.

Y esto fue unos meses después de que el ejército birmano expulsara a cientos de miles de miembros de la minoría musulmana rohinyá. En 2022, se convertirá en jefa de la Secretaría de Estado de Migraciones (SEM).

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Para llevar a cabo su mandato –apoyar la democratización de Birmania– ha tenido que mantener un perfil bajo. Solo así ha podido desarrollar y mantener contactos con el Ejército, la Liga Nacional para la Democracia de Aung San Suu Kyi y las minorías étnicas del país.

El golpe de Estado ha dejado atrás esta precaución. Christine Schraner Burgener considera que informar al público sobre la guerra abierta que libra el Ejército contra el pueblo birmano es su responsabilidad. “Es una cuestión de vida o muerte”, dice la enviada especial.

swissinfo.ch: Justo antes de nuestra entrevista (22 de marzo), usted celebró una videoconferencia de tres horas con figuras clave de las protestas prodemocráticas de todas las regiones de Birmania. ¿Qué le han comunicado?

Christine Schraner Burgener: Todo el mundo está realmente frustrado. Han leído y escuchado suficientes declaraciones y discursos de representantes gubernamentales y de la ONU. Desean una intervención militar internacional para evitar que el Ejército cometa más crímenes contra la humanidad.

Mi tarea ingrata es explicarles que no habrá una intervención de este tipo. Una resolución de la ONU basada en la responsabilidad de proteger requeriría una decisión del Consejo de Seguridad de la ONU. Y una resolución así se ve impedida por el veto de China y Rusia. La reacción de mis interlocutores ante esto es: “Entonces que un único Estado envíe a su ejército”.

Pero al menos ahora no hay ningún país que apruebe la situación actual en Birmania.

Pero ¿a los generales de la Junta les sigue importando? En su último contacto con el Ejército, el jefe adjunto le dijo que las fuerzas armadas birmanas se estaban preparando para un periodo de aislamiento, como en tiempos de la dictadura que duró medio siglo.

De hecho, los militares creen que es posible volver a la época anterior a 2011. Para mí, sin embargo, es una ilusión. Vivimos en el año 2021, la población ya no se deja.

Diez años de democratización no pueden deshacerse sin más. Muchos jóvenes que están en las calles solo conocen la libertad. Para alguien de 20 o 25 años, hoy es absolutamente normal poder expresarse libremente y que los medios de comunicación critiquen al Gobierno y al Ejército.

A pesar de los contratiempos de los últimos años, siempre me ha sorprendido ver hasta qué punto, hoy en día, el pueblo birmano expresa abiertamente sus críticas. El Ejército ha subestimado esto por completo.

Y esta vez quienes salen a la calle no son solo los monjes, como en las manifestaciones de 1988. La resistencia atraviesa todas las clases, todos los grupos de población y todas las religiones. Y la mayoría de los grupos armados de etnias minoritarias los apoyan. Esto es importante, pero el conflicto corre el riesgo de degenerar en una guerra civil.

Las manifestaciones continúan, como el 25 de marzo en Mandalay. Keystone / Stringer

Las protestas duran casi dos meses. ¿Cuál es el alcance de las dificultades de la población?

Pronto llegaremos a la fase de crisis humanitaria. La mayoría de la gente ya no puede sacar dinero, escasean los alimentos. En el país la asistencia sanitaria está completamente colapsada. Y no hablemos de la prevención de la COVID-19.

Incluso antes del golpe, Birmania ya tenía unos 300 000 desplazados internos debido a los conflictos con las minorías étnicas. Solo en los dos últimos años, otras 60 000 personas han sido desplazadas por la guerra contra el Ejército de Arakan en el estado de Rakhine.

En una entrevista reciente usted dijo que recibe unos 2 000 mensajes al día de personas de Birmania. ¿Qué le cuentan?

A menudo envían vídeos de las protestas. A veces me revuelven las tripas. Muestran, por ejemplo, a voluntarios arrastrados fuera de las ambulancias por policías que los golpean hasta la muerte. 

Manifestante abatido por las fuerzas de seguridad birmanas el pasado 23 de marzo, en Mandalay. Copyright 2021 The Associated Press. All Rights Reserved.

También he visto vídeos que presentan a agentes de policía disparando en la cabeza a corta distancia a manifestantes desarmados. Recientemente he recibido un mensaje de una completa desconocida que me decía que estaba dispuesta a morir por la libertad. Para ella lo principal es que sus hijos no tengan que vivir de nuevo en una dictadura.

La Junta Militar parece dispuesta a hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder. Incluso si se alcanzan compromisos, el movimiento prodemocrático no está dispuesto a volver simplemente a la situación anterior al golpe de Estado, cuando el Gobierno compartía el poder con el Ejército. ¿Cómo piensa llevar a cabo su mediación?

Para mí, no hay concesiones sobre quién forma el Gobierno legítimo. Son los representantes elegidos que han sido detenidos, que están escondidos o que actualmente huyen a Tailandia. Sin embargo, tengo algunas ideas sobre cómo hacer entrar en razón al Ejército. Lo importante aquí –como en cualquier otro lugar de Asia– es que todo el mundo pueda salvar la cara. Pero para llevar a cabo estas mediaciones, tengo que poder hablar personalmente con los responsables.

Usted tiene dos miembros del personal desplazados sobre el terreno, pero desde hace semanas busca la oportunidad de visitar Birmania en persona. ¿Por qué no ha podido llegar a hacerlo?   

Algunas voces críticas dentro del Consejo de Seguridad de la ONU temen que mi presencia dé más legitimidad al régimen militar. Pero estoy convencida de que se trata simplemente de una cuestión de comunicación.

Christine Schraner Burgener durante una visita a un campo de desplazados en el oeste de Birmania, el 17 de junio de 2018. Keystone / Nyunt Win

¿Por qué su presencia allí es tan importante? 

Hay cosas que no se pueden discutir por videoconferencia. Cuando hablo con los militares por teléfono, las conversaciones siempre se graban. Esto significa que existe el riesgo de que algunas partes sean recortadas y puestas en un contexto diferente. En cambio, en los intercambios cara a cara, en la fase previa a las negociaciones o poco después, siempre hay momentos en los que a alguien se le pueden susurrar cosas muy confidenciales.

¿Y cómo podría ser una solución en la que los generales pudieran salvar la cara?

No quiero contar demasiado. Hay que hablar con las personas adecuadas. El Ejército seguirá existiendo. La cuestión es saber quién va a dirigirlo. Incluso dentro del Ejército, cada vez hay más gente que se da cuenta de que si siguen así la situación para ellos será desesperada.    

En los últimos tres años usted ha visitado Birmania decenas de veces, y se ha reunido tanto con Aung San Suu Kyi, con quien mantiene una larga amistad, como con representantes del Ejército. ¿Le ha sorprendido este golpe de Estado?

En repetidas ocasiones advertí de que podría haber un golpe de Estado, lo hice incluso en el seno del Consejo de Seguridad. La mayoría pensaba que estaba exagerando.

El 22 de febrero de 2021, manifestantes sostienen un retrato de Aung San Suu Kyi para exigir su liberación. Keystone

Es injusto que la comunidad internacional critique personalmente a Aung San Suu Kyi por las atrocidades cometidas por los militares. Su situación era imposible. ¿Cómo se puede gobernar cuando los militares siguen teniendo poder de veto y pueden bloquear casi cualquier decisión?

En un momento dado, Aung San Suu Kyi dio la espalda a todo el mundo y se centró en sacar adelante el país por el que tanto se había sacrificado, a pesar de la oposición.

¿Sabe usted cómo está ella?

No, desde el golpe de Estado no he tenido ningún contacto con ella. Pero estamos en contacto con su abogado, que nos ha dicho que parece estar sana y muy decidida.

Traducción del francés: Lupe Calvo

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