“El cierre de las fronteras no debería significar falta de solidaridad”

En Europa están cerradas las fronteras exteriores y también las interiores, como ésta entre Alemania y Austria. Keystone / Peter Kneffel

La pandemia de coronavirus está haciendo que los Estados europeos cierren sus fronteras y antepongan su situación a la de los demás. Esta falta de solidaridad podría dejar huella, afirma el director de la Fundación Jean Monnet para Europa, Gilles Grin.

Este contenido fue publicado el 27 marzo 2020 - 14:00

La respuesta frente a la propagación del coronavirus es la misma en todas partes: cierre de fronteras, control de desplazamientos y congelación de la cooperación internacional. Un repliegue sobre sí mismo que es visible también en la Unión Europea (UE) y en el Espacio Schengen, del que Suiza forma parte.

Esta falta de cooperación y solidaridad entre los países plantea problemas muy concretos: los hospitales saturados no pueden trasladar a sus pacientes a camas disponibles al otro lado de la frontera y el suministro de material médico indispensable para la lucha contra la pandemia se ralentiza o incluso se interrumpe.

Una crisis de esta magnitud conmociona necesariamente las instituciones, pero es importante que se mantenga la solidaridad entre los Estados, advierte Gilles Grin, director de la Fundación Jean Monnet para Europa, con sede en Lausana.

Gilles Grin es doctor en relaciones internacionales y dirige desde 2012 la Fundación Jean Monnet para Europa, con sede en Lausana. Keystone / Jean-christophe Bott

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swissinfo.ch: ¿En qué medida la respuesta de los Estados a la lucha contra el coronavirus afecta al funcionamiento de la Unión Europea y del Espacio Schengen?

Gilles Grin (G. G.): La gestión de una crisis como la del coronavirus requiere, en su fase más grave, todas las energías. El funcionamiento de las instituciones europeas se ha puesto patas arriba. Al igual que en los Estados miembros, la institución parlamentaria ha sido suspendida temporalmente. También el Espacio Schengen se ha suspendido, según lo autorizado en los tratados.

swissinfo.ch: Cada gobierno se repliega y cierra sus fronteras. ¿Es algo normal en tiempos de crisis o esto muestra la fragilidad de un gobierno supranacional como la UE?

G.G.: Es normal que, ante un virus devastador para las personas en riesgo y que requiere distanciamiento social, el modo en que funciona la sociedad se vea profundamente alterado. Esto ocurre en el interior de los Estados y con mayor motivo entre ellos. El aislamiento, que sobre todo significa el cierre de las fronteras, es indispensable en una crisis sanitaria de esta magnitud. Los europeos han hecho colectivamente lo mismo al cerrar las fronteras exteriores del Espacio Schengen. El mundo entero está haciendo más o menos lo mismo.

swissinfo.ch: En estos momentos de pandemia, ¿existe todavía la solidaridad entre los países?

"La falta de actitud solidaria entre los Estados europeos se añadirá a otras adversidades vividas en el pasado"

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G.G.: Ese es el problema. Ante una situación de emergencia, la tentación lamentablemente es actuar para uno mismo. La distancia social y el cierre temporal de las fronteras no debería significar una falta de solidaridad entre los Estados miembros de la UE. Ahora bien, la construcción europea no ha alcanzado aún el nivel de comunidad de destino, en el que pueden abordarse cuestiones esenciales de vida o muerte en caso de una grave adversidad.

La sanidad es en gran medida una competencia nacional. Los Estados tienen el control. La tendencia de los últimos años ha sido la de querer salvaguardar los logros europeos, a costa incluso de algún progreso, pero sin hacer progresar la solidaridad necesaria.

swissinfo.ch: ¿Es posible que esta pandemia tenga consecuencias sobre el funcionamiento y gobernanza de la UE en el futuro?

G.G.: La falta de actitud solidaria entre los Estados europeos se añadirá a otras adversidades vividas en el pasado, como la grave crisis económica y financiera o la crisis migratoria. Existe el riesgo de que esto deje huella. La duración de la crisis será sin duda un factor clave.

Por el contrario, la esperanza es que esta crisis muestre a los europeos que fuera de Europa hay muchos peligros de todo tipo y que la mejor manera de enfrentarse a ellos es actuar de manera unida. Europa debe proteger. Y para garantizar esto se necesitan instituciones comunes que sean lo suficientemente fuertes y legítimas para permitir que emerja el interés común.

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