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Desarrollo demográfico La vejez en las ciudades suizas



Entre 2000 y 2050, la población mayor a los 60 años de edad se triplicará.

Entre 2000 y 2050, la población mayor a los 60 años de edad se triplicará.

(Keystone)

Entre más urbana, más anciana: es la evolución de la sociedad occidental. Si las ciudades no quieren transformarse en refugios y sitios de exclusión, deben repensar sus políticas en la materia.

De 600 a 2.000 millones: el número de personas mayores de 60 años de edad se triplicará entre 2000 y 2050. La cifra de octogenarios se cuadruplicará a más de 400 millones.

La proporción de sexagenarios pasará de 11 a 22% y, por primera vez en la historia, los ancianos serán más numerosos que el grupo de personas de cero a 14 años de edad, según estimaciones de la Organización Mundial de Salud (OMS).

Al mismo tiempo, la urbanización se acelerará: si en 1950 menos de un tercio de la población mundial vivía en la ciudad, hoy se trata del 50% y, en 2030, 60%.

Riesgo de “muerte social”

Esas dos tendencias serán suficientes para medir la amplitud del desafío que espera a la sociedad, en particular, en el mundo occidental, donde el doble fenómeno del envejecimiento y la urbanización es más marcado. A esto se suman elementos tales como el individualismo creciente, el aumento de personas que viven solas o la transformación de la estructura familiar y, por ende, un mayor riesgo de marginalización de los ancianos.

Repensar el desarrollo urbano se vuelve indispensable si se quiere evitar que los mayores queden inmersos en una verdadera “muerte social”, según los términos del informe Ginebra, ciudad amiga de los ancianos.

El problema es que actualmente “hay con frecuencia una percepción problemática del envejecimiento de la población. Por ejemplo, la primera relación en nuestro pensamiento sobre la vejez es la geriatría, el Alzheimer, o el debate sobre el número de camas que se necesitan en  las residencia de la tercera edad y en lo que esto costará”, revela Marcello Martinoni, autor de diversas investigaciones relativas al tema. El geógrafo recuerda que Dinamarca decidió en la década de 1980 rechazar nuevas construcciones de asilos para ancianos, y desarrollar, en cambio, toda una serie de servicios de asistencia alternativos.

Vejez activa

“Queda claro que la fragilidad es un componente de la vejez. No obstante, no hay que olvidar que en veinte años, el concepto de anciano cambiará”, recuerda Martinoni, al subrayar que el indicador estadístico de la duración de la vida en buena salud está en constante aumento.

Un cambio de paradigma es más necesario que nunca: “Debemos construir la ciudad a medida de la vejez. Una ciudad cuyo medioambiente favorezca la vejez activa”, explica.

Objetivos por los cuales lucha también Pro Senectute, principal organización suiza dedicada al bienestar de la tercera edad. “Nuestra meta es ofrecer a los ancianos la posibilidad de mantener su domicilio el mayor tiempo posible, sin tener que ir a un asilo. Ofrecemos toda una serie de prestaciones, como alimentos preparados a domicilio, un servicio de transporte o de ayuda doméstica para hacer las pequeñas tareas caseras”, observa  Alain Huber, secretario.

No solo barreras físicas

El problema de las barreras arquitectónicas es solo una cara de la medalla. “Queda claro que construir una ciudad y alojamiento con el menor número de obstáculos posibles es una ventaja no solo para los ancianos, sino también para los discapacitados y  las familias con bebés”, observa Huber. Pero eso no basta. “Se requiere también el desarrollo de proyectos para estimular el intercambio y el apoyo entre generaciones”

Para Marcello Martinoni, es fundamental “anticipar el envejecimiento”. Los alojamientos, por ejemplo, deben ser concebidos de modo que puedan ser adaptados a todas las fases y exigencias de la vida. Un departamento de cuatro habitaciones, adecuado cuando los hijos estaban en casa, debe poder ser fácilmente transformable para crear una vivienda independiente”.

El urbanismo debe responder a estas necesidades evidentes: caminos seguros para los peatones, acceso a los medios de transporte público, a los servicios básicos… Pero también para luchar contra la soledad, el principal problema, junto con la movilidad, al que se enfrentan las de mayor edad ¿en las ciudades.  

“Si un anciano sufre de incontinencia, no visitará a sus amigos si no sabe que en el trayecto hay aseo público disponible”, ejemplifica Martinoni.

¿Y la búsqueda de paz y quietud? Para el geógrafo tesinés, esto es un mito: “En nuestras investigaciones, hemos constatado que la mayor parte de las personas de edad avanzada no se inclinan por lugares aislados ni tranquilos”.

Transformación urbana

De todos modos, las ciudades suizas están cambiando. “Creo que hay una toma de conciencia de este fenómeno. Muchos proyectos están en marcha”, confirma Alain Huber. Varias localidades han hecho investigaciones para examinar los requerimientos de la  tercera edad y ha adoptado planes de acción. El 19 de noviembre, Berna, por ejemplo, lanzó la ‘Red suiza de ciudades amigas de las personas de edad avanzada”, cuyo objetivo es el de desarrollar estrategias para hacer frente al envejecimiento poblacional.

En vista de la complejidad del tema, es imposible de establecer una lista de recetas preconcebidas que puedan ser aplicadas de un lugar a otro.

Pero hay un elemento esencial: “Las personas de edad avanzada deben ser consideradas como ciudadanos, como actores del proceso y no como consumidores pasivos de los servicios médico-sociales. Se requiere que toda la sociedad termine de abordar la vejez como un problema, para empezar a concebir este fenómeno como un recurso”.

Numerosos proyectos

En el ámbito del Programa Nacional de Investigación 54 (Desarrollo sustentable del medioambiente construido), las ciudades de Lugano y Uster fueron seleccionadas como objeto de investigación del proyecto UrbAging: planificar el espacio urbano para una sociedad envejecida.

El estudio (2007-2008) analizó la movilidad de los ancianos en los espacios públicos.

Además, varias comunas han realizado an'alisis sobre los problemas esenciales que tiene su población de edad avanzada, como Ginebra, con el programa ‘Ciudades amigas de los ancianos’, en colaboración con la Organización Mundial de Salud (OMS).

Otras comunas y organizaciones han lanzado proyectos para mejorar la calidad de vida del anciano yfavorecer las relaciones intergeneracionales.

 

En Zúrich, Pro Senectute promovió la iniciativa ‘Alojamiento a cambio de ayuda’, con la que el anciano ofrece una habitación en su hogar a un joven, a cambio de apoyo en las tareas domésticas.

En el cantón de Vaud, la sección cantonal de Pro Senectute y la Fundación Leenaards han desarrollado el método

Barrios solidarios,

para desarrollar las relaciones sociales intergeneracionales.

Fin del recuadro


Traducción: Patricia Islas, swissinfo.ch


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