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Filmar en América Latina Paro en una Colombia que espera la paz prometida

Una niña con la cara pintada con pintura fluorescente

Escena de 'Los Silencios', de Beatriz Seigner (Colombia/Brasil), proyectada en el Festival de Cine Filmar en América Latina.

(Filmar en América Latina)

Colombia vive este jueves una jornada de huelga general. Desde Suiza, y en el marco de Filmar en América Latina, especialistas analizan la situación en ese país que firmó una paz que no acaba de llegar, pero donde se perfila una luz de esperanza con el diseño de una nueva carta política tras las recientes elecciones.

“El Gobierno arrastra los pies en la aplicación de las reformas derivadas de los acuerdos de paz. No hay voluntad política para aplicarlos ni estrategia para financiarlos”, deplora Julie de DardelEnlace externo, profesora de la Universidad de Ginebra.

Recuerda que en los últimos meses han sido asesinadas centenares de personas incluidos dirigentes sociales, periodistas, miembros de comunidades indígenas e integrantes de las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que se habían reintegrado a la vida civil. “La situación es extremadamente peligrosa”, subraya.

Las exigencias de seguridad y de la aplicación de una política que resuelva la deuda social con millones de colombianos promovieron un paro nacional convocado por sindicatos, organizaciones ciudadanas, intelectuales, artistas y diversos sectores de la sociedad colombiana para este jueves.

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Este contenido fue publicado el 31 de octubre de 2019 16:42

En Ginebra, el Festival Filmar en América Latina reunió el miércoles la mesa redonda ‘Representaciones del Conflicto Armado en Colombia’. Sus participantes evocaron diversos aspectos de la realidad en ese país andino, escenario hasta 2016 de la última guerra civil de América Latina y una de las más prolongadas en todo el mundo.

Además de los ataques a la ciudadanía, miles de desplazados por el conflicto no han podido volver a su casa ni recuperar sus tierras y los grupos paramilitares se adueñan de los espacios dejados por la guerrilla, explica la moderadora de la mesa redonda, Aline HelgEnlace externo, también profesora de la Universidad de Ginebra.

Una de las regiones más afectadas por el conflicto fue -y sigue siendo- la del Catatumbo, en el norteño departamento de Santander. “De 11 municipalidades, 8 fueron priorizadas por los acuerdos de paz. Entre el 60 y el 80% de las necesidades básicas de su población no han sido resueltas. Entre 2015 y 2018 se duplicó el número de asesinatos y hay 40 000 desplazados”, indica Liliana SolerEnlace externo, directora del Diploma de Política de Desarrollo del Graduate Institute de Ginebra (IHEID).

En Catatumbo, abunda la investigadora, se produce el 44% de la droga que se elabora en todo el país. Y la mayor parte la manejan los carteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco-Nueva Generación, que se han instalado en la zona.

Grupos paramilitares, “autodefensas”, narcotraficantes… los grupos armados irregulares proliferan en la zona, en donde, puntualiza la investigadora, continúa el reclutamiento de menores. Esas agrupaciones se apoderan de espacios a donde no llega el Estado y de donde han salido las guerrillas.

“Las guerrillas, especie en extinción”

“Las guerrillas son una especie en extinción, señala el profesor Jean Pierre Gontard, presidente de Filmar en América Latina y otrora mediador entre el Gobierno de Bogotá y las fuerzas insurgentes.

Explica que en Colombia había tres guerrillas: las FARC, de vocación campesina y surgidas para frenar los despojos de los terratenientes, quedaron desarticuladas en el marco de los acuerdos de paz de 2016. Los miembros que declinaron deponer las armas o que las retomaron consideran cambiar el nombre de la organización.   

El Ejército de Liberación Nacional (ELN), inspirado en la Teología de la Liberación, ha visto mermados sus efectivos y las conversaciones tendientes a lograr un acuerdo de paz con el Gobierno del presidente Iván Duque se encuentran en un impasse.

El desaparecido M 19 “que parece olvidado, cuando fue el único movimiento armado que obtuvo una tercera parte de los votos. Logró un gran éxito con la Constitución del 91, en vigor en Colombia, y una de las mejores de América Latina, y al posicionar a muchos de sus miembros en puestos claves de la política del país” subraya Gontard.

Sin embargo, muchos de los excombatientes del M 19 fueron asesinados al dejar las armas, como ha sucedido con excombatientes de las FARC. Una situación que contribuye a hacer más compleja la situación sin que se hayan resuelto las causas del conflicto, incluida la devolución del agro a sus legítimos propietarios.

Colombia, un país “a fondo”

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Golpeado por muchas violencias, a través de muchos años, el colombiano es un pueblo que se entrega sin cortapisas “Colombia es un país serio. Si trabaja, trabaja a fondo, en la violencia, va a fondo y la fiesta es también a fondo”, enfatiza Gontard. “Colombia es un país serio y apasionante”.

Y de ese encanto y ese brío da cuenta su cine. No las películas comerciales, como lo señala Julie de Dardel, “que no han sido capaces de desafiar la visión del Estado que presenta unas guerrillas malas contra un ejército glorioso. Un terrorismo contra un Estado democrático. Ese cine no ha podido crear una imagen colectiva de la violencia dentro de un conflicto armado”.

Por ello, Oriana WilkinsonEnlace externo destaca el papel de los productores de un cine ajeno a intereses comerciales. Graduada del IHEID en el área de Asuntos Internacionales, consagró su Maestría a ese tipo de testimonio cinematográfico.

“Los principales medios de comunicación están en manos de una elite y se han centralizado en la diabolización de los excombatientes”, subraya. De manera contraria, “los productores de documentales se encuentran entre el periodismo y el arte”. Subraya el papel fundamental que tienen estos últimos en la recopilación de testimonios para la reconstrucción de la memoria histórica y del tejido social.

“Es necesario presentar la multiplicidad de perspectivas. La multiplicidad de visiones y emociones de la gente para crear una educación por la paz con una ciudadanía crítica y consciente”.

De hecho, a través de su más de una década de existencia, Filmar en América Latina ha sido una vía para que los espectadores suizos se adentren en la realidad de Colombia (y de toda la región del sur del Río Bravo) a través de producciones cinematográficas testimoniales, sea a través de documentales o de ficciones.

En la edición de este 2019, por ejemplo, ‘Los Silencios’Enlace externo de Beatriz Seigner (Colombia/Brasil) muestra el destino de los desplazados en la historia de una mujer que se refugia en una isla de la Amazonía tras el asesinato de su marido. Y, en ‘Pájaros de Verano’Enlace externo, Ciro Guerra (Colombia/México) explora el embate de las actividades del narcotráfico en la cultura y las costumbres de la etnia Wayúu.

Atisbos a un país que se mantiene en espera de la paz prometida, que en las pasadas elecciones de octubre dio la espalda a la ultraderecha para apostar a la Alianza Verde y a la defensa de los derechos humanos y que decretó una huelga general en reclamo de su seguridad y sus derechos fundamentales.   

Pareja indígena

Escena de 'Pájaros de Verano', de Ciro Guerra (Colombia/México), proyectada en el Festival Filmar en América Latina 

(Filmar en América Latina)

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