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Suiza es su nueva patria, pero no quieren el pasaporte

El pasaporte suizo es uno de los más codiciados, pero el camino para conseguirlo es costoso y complicado. No todos los extranjeros que viven en Suiza quieren nacionalizarse.

Este contenido fue publicado el 04 abril 2021 - 11:00
Simon Jäggi, SRF

Muchos extranjeros deciden no solicitar el pasaporte suizo, aunque tengan derecho a ello, porque supone mucho esfuerzo, la nacionalidad les aporta pocas ventajas, los trámites son demasiado caros o simplemente porque ya se sienten suizos. Cuatro personas comparten sus motivos.

Claudia Ferrara, 49 años

Claudia Ferrara, ciudadana oriunda de la Suiza oriental con temperamento del sur de Italia, no tiene el pasaporte rojo. SRF / Daniel Ammann

“Nací y crecí en Teufen, en el cantón de Appenzell Rodas Exteriores. Hasta el día de hoy no poseo el pasaporte suizo. Somos del sur de Italia. Mis padres llegaron a Suiza en los años sesenta.

Fueron trabajadores que emigraron: mi padre era guarnicionero. Cosía bolsas para el ejército, sacos de esquí, cosas por el estilo. Mi madre se dedicaba a las labores de casa.

En clase era la única alumna italiana: me llamaban “tschingg” [término peyorativo]. Entonces la gente se burlaba de los italianos.

Cuando aún vivían mis abuelos, íbamos tres veces al año al sur: en verano, Navidad y Pascua. Si a los trece años alguien me hubiera dicho, ‘Nos mudamos a Italia’, no lo hubiera dudado ni un instante. En Suiza éramos siempre los italianos, pero cuando llegábamos a Italia, nos decían: ‘Ah, ¡los suizos!’ Pronto me hice la pregunta: ‘¿Pero quién soy yo?’

Hasta hoy mi corazón está partido. ¿Soy italiana o suiza? Sencillamente, soy Claudia.

Pero es en Suiza donde me siento en casa. Aquí crecí, con vistas al Alpstein desde el cuarto de los niños.

Regento desde hace más de veinte años una peluquería en la ciudad vieja de San Galo. De vez en cuando reflexiono sobre la nacionalización, sobre todo porque me gustaría participar en las votaciones y elecciones. Pero me molesta que me pidan exactamente lo mismo que a un extranjero que vive aquí solo desde hace diez años.

Todo el proceso para solicitar la nacionalidad es complicado, luego vienen el curso y la prueba de conocimientos. ¿Cómo se llama ese lago o aquella montaña, cómo funciona el sistema político? Me parece justo que haya un examen así para gente que vive en Suiza solo desde hace unos años. 

Pero me parece realmente injusto que esto sea necesario para alguien como yo. No exijo que se me regale el pasaporte.

Estoy dispuesta a pagar algo por la nacionalidad y a entregar la documentación requerida, como cuando relleno la solicitud para alquilar una vivienda. Llega la factura, abono el importe y unas semanas más tarde me envían el documento de identidad. Y se acabó. No entiendo por qué no se puede hacer de esta manera.”

Nadine Lankreijer, 33 años

Suiza es su nueva patria, pero Nadine Lankreijer no quiere perder su nacionalidad neerlandesa. SRF / Oscar Alessio

“Me enamoré de Suiza de niña durante las vacaciones de esquí que cada año pasaba en el Oberland Bernés. A los 21 años dejé los Países Bajos para mudarme a Adelboden y trabajar como profesora de esquí.

Fue muy duro al principio. Apenas hablaba el alemán y tampoco era demasiado buena mi técnica de esquí.

Tardé tres meses hasta que poco a poco encontré mi sitio. De Adelboden me mudé unos años más tarde a Zúrich, donde empecé a trabajar como azafata en la compañía Swiss.

En el curso básico me dijo la instructora: ‘Cuando entres en el avión, trata de moderar tu comportamiento.’ Las holandesas somos muy espontáneas y directas, y eso aquí no siempre gusta.

Si vuelo a los Países Bajos y miro por la ventana tengo exactamente el mismo sentimiento como cuando aterrizo en Suiza: es mi patria.

Mi familia vive en los Países Bajos, allí está mi pasado. En Suiza está mi presente, y quizás también mi futuro.

En principio, me gustaría nacionalizarme suiza, sobre todo para poder ejercer el derecho de voto. Pero con ello perdería mi nacionalidad neerlandesa. Yo no quiero eso.

En Suiza vivo estupendamente con mi permiso de residencia C. Puedo comprar una casa, trabajar, fundar una empresa. Seguramente, me nacionalizaría si pudiera tener la doble nacionalidad.

Para ello solo existe una posibilidad: tendría que casarme con un suizo. Entonces, los Países Bajos admitirían la segunda nacionalidad. Pero en estos momentos no me planteo casarme.

La relación con mi pareja terminó el año pasado. Pensé seriamente en volver a Holanda. Durante todo es tiempo echaba mucho de menos a mi familia. Pero al final decidí quedarme.

En Suiza he construido mi vida, aquí tengo mi círculo de amigos y mi trabajo. He tenido que luchar, ¡no voy a renunciar a todo ello tan fácilmente!”

Gidon Schvitz, 31 años

Durante la adolescencia Gidon Schvitz se sentía extranjero, no consideraba a Suiza su patria. SRF / Julian Salinas

“Me gustaría tener el pasaporte suizo. Aquí fui al colegio, aquí hice mis estudios. Suiza es mi patria. Pero los obstáculos para obtener la nacionalidad son importantes. 

Cuando tenía once años, mi madre se mudó por amor de los Países Bajos a Basilea. Durante mucho tiempo mostraba distancia con Suiza, insistiendo en que era holandés. Ahora, sin embargo, digo que soy de Suiza.

Quiero nacionalizarme por dos motivos: si dejo Suiza por un período de más de seis meses, pierdo mi permiso de residencia C. Mi esposa es eslovaca, y nos gustaría tener la libertad de pasar de vez temporadas en el extranjero.

El segundo motivo es más bien de índole emocional. Me gustaría participar en las votaciones y ser un miembro de pleno derecho de la sociedad.

Durante los últimos años he reflexionado a menudo sobre la nacionalización. Por primera vez a los 25 años, pero entonces era estudiante y no me lo podía permitir. Los costes de la nacionalización se elevan a más de 2 000 francos.

Dos años más tarde lo intenté por segunda vez y me di cuenta de que el proceso es complicado, por toda la documentación que hay que entregar, y luego el examen. Además, entonces estaba planeando contraer matrimonio con mi novia. Pero esto no es posible si uno quiere nacionalizarse.

No se puede cambiar el estado civil hasta el momento en que se otorga el pasaporte. Y esto puede tardar hasta dos años. Me parecía una estupidez, por eso lo dejé.

Hace unos meses dije: ‘Ahora sí’. Pero de repente surgió un nuevo problema: por no haber prestado el servicio militar o el servicio civil sustitutorio tendría que pagar la tasa de exención del servicio militar obligatorio. El 3% de mis ingresos, desde hace poco hasta la edad de 37 años.

Es mucho dinero. Y además jamás lo he rehuido. Me hubiera gustado prestar el servicio civil, pero en su momento no pude porque no era ciudadano suizo. El camino para obtener la nacionalidad tiene demasiados obstáculos. El procedimiento en su conjunto es todo menos atractivo.

Me gustaría sentirme bienvenido. Pero no tengo esa sensación, al contrario. En mi opinión, todas estas reglas y condiciones son disuasorias. Me lo pensaré de nuevo cuando cumpla 37 años.”

Michael Bockman, 68 años

“Suiza es mi segunda patria”, dice el estadounidense Michael Bockman. SRF / Miriam Künzli

“Llegué a Suiza hace nueve años. Francamente, todavía no me he integrado demasiado bien.

Mi esposa y yo nos conocimos en Los Ángeles. Allí trabajaba en la industria del cine, vivía en una casa a orillas del mar. Después de unos meses estaba claro que queríamos compartir nuestras vidas.

Solo nos preguntábamos dónde, en California o en Suiza. Como autor puedo trabajar en cualquier lugar. Por eso dejé mi casa en Los Ángeles y me mudé con mi mujer a Zúrich. Lo hice por amor.

Ambos vivimos con un pie en California. Cada año pasamos varias semanas o incluso meses allí. Mis amigos y mi familia viven allí. Profesionalmente y en privado me comunico mayoritariamente con gente de Estados Unidos. Entretanto, algunos amigos de mi esposa se han convertido también en amigos míos.

Me gusta mucho Suiza. Pero me siento más estadounidense que suizo. Sigo con mucho interés lo que pasa en Estados Unidos y desde luego voté en las últimas elecciones.

Hasta ahora, la nacionalidad suiza nunca ha sido un tema para mí. No descarto la idea de nacionalizarme. Pero hasta ahora nunca ha habido una razón para hacerlo.

Me gano la vida principalmente en Estados Unidos, donde tengo mi cuenta bancaria. El permiso C es suficiente para mí. De todas maneras, no tendría ninguna posibilidad para nacionalizarme, puesto que no hablo el alemán.

Suiza es mi segunda patria. La belleza del país es impresionante y me gusta la gente. Son fiables, determinados y honrados.

La sociedad hollywoodiense, sin embargo, es libre e inconformista. Aquí echo a veces de menos esa libertad y la vastedad del océano. ¿Dónde viviré el resto de mi vida? El tiempo lo dirá.”

Traducción del alemán: Antonio Suárez Varela

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