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El patrimonio del cine: la visión del nuevo director de la Cinemateca suiza

Vinzenz Hediger, el nuevo director del Archivo Cinematográfico Suizo, en el centro de investigación y archivo de Penthaz, cerca de Lausana. Asumió su cargo el pasado mes de noviembre.
Vinzenz Hediger, el nuevo director del Archivo Cinematográfico Suizo, en el centro de investigación y archivo de Penthaz, cerca de Lausana. Asumió el cargo el pasado mes de noviembre. Keystone / Jean-Christophe Bott

Del frenesí de los festivales de Berlín a las joyas ocultas en los desvanes, el nuevo director de la Cinemateca suiza (Cinémathèque suisse), Vinzenz Hediger, expone su misión: proteger un archivo de prestigio mundial, recuperar formatos olvidados y acercar el legado cinematográfico suizo a la audiencia de todo el país.

La inauguración de la presente edición de la Berlinale se vio ensombrecida por un escándalo que estalló apenas unas horas después de su inicio y que pudo haber provocado la dimisión del director artístico del festival. Durante la rueda de prensa inaugural, el cineasta Wim Wenders y la productora Ewa Puszczyńska evitaron pronunciarse sobre el asedio de Israel a Gaza, restando importancia a la cuestión con una tajante declaración de Wenders: el mundo del cine «debe mantenerse al margen de la política».

La indignación se desató cuando Arundhati Roy se retiró del evento en señal de protesta. La ganadora del premio Booker debía presentar el telefilme indio de 1989  ‘In Which Annie Gives It Those Ones’, del que fue guionista y protagonista, y calificó las declaraciones de «sorprendentes». Su inesperada aparición y el posterior boicot convirtieron a esta película, olvidada durante años, en uno de los hechos más comentados del festival. El episodio demostró que la historia del cine está muy viva y es capaz de reclamar su lugar.

Un trabajo meticuloso

La Cinemateca suiza ha confiado recientemente su dirección al académico y excrítico de cine Vinzenc Hediger. Tras su llegada a Lausana a comienzos de año, asume un papel crucial: decidir qué proyectos logran ponerse a salvo cuando son tantas las obras que esperan que alguien las rescate.

En medio del revuelo de la Berlinale, Swissinfo.ch pudo conversar con él sobre las exigencias de su nuevo cargo. «Es la cuestión clave», explicó Hedige. «La historia oculta de cualquier archivo es su historial de rechazos y de decir que no… Los recursos y el espacio son limitados, por lo que hay que decir que no a muchas cosas».

Instituciones como la Cinemateca suiza deben gestionar materiales procedentes de todo el mundo, ya sean colecciones privadas u otras fuentes diversas, y velar por la integridad física de las piezas. Después comienza una ardua tarea de catalogación, escaneado y limpieza. Este largo proceso de restauración culmina en la creación de versiones digitales o copias en celuloide para que el público pueda finalmente disfrutar de ellas como merece.

Foto en blanco y negro. Una casa antigua.
Las instalaciones originales de la Cinemateca suiza en Place de la Cathédrale 13, en una foto tomada en 1951… Collection Cinémathèque Suisse, Tous Droits Réservés
... y la investigación de vanguardia
…y el vanguardista Centro de Investigación y Archivo de Penthaz, con una superficie de 13.000 metros cuadrados. sda-ats

De los periódicos a la historia del cine

El camino de Hediger hasta llegar a dirigir una de las principales instituciones cinematográficas de Europa empezó en las páginas culturales de uno de los periódicos más importantes de Suiza. En la década de 1980, se costeó sus estudios en la Universidad de Zúrich escribiendo críticas sobre estrenos para el diario ‘Blick’, en un momento en el que el periódico empezaba a apostar por su sección de cultura.

«Allí aprendí a escribir», afirma. «En ese puesto, cualquier pretensión intelectual que aportaras podía costarte el trabajo. El público de ‘Blick’ no es tonto. Es gente trabajadora, con poco tiempo y generalmente poco dinero, y al igual que el resto, tienen derecho a saber qué está pasando en el mundo del cine».

Ver diez películas a la semana y redactar infinidad de críticas le enseñó a reducir ideas a su esencia. Afirma que el trabajo le obligó a adaptar su lenguaje a la clase trabajadora sin subestimarla, una disciplina que aún hoy en día modela su percepción sobre su trabajo.

Hediger creció en la Suiza de la década de los setenta, «uno de los grandes momentos del cine suizo» y recuerda que sus padres le llevaron a ver tanto la película de Disney 101 dálmatas como ‘Las pequeñas fugas’ (Les Petites Fugues) de Yves Yersin (1979). «Las vi al mismo nivel», afirma.

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Ese respeto innato por el cine le facilita su tarea. En la actualidad, el grueso de la financiación de la Cinemateca procede del Gobierno Federal, lo que la convierte en una verdadera institución nacional con todas las responsabilidades que esto conlleva. Parte de su misión es hacerla «muy, muy visible, no sólo en Lausana, sino en toda Suiza». Esto se consigue a través de una red de cines asociados, colaboraciones con canales de televisión, formatos digitales y un estrecho trabajo con festivales en todas las regiones lingüísticas del país.

Lo que está por venir

Además de los tráilers, Hediger también ha editado varios libros que arrojan luz sobre temas relegados por la historia del cine convencional. En este caso, Hediger y Patrick Vonderau se centran en la historia del cine industrial: películas producidas por el gobierno y patrocinadas por la industria que buscaban alcanzar los objetivos de sus patrocinadores, más que los de los artistas creativos que participaban en ellas.
Además de tráileres, Hediger también ha editado varios libros que arrojan luz sobre cuestiones olvidadas por la historia cinematográfica oficial. En este caso, Hediger y Patrick Vonderau se centran en la historia del cine industrial: películas gubernamentales o patrocinadas por empresas que buscan alcanzar los objetivos de sus patrocinadores en vez de involucrar a artistas creativos. Reproduction

«La historia convencional del cine suizo se centra en el cine de autor», explica Hediger. «Pero si queremos apostar por la continuidad de la producción en Suiza, un país que nunca ha tenido realmente una industria cinematográfica propiamente dicha, hay que fijarse en el cine por encargo y en el industrial».

Ahí es donde empezó su relación profesional con la Cinemateca suiza, durante su investigación posdoctoral. En Lausana se dio cuenta de que los fondos de la institución eran inmensos y habían permanecido en el olvido durante mucho tiempo.

Este interés se extendió a otra forma artística efímera: los tráileres cinematográficos. Afirma que tuvo la idea de investigar sobre este tema cuando se dio cuenta de que «nadie había escrito un libro sobre ellos». Esa investigación lo llevó a archivos por toda Europa y Estados Unidos, en una época en la que nada de este material estaba disponible en línea y cada tráiler debía ser revisado en película o en cinta.

«Cada vez que iba a un archivo, el personal siempre me decía: Es un tema muy interesante, pero no tenemos nada’», comenta entre risas. «Pero nunca era verdad. Tuve que desarrollar todo un inventario de términos de búsqueda, además de pistas biográficas y otras cuestiones que me ayudaran a descubrir correspondencias y documentos de los estudios». A partir de ahí, pudo «recomponer la historia del tráiler cinematográfico».

Un archivo de renombre en un país pequeño

Si Hediger se muestra tan entusiasta sobre el potencial de la Cinemateca es porque cree que gran parte de la ciudadanía suiza no llega a entender lo excepcional que es esta institución nacional.

«Es la sexta colección cinematográfica más grande del mundo», añade. «Ha alcanzado tal tamaño e importancia gracias a que Suiza ha tenido, y sigue teniendo, una cultura de ir al cine tremendamente rica en proporción a su tamaño».

Junto a grandes obras del cine nacional, los ejemplares de la institución muestran también una crónica de lo que se ha proyectado en el país a lo largo de estas décadas, gracias fundamentalmente a que las empresas distribuidoras depositaban sus copias en Lausana.

«Conservaban las copias de calidad y se deshacían del resto», afirma. Estos rollos de película, generalmente copias originales con subtítulos en alemán y francés, son muy valoradas por festivales y otras instituciones que piden prestado estos materiales para sus programas.

Hediger señala que cuando la Cinemateca limitó temporalmente el préstamo de copias hace algunos años, se generó un pequeño terremoto en la red internacional de distribución de cine clásico, ya que muchos festivales se habían acostumbrado a ir a Lausana en búsqueda de material cinematográfico. Por lo tanto, la Cinemateca es «más bien una institución de patrimonio mundial que un archivo regional o nacional».

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Lo que logra salvarse

Algunas grandes colecciones llegan a la institución por casualidad, como es el caso del archivo personal del director francés Claude Autant-Lara. Hacía mucho tiempo que se sentía menospreciado en Francia y decidió, también por razones fiscales, mudarse a Lausana. Como revancha ante lo que consideraba un desprecio por parte de colegas del sector, legó sus materiales y documentos a la Cinemateca en Suiza en vez de a una institución en su país natal.

Sin embargo, el romanticismo de la historia del cine debe sopesarse constantemente frente a las limitaciones presupuestarias, las prioridades y los recursos. El Gobierno Federal ha congelado la inversión en la Cinemateca los últimos dos años, lo que en la práctica se traduce en un recorte real de entre el 2 y el 4% del presupuesto.

La Cinemateca es «más una institución de patrimonio mundial que un simple archivo regional o nacional».
«La Cinemateca es más bien una institución de patrimonio mundial que un archivo regional o nacional». Keystone / Jean-Christophe Bott

La pandemia de COVID-19 permitió que la gente tuviera tiempo para limpiar sus desvanes, gracias a lo cual se redescubrieron muchos tesoros. Desde entonces, la Cinemateca se ha visto inundada de cine aficionado y colecciones privadas. Uno de los proyectos en curso, explica Hediger, está relacionado con un lote de bobinas Pathé Baby de 9,5 mm filmadas por una persona del cantón de Vaud que logró hacer «películas realmente buenas sobre el paisaje local y sus alrededores».

«Son películas maravillosas y vamos a proyectarlas en el cine», comenta Hediger, cuya pasión por este campo de la historia cinematográfica resulta evidente. «Eso es el cine local: ir a una sala para ver tu propio hogar tal y como era hace 50 años. Es increíble».

Estos fragmentos de la historia cinematográfica pudieron parecer irrelevantes en su momento, y quizás lo sigan siendo para muchos. Sin embargo, es imposible predecir qué parte de la historia del cine va a conseguir conmovernos. Los archivos sólo pueden asegurar una presentación inmaculada y un acceso equitativo. En cuanto a lo demás, hasta lo más insignificante puede mover montañas si se lo enseñamos a una audiencia nueva en un contexto nuevo.

Texto original editado por Eduardo Simantob. Adaptado del inglés por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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