Análisis del WEF: el estridente Trump en la discreta Suiza
De acuerdo con un análisis del periodista Jan Baumann (SRF), Donald Trump acaparó el WEF de tal manera que a muchos observadores les costó presenciarlo.
Eso se debió en no poca medida a los comentarios despectivos de Trump sobre otros jefes de Estado, entre ellos la ministra suiza de Finanzas, Karin Keller-Sutter.
Sin embargo, los numerosos líderes empresariales de todo el mundo que viajaron al encuentro parecieron no sentirse especialmente molestos por el desatado espectáculo de Trump, o al menos optaron por guardar su irritación para sí.
Y el miércoles, el público del WEF respiró aliviado cuando Trump retiró sus amenazas de recurrir a la fuerza militar y de imponer nuevos aranceles en relación con el conflicto sobre Groenlandia. Incluso los mercados financieros internacionales reaccionaron de forma positiva.
Políticamente, no obstante, hay motivos para el escepticismo: la agresividad y el comportamiento imperialista de Trump han sacudido a las élites políticas europeas.
Europa se rebela
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente francés, Emmanuel Macron, se defendieron en Davos apelando a la soberanía y subrayando la fortaleza económica de Europa. Pero sigue sin estar claro cómo puede el continente liberarse realmente del dominio militar —o incluso del enorme poder económico— de Estados Unidos.
En cierto modo, Europa se pone obstáculos a sí misma. Un ejemplo es el acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur, muy elogiado en el WEF. Poco después, el Parlamento Europeo frenó su avance, previsiblemente en respuesta a las continuas protestas de los agricultores, y ahora deberá ser examinado por el Tribunal de Justicia de la UE.
Mientras tanto, en Davos aparecieron gigantes tecnológicos como los consejeros delegados de Microsoft y Nvidia y, de forma inesperada, también el jefe de Tesla, Elon Musk. Y quedó claro que, siendo realistas, es muy dudoso que Europa —especialmente en tecnologías clave como la inteligencia artificial o la exploración espacial— llegue algún día a estar a la altura de los colosos tecnológicos estadounidenses.
La contención calculada de Suiza
Casi resulta aún más llamativo el silencio de la Suiza oficial. Es el país anfitrión del WEF. Sin embargo, el Gobierno suizo no rechazó de forma clara e inequívoca la humillación pública sufrida por la expresidenta Karin Keller-Sutter ante la comunidad internacional. El ministro de Asuntos Exteriores, Ignazio Cassis, se limitó a calificar las palabras de Trump de «inaceptables» al día siguiente, y aun así evitó criticar directamente a Estados Unidos.
Está claro que el Gobierno suizo antepone sus propios intereses económicos a adoptar una postura políticamente valiente frente a las maniobras de poder estadounidenses. El actual presidente de la Confederación y ministro de Economía, Guy Parmelin, se mostró más preocupado por las delicadas negociaciones arancelarias con la delegación estadounidense en el WEF y cruzó palabras cordiales con el gran protagonista del foro, Donald Trump.
Eso puede satisfacer a la industria exportadora suiza, que aspira a que los aranceles estadounidenses sean lo más bajos posible para seguir siendo competitiva en ese mercado. Pero queda por ver si esta estrategia dará frutos a largo plazo en la nueva era de una política de poder trumpiana imprevisible. Sobre todo cuando en Europa empiezan a escucharse voces influyentes que plantean abiertamente seguir un camino más independiente y menos complaciente con Trump.
Texto adaptado del inglés por Carla Wolff.
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