“Adiós a todos”: la tragedia del Swissair 330

swissinfo.ch/Keystone

El 21 de febrero de 1970, Suiza se conmovía con el peor ataque terrorista de su historia: el vuelo 330 de Swissair con destino a Tel Aviv se desplomaba poco después de su despegue de Zúrich con un saldo de sus 47 personas a bordo muertas. Nunca nadie compareció ante los tribunales.

Este contenido fue publicado el 21 febrero 2020 - 08:33
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“330 is crashing” (el 330 se está estrellando), indicó (en inglés) el copiloto Armand Etienne a la torre de control. “Goodbye everybody”, (adiós a todos) añadió. “Goodbye everybody”. Estas palabras finales fueron pronunciadas a la 13:34 horas locales.

Unos 15 minutos antes, una bomba sensible a la altitud había estallado en el compartimento de carga trasero del avión, un Convair 990 Coronado.

La tripulación intentó girar y aterrizar de emergencia en Zúrich, pero el humo que inundaba la cabina le impidió visibilizar los instrumentos.

El avión se desvió hacia el oeste y se estrelló en una zona boscosa en Würenlingen, cerca de la frontera alemana, como resultado de la pérdida de energía eléctrica.

Arthur Schneider, un político local en ese entonces, llegó a la escena aproximadamente media hora después. “Vi una mano que yacía allí, en el suelo del bosque. No puedo sacarme esa imagen de la cabeza”, comentó a la radio pública suiza SRF, en 2016.

Otros testigos dijeron haber visto una “masiva bola de fuego”. Alguno temió que el avión se hubiera estrellado contra una central nuclear cercana. Los restos de la aeronave fueron hallados a unos cientos de metros de la planta.

Este viernes, exactamente 50 años después de la tragedia, tendrá lugar un acto conmemorativo ante el monumento erigido en el lugar del accidente. El homenaje ha sido organizado por Schneider y por Ruedi Berlinger, hijo del capitán del avión, Karl Berlinger.

Ambos subrayan la importancia no solamente de mantener vivo el recuerdo de la tragedia, sino también de esclarecer lo que realmente sucedió.

¿Acuerdo secreto?

Las agencias de noticias suizas dijeron que un grupo disidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se había atribuido la responsabilidad, aunque otros medios de prensa aseguraron que el grupo negó su participación.

A los pocos días se habló de un principal sospechoso, un ciudadano jordano que habría enviado por correo la bomba en Múnich -ciudad de la que había llegado el avión siniestrado-, a una dirección ficticia en Israel, con la intención de volar un avión de la compañía aérea israelí El Al. Como resultado de un cambio de vuelos, el explosivo habría terminado en el avión de Swissair, a bordo del cual había quince ciudadanos israelíes.

Sin embargo, el jordano y otros sospechosos nunca fueron llevados ante los tribunales, a pesar de las órdenes de arresto. En 1970, el juez de instrucción suizo, Robert Akeret, entregó personalmente su informe de 165 páginas al fiscal general, Hans Walder. Según el documento, el ataque fue cometido por miembros de la OLP.

Akeret asienta que Berna extendió un “manto de silencio” sobre el caso. “Para mí es un misterio por qué los perpetradores nunca comparecieron en la corte”, dijo.

Las investigaciones iniciales fueron cerradas en 1985, reabiertas diez años después y suspendidas finalmente en el año 2000.

En 2016, Marcel Gyr, periodista del Neue Zürcher Zeitung, afirmó en un libro que el exministro de Exteriores Pierre Graber había llegado a un acuerdo con la OLP que aseguraba el apoyo diplomático suizo a cambio de inmunidad contra nuevos ataques terroristas. Esas afirmaciones y sospechas de encubrimiento nunca fueron probadas y una comisión de control parlamentario determinó que no había caso qué perseguir.

Dos años más tarde, un ciudadano solicitó la reapertura de la investigación luego de que medios de comunicación difundieran documentos del FBI que involucraban en el caso a dos personas desconocidas de la otrora Alemania Occidental. Sin embargo, en agosto de 2018, el fiscal general suizo dijo que el archivo permanecería cerrado ya que la nueva evidencia no era lo suficientemente sólida y porque había transcurrido demasiado tiempo desde el atentado.


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