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Pobreza no siempre significa infelicidad

Casa Waki, expresión solidaria con sello suizo-boliviano.

(swissinfo.ch)

Michèlle Michaud es una voluntaria suiza de 20 años que comparte la vida diaria con niños y pobladores de un barrio humilde en El Alto de La Paz. Tras pasar casi nueve meses lejos de las comodidades en su Valais natal está convencida de que “con poco es posible hacer reír a los niños”.

Sus días discurren en un mundo distinto, a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, entre menores trabajadores o con dificultades que le dan los conocimientos necesarios previos a su formación de educadora de niños especiales o de atención a personas inválidas.

El estudio de esa rama en la escuela superior exige una práctica previa y Michèlle optó por hacerla en Bolivia porque “quería ver otras cosas”. Su relación benévola con el comité que apoya desde Ginebra el proyecto socio educativo Casa Waki en la Ciudad de El Alto hizo el resto.

Llorar, cantar, bailar…

Consecuente con uno de los postulados de Casa Waki, Michèlle pudo literalmente llorar, cantar, bailar, jugar, pelear, embarrarse, aprender y compartir las alegrías y las preocupaciones de las decenas de niños y adolescentes que durante muchas horas del día viven en la institución abierta.

Los resultados de esas experiencias pedagógicas y, sobre todo humanas, en el establecimiento dedicado a ofrecer al menos una posibilidad de futuro en una ciudad donde casi 100.000 niños trabajan en la calle, los resume ahora acopiando material para aplicar las técnicas de enseñanza que van desde el apoyo escolar con la metodología de aprender jugando hasta la elección de un oficio en las ramas artesanales a disposición en los talleres.

El despertar el interés creativo de los niños ocupa a Michèlle dos veces por semana; de manera que ellos descubran los alcances del dibujo, el ‘collage’ y otras actividades similares. A esta tarea se suman dos reuniones semanales con los profesores responsables de los grupos.

Al término de la jornada no le esperan las comodidades que seguramente tiene en un país próspero como Suiza, sino las condiciones humildes, hasta espartanas, de ‘Utamawa’, vocablo aimara que significa Tu casa, un espacio común compartido con cinco voluntarios belgas.

En mi país el niño dice esto es mío y no da nada

Los distintos rasgos de la pobreza tampoco han pasado desapercibidos para Michèlle. “Sí, hay pobreza, pero dentro de ella encuentras felicidad, porque muchos se conforman con poco y saben compartir”.

Esa capacidad de desprendimiento solidario suele traducirse en el ‘ayni’, vocablo quechua para describir la disposición de ayuda recíproca bajo el sencillo principio de “hoy por ti, mañana por mí”. Este valor heredado por los campesinos de sus antepasados es tal vez más perceptible en la niñez enfrentada desde muy temprana edad a la privacidad de muchas cosas elementales.

“En mi país el niño dice esto es mío y no da nada” señala Michèlle a swissinfo.ch para resaltar la diferencia de actitud que constata en su relación diaria con la niñez en Casa Waki. “Con pocas cosas se puede hacer reír a un niño, claro que no a todos”, dice convencida.

Acostumbrada en su domicilio temporal

A más o menos 45 minutos de descenso en autobús está la Ciudad de La Paz, capital administrativa de Bolivia, situada a 3.600 metros sobre el nivel de mar, pero los rasgos de modernidad y de pobreza de la gran urbe no atraen a Michèlle. “No me gusta porque en el centro hay mucha gente vendiendo comida y ropa” comenta refiriéndose a tal actividad informal bastante extendida.

"El Alto tiene – a diferencia de la bicentenaria La Paz-, una historia joven y desde mi llegada veo que sigue creciendo. Cuando llegué las calles donde vivo sólo estaban empedradas, hoy ya están pavimentadas. A la ciudad de El Alto llega mucha gente con la esperanza de encontrar trabajo y realizar sus sueños", comenta Michèlle sin omitir las grandes dificultades que deben sortear para lograrlo.

La joven se declara impresionada de tanta tradición, bailes y costumbres, pero sobre todo del ‘ayni’ porque ella misma recibió todo el apoyo posible de la gente tras su llegada -con apenas conocimientos de castellano y aimara-, a un ambiente muy diferente al suyo en el Valais, Suiza de habla francesa.

Ayni es también una tienda de comercio equitativo

Está situada en Ginebra y vende productos artesanales a precios justos, pero más allá del loable propósito de promover el comercio justo actúa un comité que reúne a una veintena de jóvenes suizos empeñados en respaldar la construcción y el funcionamiento de Casa Waki en la Ciudad de El Alto de La Paz.

Los miembros de Asociación Suiza “Proyectos Waki” realizan una serie de actividades en Ginebra para recaudar los fondos señalados para ese propósito. Además es casi común que sus miembros vayan regularmente al país andino para contribuir al buen funcionamiento de Casa Waki.

“Los espacios y ambientes donde trabajamos ahora se deben a la cooperación de Bélgica y de un Comité de personas amigas en Ginebra”, explica Ricardo Illanes, director del Centro Infantil y Juvenil Casa Waki al tiempo de aludir a la tienda ayni y a su apoyo en lo referente al comercio justo, capacitación y producción y economía solidaria.

Con un monto que fluctúa entre 60.000 y 80.000 dólares anuales, Casa Waki atiende actualmente a unos 60 niños y a 120 adolescentes que permanecen allí durante el día y en la noche van a sus hogares.

Michèlle Michaud vuelve a Suiza convencida de que aprendió mucho en un mundo cultural y socialmente distinto al suyo. Más aún, “me hubiera gustado quedarme más tiempo, pero algunos problemas con papeles no lo permiten”, apunta con un rasgo de tristeza en el rostro.

Félix Espinoza R., swissinfo.ch, La Paz

CIUDAD DE El ALTO

La Ciudad de El Alto de La Paz está situada a poco más de 4.000 m.s.n.m; tiene una superficie de 290 km2, espacio en el cual cobija a casi un millón de habitantes que viven bajo un clima frío durante casi todo el año.

En invierno son comunes las temperaturas bajo cero.

Su economía está básicamente regida por el mercado de alimentos, ropa confeccionada, ropa usada y un gran mercado de las pulgas donde es posible encontrar desde un tornillo hasta un artefacto sofisticado.

Gran parte de su población proviene del área rural que busca mejores posibilidades.

La desnutrición infantil, el bajo rendimiento escolar, las enfermedades no atendidas y el trabajo infantil son indicadores que afectan a gran parte de las capas sociales en El Alto.

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CASA WAKI

La Asociación “Proyectos Waki” nació en 2002 a iniciativa de una veintena de jóvenes ginebrinos con la intención de respaldar al comité fundador, domiciliado en Béligica, en sus propósitos de apoyar las actividades socio educativas de Casa Waki en El Alto de La Paz.

Niños y adolescentes reciben en este establecimiento apoyo didáctico e impulso a sus capacidades artesanales en costura, tejido, panadería y otras ramas que luego les puedan servir como oficio en la vida.

Además de informar regularmente sobre la realidad de los sectores desfavorecidos en Bolivia, particularmente en El Alto de La Paz, los jóvenes benévolos ginebrinos establecen contactos y realizan actividades para recaudar fondos que servirán para atender a decenas de niños y jóvenes en Casa Waki.

Una de las fuentes principales de recaudación, además de las donaciones personales, es la Tienda Ayni en Ginebra. Allí venden desde 2006 prendas hechas a mano de lana de alpaca, artículos de artesanías andinas, cosméticos, productos de limpieza y hasta balones bajo el elemental principio de comercio equitativo.

Uno de los postulados esenciales impuestos a los voluntarios de Casa Waki es “entrar con humildad, respeto y paciencia en la historia de otras personas, de otras culturas en todos sus ámbitos: sociales, económicos, políticos, culturales, religiosos, etc.”

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