Cómo Suiza bloqueó los activos de Ferdinand Marcos
Hace 40 años, Suiza bloqueó, en circunstancias rocambolescas, los activos del presidente filipino Ferdinand Marcos depositados en sus bancos. Supuso un punto de inflexión en la política suiza en relación con la gestión de los patrimonios de soberanos y potentados extranjeros.
En Berna, el 24 de marzo de 1986 comenzó como un día tranquilo. Era un lunes posterior al final de la sesión de primavera del Parlamento suizo. La calma solo se veía levemente alterada en el Palacio Federal y en el Ayuntamiento de Berna, donde más tarde se esperaba la llegada del presidente finlandés, Mauno Koivisto, para asistir a una recepción del Consejo Federal y a un banquete de Estado.
El entonces director jurídico del instituto bancario Crédit Suisse (CS), el gran banco suizo hoy desaparecido que en los últimos años fue absorbido por UBS, descolgó con toda prisa el teléfono para hacer una llamada confidencial a la Comisión Federal de la Banca (CFB), el organismo supervisor de los bancos suizos.
El banquero advirtió a la Comisión bancaria de que Ferdinand Marcos, huido a Estados Unidos, tenía la intención de retirar una gran cantidad de dinero de sus cuentas en CS con la ayuda de un confidente. Si las autoridades federales no prohibían la transacción, se abonarían esos fondos al día siguiente al testaferro de Marcos.
Críticas a Suiza por ofrecer un depósito seguro para el patrimonio de Marcos
La alerta de CS llegó tres días después de que la Comisión bancaria publicase un comunicado de prensa, según el cual se sometían a una obligación de diligencia reforzada la recepción y la retirada de los valores patrimoniales de la familia Marcos. Ya con anterioridad, medios de comunicación estadounidenses habían informado sobre la base a documentos confiscadosEnlace externo que Marcos, exiliado en Hawái, había transferido durante su regencia de 20 años miles de millones de dólares al extranjero, fondos que en gran parte se encontraban depositados en bancos helvéticos.
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Suiza y el dinero sucio de potentados y dictadores
Con su medida, la Comisión bancaria quería impedir que testaferros pudiesen efectuar tales transacciones bajo la pantalla protectora del secreto bancario. En muchas ocasiones intervenían también abogados que aprovechaban su secreto profesional para ocultar la identidad de los beneficiarios efectivos de los activos, un vacío legal que las autoridades suizas no llegaron a eliminar hasta 1991.
Las obligaciones de diligencia de los bancos en sus relaciones con potentados se fueron ampliando poco a poco con la introducción de normas más estrictas contra el blanqueo de capitales.
En la tarde del 24 de marzo de 1986, se produjo, de repente, un gran trajín en el Palacio Federal, después de que el vicepresidente de la Comisión bancaria interviniera ante el Ministerio de Asuntos Exteriores por preocupación de que Suiza pudiera perder su buena reputación. Allí, sin embargo, todos estaban muy ocupados con preparar la visita del jefe de Estado finlandés. Fue en ese momento cuando Edouard Brunner y Cornelio Sommaruga se reunieron en secreto, los dos más altos funcionarios del Estado en los ministerios de Exteriores y de Economía.
Convinieron en que había que impedir la retirada de los fondos de Marcos y llegaron a la conclusión de que el Consejo Federal (Gobierno) tenía que actuar. Debía hacerlo recurriendo al derecho de necesidad que le confería la Constitución Federal para proteger los intereses nacionales en el ámbito de la política exterior. Debido a la visita de Estado del presidente finlandés, sin embargo, no era viable convocar una sesión ordinaria del Consejo Federal.
Fue entonces cuando el arte de improvisación de Brunner dio sus frutos: con el apoyo de la esposa de Brunner, Sommaruga consiguió alargar la recepción protocolaria previa al banquete de Estado, dando la oportunidad a Brunner para reunirse con los siete consejeros federales y convencerles de la necesidad de congelar los activos de Marcos. Después de cinco minutos reunidos de pie, resolvieron el asunto mediante una decisión presidencial. En un comentario dirigido a ambos secretarios de Estado, el ministro de Economía Kurt Furgler profirió: «Nos habéis pillado».
Restitución a Filipinas
Después de la congelación de los fondos de la familia Marcos, se siguió durante años un procedimiento de asistencia judicial internacional en el transcurso del cual Filipinas reclamó el patrimonio del gobernante depuesto. Tanto la familia Marcos como Crédit Suisse y la Sociedad Bancaria Suiza, donde gran parte de los fondos bloqueados se encontraban depositados, interpusieron un recurso tras otro, alargando el procedimiento.
En 1991, Filipinas recibió los primeros documentos bancarios. Y en agosto de 1995, el principal juez instructor responsable del procedimiento de asistencia judicial dispuso, inesperadamente, la transferencia de los activos congelados a una cuenta bloqueada en un banco filipino. En una resolución de principiosEnlace externo, el Tribunal Federal aprobó la restitución anticipada de los fondos a Filipinas. En la sentencia se obligó al país asiático a rendir cuentas a Suiza sobre la indemnización de las víctimas de violaciones de los derechos humanos. En junio de 1998 se transfirió a Manila un importe de 683 millones de dólares. Un último tramo parcial de 10 millones de dólares pagó Suiza a principios de 2009.
Fue el entonces ministro de Justicia Furgler quien, en 1979, había justificado la decisión unánime del Consejo Federal de recusar la demanda de bloqueo del patrimonio del sah de PersiaEnlace externo y de invitar a la República Islámica de Irán a recurrir a la vía judicial ordinaria. Por eso fue aún mayor la sorpresa cuando el Consejo Federal dio un giro de 180 grados en la causa Marcos. El diario ‘Neue Zürcher Zeitung’ llamó la congelación de los activos de los Marcos un «frenazo en seco» y un «manotazo». El rotativo zuriquense criticó la manera precipitada de proceder del Consejo Federal que mostraba claros signos de una actuación «desproporcionada» que ponía en riesgo la seguridad jurídica de la plaza financiera.
Los bancos suizos protestaron con vehemencia. Bank Leu expresó en una carta lo difícil que resultaba comprender la decisión del Consejo Federal. Lamentaba que se estaba exagerando un problema legal para convertirlo en un acto político «que podría mermar la confianza en la fiabilidad del ordenamiento jurídico de nuestro país». Y la Asociación Suiza de Banqueros corroboró en un dictamen judicial su oposición a la manera de proceder de las autoridades en la causa Marcos.
El Banco Nacional se queda al margen
También fruncieron el ceño los directivos del Banco Nacional Suizo (BNS) ante la decisión tomada por el gobierno de bloquear los fondos de Marcos recurriendo al derecho de necesidad. A diferencia de la decisión relativa al patrimonio del sah, las autoridades federales no consultaron previamente a los máximos responsables del banco central. El vicepresidente del BNS, Markus Lusser, criticó que no se había preparado cuidadosamente la intervención. El banquero central comentó que los bancos suizos eran los que tenían que pagar el pato por la política estadounidense frente a los Marcos, en alusión a la documentación con información bancaria sobre las cuentas del exregente filipino en Suiza que Estados Unidos había filtrado.
Pero en la sesión del directorio trimembre del BNS del 3 de abril de 1986, Lusser también sorprendió al proponer que se podía examinar si el Banco Nacional, junto con la Comisión bancaria, debía recomendar a los bancos que renunciasen a la recepción de fondos mientras los potentados seguían en sus cargos.
Posteriormente, el Consejo Federal intentó restarle importancia al cambio de paradigma en relación con los activos de los potentados. No se trata de un cambio fundamental en las prácticas, respondió el Consejo Federal en septiembre de 1986 a una interpelación de la Unión Democrática del Centro (UDC)Enlace externo. Fueron más bien «circunstancias extraordinarias» las que habían influido en las actuaciones llevadas a cabo en relación con los fondos de Marcos. De ningún modo se había transgredido el secreto bancario, insistió.
A pesar de esta reacción destinada a aplacar los ánimos, la causa Marcos sentó un precedente con efectos de largo alcance. A posteriori, las autoridades suizas presentaron el brusco giro de su política –que luego afianzaría el papel precursor de Suiza en relación con la restitución de los activos de los potentados– como una decisión meditadaEnlace externo. Pero en 2016, la diplomática Pascale Baeriswyl admitió que este cambio de rumbo había llegado «como caído del cieloEnlace externo» y que luego Suiza hizo de la necesidad una virtud.
Ley nueva no cumple las expectativas
Desde el giro de 180 grados en la causa de los activos de Marcos, Suiza se esfuerza en quitarse de encima su fama de refugio donde los potentados esconden su patrimonio, una empresa que ha tenido un éxito relativo. Si bien es cierto que se han restituido desde entonces más de dos mil millones de dólaresEnlace externo, también es verdad que Suiza prometió demasiado, y muchas veces precipitadamente, como critica un informe del Control Federal de las Finanzas (CDF) de 2021. En varios casos se mostró que las modalidades de restitución constituían un desafío especialmente grande cuando se trataba de involucrar a la población afectada para que pudiese beneficiarse de los fondos.
Por ejemplo, en el caso concreto del dictador de Haití Jean-Claude Duvalier, derrocado del poder en 1986, todavía no se ha determinado el uso al que se van a destinar los fondos incautados por un valor de diez millones de dólares. Después de una serie de bloqueos ordenados en aplicación del derecho de necesidad durante la Primavera Árabe, el Consejo Federal y el Parlamento crearon las bases legales convenientes para el bloqueo y la restitución de los fondos de los potentados. La nueva ley entró en vigor en 2016Enlace externo, pero hasta ahora apenas ha dado resultados. Un procedimiento aún pendiente de resoluciónEnlace externo es la causa de los 130 millones de francos que se bloquearon en 2014 tras la caída del presidente ucraniano Víktor Yanukóvich.
Texto original editado por Benjamin von Wyl. Adaptado del alemán por Antonio Suárez Varela. Versión en español revisada por Carla Wolff.
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