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"México, en el punto de no retorno"

Plaza de la Constitución de la capital mexicana el 9 de noviembre. Los participantes iniciaron la marcha de protesta 43X43 en la ciudad de Iguala, donde los estudiantes de Ayotzinapa fueron atacados por la policía que luego los entregó a una banda criminal. Keystone

Los normalistas, dijo la procuraduría mexicana, habrían sido asesinados y sus restos, calcinados. La versión no era nueva. Los padres de los muchachos no la aceptarán sin pruebas fehacientes. El escepticismo tampoco es nuevo, se remonta a años y años de violencia, desigualdad, corrupción e impunidad. Un cambio es inminente, coinciden expertos en México y Suiza.

Este contenido fue publicado el 11 noviembre 2014 - 11:00
Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

“Estamos cansados de que el procurador nos mateEnlace externo a los muchachos, ya nos los han matado en varios lugares y de varias maneras”, señaló el padre de uno de los jóvenes en referencia a la serie de informaciones, unas más sórdidas que las otras, que se han producido desde la desaparición forzada de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa (Guerrero), el pasado 26 de septiembre.

El viernes 7 de noviembre, 42 días después de la desaparición, casi un día por cada estudiante, y a dos días de que el presidente Enrique Peña Nieto emprendiera una gira internacional, el procurador Jesús Murillo KaramEnlace externo difundió la confesión de tres nuevos detenidos (van más de 70) sobre la manera en que habrían asesinado a un grupo de 43 o 44 jóvenes e incinerado sus restos para arrojarlos luego a un río en bolsas plásticas de basura.

Acompañó su relato con videos, pese a la solicitud que, según medios locales de prensa, los padres le habrían hecho de ahorrarles el dolor de hacer públicos los abyectos detalles de un drama que puso al descubierto, junto a una serie de fosas clandestinas y varias decenas de cadáveres anónimos, la connivencia de autoridades y crimen organizado.

El anuncio generó una nueva ola de indignación. Miles de mexicanos marcharon en diversas ciudades. En el Distrito Federal, algunas personas prendieron fuego a una puerta del Palacio Nacional. Desde Alaska, Peña Nieto condenó el hecho.  

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“En México se llegó a un punto de no retorno. Es tan enorme lo que ha pasado que hay una saturación de prácticamente todas las capas de la sociedad”, señala Marcelo Aebi, responsable del Instituto de Criminología y Derecho Penal de la Universidad de Lausana (UNIL)Enlace externo. “Se resuelva como se resuelva, va a haber un antes y un después. Tiene que haber cambios”, subraya el jurista.

“Sí, es necesaria una Revolución, no con armas, pero sí con marchas”, dijo a la prensa la intelectual mexicana Elena Poniatowska,Enlace externo mientras que el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José NarroEnlace externo, habló de la urgencia  de un cambio profundo que conduzca a poner coto a la corrupción, la impunidad, la marginación y las desigualdades sociales.

Enfoque social más que belicista

Entre esos cambios; sin duda, un enfoque diferente en la lucha contra el crimen. Luigi De Martino, coordinador de la Declaración de Ginebra sobre la Violencia Armada y el DesarrolloEnlace externo, explica que la estrategia de guerra contra el narco, que podría ser implementada con una seria de medios y políticas diferentes, quedó  fundada únicamente sobre una respuesta de fuerza armada, lo que resultó contraproducente: al ser fragmentados, los cárteles se multiplicaron y su disputa por el control territorial condujo a una violencia todavía mayor.

“No se puede decir que un día llegó el crimen y tomó el territorio del Estado. Hay que ver que en ciertas regiones hay una historia de grupos de crimen y de debilidad del Estado. No es nuevo, lo nuevo es la intensidad de la competencia”, destaca De Martino.

En su concepción, México requiere una “visión más holística” del problema de la prevención y la reducción de la violencia que incluya una política social capaz de trabajar sobre las causas subyacentes y los grupos en riesgo de ser reclutados por los grupos criminales. “Una política que se dirija a la juventud, la educación, el mercado de trabajo. Una política que incluya a la sociedad civil”.

La Declaración de Ginebra, puntualiza, reconoce que la violencia armada y el desarrollo están íntimamente ligados. “Se sabe bien que la marginalización económica y política extrema es un factor de violencia y de conflicto, mientras que un desarrollo sustentable disminuye ese riesgo”.

El miedo a los pobres

Mientras que otros países han intentado, a través del desarrollo económico, sacar a las clases desfavorecidas de la pobreza para transformarlas en clases medias -en Europa Occidental, por ejemplo-, en México hay una situación diferente, acota Aebi.

“Sigue existiendo ese temor a la rebelión, a que los desfavorecidos pidan cosas y a no saber cómo controlarlos, y entonces pasa lo que pasó en Guerrero”.

En esa entidad, agrega el jurista, contrario a lo que se produjo desde hace doscientos años en la mayoría de los países del mundo, “no se dio el reconocimiento de la democracia, ni el respeto a los derechos humanos”.

Pero no solo no ahí:

Medio centenar de jóvenes en formación para la enseñanza (ironía de la suerte) enseñaron al mundo que en México la violencia sigue vigente:

Los hallazgos de decenas de cadáveres en tumbas clandestinas tras el fatídico 26 de septiembre no son aislados. Datos oficiales dan cuenta de más de mil cuerpos encontrados, desde 2007, en 16 de los 32 estados de la República. Y ello, amén de 100 mil muertos, 26 mil desaparecidos, una corrupción que carcome las instituciones y de la que el edil de Iguala (presunto autor intelectual del ataque contra los normalistas) es apenas una muestra, y una impunidad sin concesiones.

"Momento ideal para el cambio"

“¡Estamos hasta la madre!”, había dicho el poeta Javier SiciliaEnlace externo. “¡Estamos hasta la madre!”, repiten las pancartas en las multitudinarias marchas que desfilan por el país para exigir el retorno con vida de los muchachos de Ayotzinapa. Las declaraciones del procurador se pierden en un abismo de hartazgo y desconfianza de la que ningún partido sale indemne. “¡Que se vayan todos!”, reclaman.

“El pueblo mexicano, después de dos siglos de experimentos y fracasos, no cree ya sino en la Virgen de Guadalupe y en la Lotería Nacional”, había escrito Octavio PazEnlace externo ya en 1977…

Pero ahora hay una movilización social que no se recuerda en muchos años de escepticismo secular…

“La única salida es resolver todos esos casos de corrupción”, enfatiza Aebi. “El problema es ¿quién puede hacerlo? Tendrían que buscar entre los jóvenes. Es un momento ideal para crear un nuevo partido político que venga con ideas claras y manos limpias”.

El Presidente Enrique Peña Nieto, de gira por China y Austria, envió un mensaje de solidaridad a los padres de los normalistas desparecidos y condenó los actos de vandalismo que se produjeron el domingo 9 de noviembre en el Distrito Federal:

México está en duelo nacional ante la información que dio a conocer la Procuraduría General de la República (PGR) sobre el caso Ayotzinapa, pero también condena el uso de esta tragedia para justificar actos de violencia.

Los mexicanos decimos no a la violencia. Ésta no es una expresión del gobierno, éste es un sentimiento genuino de la sociedad mexicana que dice no a la violencia; decimos sí a la justicia, al orden, a la armonía, a la tranquilidad; decimos sí a la aplicación de la justicia ante estos hechos atroces y abominables.

Este hecho tan lamentable debe convocar a los mexicanos a un esfuerzo colectivo de reflexión para emprender un camino que permita mejorar aquellas instituciones del Estado que enfrentan debilidad.

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