¿Cuáles son las consecuencias de una brecha entre ricos y pobres?

Los “chalecos amarillos” protestan en Francia, entre otras cosas, contra las crecientes desigualdades sociales. Keystone / Guillaume Horcajuelo

Durante años el aumento de las desigualdades sociales ha suscitado el interés de investigadores, medios de comunicación y políticos. También nosotros dedicamos una serie de artículos a esta cuestión. Y una de las primeras preguntas que surge al abordar el tema es por qué las desigualdades económicas en el seno de una sociedad son un problema.    

Serie: Desigualdad social en Suiza

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El surgimiento del nazismo durante la Gran Depresión de los años 30 [o Crisis del 29] y otros ejemplos históricos muestran que cuando muchas personas se enfrentan a graves dificultades económicas la situación se vuelve peligrosa. Pero, ¿las desigualdades sociales, en sí mismas, son un riesgo?

En teoría, es posible concebir una sociedad en la que existen diferencias sociales, pero no una pobreza absoluta. Esta idea se manifiesta de manera particular en el concepto de “pobreza relativa”, que no solo considera pobres a quienes sufren privaciones materiales, sino también a quienes tienen menos, en relación a la prosperidad media del país.

Lo explica Reto Föllmi, profesor de Economía de la Universidad de San Galo. “Se vuelve peligroso cuando se tiene la sensación de que lo que uno aporta a la sociedad a través de su trabajo no se corresponde con lo que recibe”. En otras palabras: pueden surgir tensiones sociales.

Robert Fluder, profesor de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna, también cree que las desigualdades materiales pueden ser una amenaza para la paz social. “Podrían surgir conflictos si el desarrollo continúa como hasta ahora”, afirma Fluder.

El aumento de las desigualdades permite a un pequeño círculo de personas tener una influencia política cada vez mayor. El desempleo y la pobreza de las personas con empleo son algunos de los factores a los que se atribuye el aumento del populismo en Europa y Estados Unidos. La desigualdad social también es un peligro para la democracia. Dedicamos un artículo especial a ello.

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Las desigualdades obstaculizan el crecimiento económico

Las desigualdades sociales no solo amenazan la estabilidad política, sino también el crecimiento económico. Reto Föllmi opina que cuando las desigualdades son demasiado altas, influyen negativamente en la motivación de las personas y en su disposición a asumir riesgos. Una persona que, en comparación con la mayoría de la población, es muy pobre no tendrá ni los medios financieros ni probablemente el coraje para instalar un negocio.

Cuando los bienes materiales se concentran en manos de un pequeño grupo, el consumo global también disminuye, como lo demuestra el ejemplo de las herencias: quienes heredan son, a menudo, jubilados ricos. “Para el consumo, sería mucho mejor que el dinero fuera a parar a las familias jóvenes que realmente lo necesitan”. Por lo tanto, para la economía sería mejor que el dinero recayera directamente en la economía, en vez de en la cuenta de un pensionista ya de por sí rico.  

Algunos estudios (cuestionados) también argumentan que la desigualdad dificulta el crecimiento económico. Cuando los ricos se vuelven todavía más ricos, el PIB sufre, según un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI). La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) también advierte que “el aumento de la desigualdad es perjudicial para el crecimiento económico a largo plazo”.  

Demasiada riqueza es mala para el medioambiente

WWF Suiza, por su parte, señala que Suiza (a través de la cantidad de recursos que utiliza) está dañando el medioambiente, porque, en comparación con el resto del mundo, la población helvética es extremadamente rica y consume mucho.

Por otro lado, cantidad de alternativas respetuosas con el medioambiente en ámbitos como la alimentación, la movilidad y la energía son más caras y para acceder a ellas se requiere un determinado nivel de vida. Sin embargo, las comparaciones globales muestran que un exceso de riqueza es malo para el medioambiente. En un estudio sobre América Latina, un investigador de la Universidad de Berna ha llegado a la conclusión de que “una distribución más equitativa de los ingresos y de la tierra no solo sería más justa, sino también un medio eficaz para proteger mejor el medioambiente".

Pero, ¿tienen las desigualdades sociales algún aspecto positivo? Ciertamente sí: algunos científicos consideran que la desigualdad social aumenta la productividad, siempre y cuando existan oportunidades para una movilidad social ascendente. Para quienes son más pobres, la riqueza de algunas personas representa un incentivo para trabajar duro, porque también quieren hacerse ricos. Dicho de otro modo, si todas las personas tuvieran lo mismo (independientemente de la prestación y del trabajo), la motivación para ser productivos disminuiría. Y el crecimiento se vería afectado.

+ En Suiza, pocas personas de origen social desfavorecido o inmigrante ascienden socialmente.​​​​​​​

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