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Monumento nacional Palacio Astoreca: Un toque suizo para Valparaíso



 Construido en 1923 por un inmigrante croata, el Palacio Astoreca, en Valparaíso, tiene categoría de monumento nacional.

Construido en 1923 por un inmigrante croata, el Palacio Astoreca, en Valparaíso, tiene categoría de monumento nacional.

El productor de cine suizo Vicent Juillerat se enamoró de un histórico -pero abandonado- palacio, en el bohemio puerto de Valparaíso. Se propuso restaurarlo, convertirlo en hotel boutique y darle nuevos aires al edificio patrimonial. Paralelamente, trabaja en la producción de una película basada en la época de oro de las salitreras chilenas.

Vicent Juillerat vive la mitad de su tiempo en Valparaíso y la otra en París. Mientras que en el puerto chileno se dedica a su nuevo proyecto -el Hotel Palacio Astoreca-,  en la “ciudad luz” dirige Selenium Films, productora cinematográfica con la que ha realizado cintas como Becoming Otto, Un Voyage Américan y varios documentales. Allí también desarrolla, junto al director brasileño Walter Salles (Diarios de motocicleta), el filme La contadora de películas, basada en el libro del reconocido escritor chileno Hernán Rivera Letelier.

“Mi mujer (Francisca Joannon) es chilena, pero nos conocimos cuando ella vivía en España. Al casarnos decidimos que no viviríamos ni en su país de origen ni el mío. Así que escogimos Francia como ‘punto de equilibrio’, pues me permitía conservar mi trabajo de entonces en Lausana, que estaba solamente a unas horas en tren y al que no tenía que ir todos los días”, comenta Juillerat a swissinfo.ch.

Era 2005 y ni siquiera pensaban en incursionar en el mundo hotelero, aunque Vicent siempre se había sentido atraído por Valparaíso, con sus cerros y ascensores, sus casas coloridas, su particular historia y el ambiente bohemio de este puerto. “En 2009, coincidiendo con la crisis económica, mi esposa recibió una herencia de su padre que había fallecido y decidimos invertir en un inmueble. Pensamos en Valparaíso, porque además de gustarnos, no estaba tan lejos de la capital -Santiago- viniendo desde París”.

Durante unas vacaciones recorrieron la ciudad “y nos dimos cuenta que la infraestructura hotelera era bastante menor aún. Ahí surgió la idea de hacer un hotel-restaurante de alto nivel. Y paseando por el Cerro Alegre -uno de los más emblemáticos y hermosos del puerto- nos encontramos con este magnífico palacio, pero en muy mal estado. Preguntando, llegamos hasta su dueño, quien finalmente accedió a venderlo. Nos dijimos: tiene bonita vista, está en un buen sector, los planos y los permisos para convertirlo en hotel ya están listos. ¡Hagámoslo! Pensamos que iba a ser fácil. Pero nos encontramos con muchos obstáculos”, recuerda.

(Mariel Jara)

Permisos, terremoto y más

Dado que esta mansión (construida en 1923 por un inmigrante croata) tiene categoría de monumento nacional, cualquier modificación que se le haga debe contar con la aprobación de la autoridad respectiva y seguir estrictas regulaciones. Ello implicó una serie de trámites que retrasaron los trabajos de remodelación. El terremoto de 2010 también provocó secuelas y dilató nuevamente los plazos. Finalmente, el hotel comenzó a funcionar en septiembre de 2012.

“Fue un trabajo intenso, pues el edificio estuvo abandonado mucho tiempo y se deterioró bastante. La única sala que quedó en buen estado fue la del piano-bar, que mantuvo sus molduras originales. También la fachada exterior, que era lo que más le interesaba al Consejo de Monumentos Nacionales conservar tal como era originalmente”.

En su interior, buscaron combinar lo clásico con tintes de modernidad, sin perder el carácter de la mansión, pero a la vez dándole un sello particular.  “Para nosotros es un ‘plus’ no venir del rubro hotelero, pues eso nos permite darle una intención, una perspectiva diferente al proyecto. Por eso es que, por ejemplo, no quisimos contratar una decoradora que nos armara un “hotel-tipo” igual que en Atacama o en Santiago, con las mismas combinaciones de la tienda. Mi esposa se tomó mucho tiempo para visitar anticuarios, encontrar muebles especiales o re-tapizarlos y así darle un aire personalizado al hotel, respetando al mismo tiempo su historia, su valor patrimonial. Eso nos encanta y por ello hemos estado detrás de todos los detalles, desde el comienzo de la obra, hasta el café que se sirve”, comenta.

La gastronomía era un punto esencial. Después de revisar más de 200 currículos, escogieron como chef al español Sergio Barroso, quien había trabajado en el Bulli de Ferran Adrià, en Madrid,  y con Denis Martin, en Vevey, Suiza. Ambos, reconocidos y premiados chefs, cultores de la cocina molecular. “Sergio estaba muy en la línea de lo que nosotros queríamos; una cocina de autor, de gran nivel, que utiliza ingredientes locales, pero adaptándolo un poco al público chileno. Fue un acierto y, de hecho, tanto el público como la crítica especializada (incluyendo un artículo en la revista Times) lo han elogiado mucho”, señala.

Valparaíso

Es una de las ciudades más antiguas de Chile y primer puerto comercial. Fue declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003. Cuenta con 42 cerros, angostas calles, pintoresca arquitectura y medios de transporte tan escasos y especiales como trolebuses y ascensores tipo funicular.

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De lo patrimonial al cine

Paralelamente, Vicent trabaja en un proyecto cinematográfico que lo tiene igualmente encantado: llevar a la pantalla gigante “La contadora de películas”, libro del escritor Hernán Rivera Letelier.

“En una oportunidad hice un viaje al norte del país, donde conocimos los pueblos mineros fantasmas que quedaron de la época de oro del salitre chileno  y con nuestra productora hicimos unos documentales sobre el tema. Más tarde, cuando llegó a mis manos el libro La contadora de películas, una historia que transcurre precisamente en ese escenario, no dudé en convertirlo en largometraje. No sólo por el magnífico relato, sino porque los paisajes de Atacama también son muy visuales.  Se lo propuse a Walter Seller, quien también se fascinó con la historia y se puso a trabajar en el guión, que ya está terminando”.

Así, la vida de este suizo oriundo del cantón de Berna se divide entre la recuperación del patrimonio histórico de una mansión en el pintoresco puerto de Valparaíso, su productora fílmica en París y el rescate de una parte de la historia chilena -la época dorada del salitre- a través de un largometraje inédito en su tipo. “Han sido procesos largos, con hartos obstáculos en el camino. Si hubiese sabido desde un principio todo lo que nos costaría, especialmente el hotel, quizás no lo habría hecho. Pero aquí estamos. ¡Y contentos, por cierto!”, concluye.

Palacio Astoreca

Esta imponente mansión victoriana fue construida en 1923 por el inmigrante yugoslavo Francisco Petrinovic, para su esposa inglesa Constance Wadsworth, con quien se estableció en Valparaíso. Está situado en el famoso paseo yugoeslavo (Cerro Alegre), frente a otro palacio emblemático de Valparaíso, el Palacio Baburizza, mansión estilo Art Nouveau, que hoy acoge al museo de Bellas Artes de Valparaíso. Tiene una hermosa vista a la bahía y a los cerros. A él se puede acceder a través de largas escaleras o por el ascensor El Peral, construido en 1902. 

El proyecto de renovación (que alcanzó los 5 millones de dólares) fue dirigido por el reconocido arquitecto chileno Mathias Klotz. Dado que el edificio está considerado un hito histórico y emblemático, su construcción respetó estos valores dándole un toque vanguardista, especialmente en la casa contigua, que también fue adquirida por Juillerat.

El hotel cuenta con 23 habitaciones con piso de parquet original y azulejos de cerámica pintada a mano en los baños, una biblioteca con una amplia colección multilingüe, un salón piano bar, una cava con vinos chilenos, franceses y argentinos, y un spa con baño de vapor, piscina cubierta climatizada, sala de masajes y un hot tub de madera, rodeado por un jardín vertical de hiedra y otras especies.

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Vincent Juillerat

Nació en el cantón de Berna. Estudió Historia del Arte y del Cine. Actualmente es director de la productora, Selenium Films.

La contadora de películas, escrita por Hernán Rivera Letelier  cuenta cómo la niña María Margarita, que vive en un poblado minero del desierto, tiene el maravilloso don de contar las películas que ve en el cine. Primero se las relata a su familia y luego a todos sus vecinos. Antes de gastar dinero en entradas al cine, en el pueblo juntaban monedas y enviaban únicamente a la niña a verla. Su destreza para narrar la hizo conocida, y todo el pueblo esperaba impacientemente sus relatos.

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swissinfo.ch


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